Germán Payo Losa hizo reír a todos los alumnos que acudieron a su taller de los Cursos de Verano en el Palacio de Miramar. Se titulaba Pues sí. Estoy gordo/a. ¿Y qué? Profesor de inglés, salmantino y educador -humorista- se dedica en Castilla-León y en toda España a devolver la desafección a todas aquellas personas que la han perdido. Vamos a regresarles la risa. ¡Ja, ja y ja!
- ¿El humor es bueno para mantener la salud?
- Claro, y está demostrado. Han hecho experimentos a personas colocándoles electrodos por todo el cuerpo para que se rían. Así consiguen que la sangre vaya más fluida, más oxigenada, que los pulmones introduzcan más aire... y luego -lo que es más importante de todo- es que tu sistema inmunizador se refuerza, pero no con una risa que no sea honesta, sino con una que nace natural, desde la tripa. El estrés, la agresividad, desaparecen.
- ¿Póngame algún ejemplo?
- A un matrimonio, amigo mío, les asaltaron y les robaron todo en Perú. La mujer lo llevó muy mal y él le dijo: «Podrían habernos matado, secuestrado o véte a saber. Y, además, a quién iban a robar. Únicamente a nosotros», razonó señalando un paisaje de gente descalza y de chabolas. Todo depende de cómo te enfrentas a la situación. Lo que pase en la vida no lo puedes controlar, pero sí tu reacción ante ese problema. Flexibilidad mental y ser positivo.
- ¿Y esto se aprende?
- Bueno, a veces basta con mirar alrededor. La risa libera a nivel físico y a nivel mental. Tengo la rodilla mal, pero también alumnos que están en silla de ruedas para toda su vida por un accidente. Si soy capaz de reírme voy a estar más capacitado para afrontar la vida. Ayuda a controlar los sentimientos.
- ¿Dígame otra anécdota relacionada con el humor?
- He sido profesor de inglés de alumnos desde los tres a los dieciocho años. Recuerdo con los más pequeños que les preguntaba: «¿Cuántos años tienes?» Three, respondían. Y les decía: «¿Y cuántos creéis que tengo yo?». No contestaban. «¿Venga animaros, cuántos tengo?» insistía. «Ocho», se atrevió a decir uno. Ahí sí que me reí. Eso es el sentido del humor. Estoy viejo ¿y qué?, estoy gordo ¿y qué?, estoy mal de la cabeza, ¿y qué?
- ¿Y el humor en el trabajo, en la familia, por lo que usted dice parece fundamental?
- Importantísimo. Un tío que se ríe, que hace chistes, es una joya. En un trabajo un jefe que entiende que la risa influye en la salud laboral, que reconoce que con humor todo va para arriba, es un gran jefe. Es la mejor inversión en personal.
- ¿Los médicos utilizan el humor como terapia?
- Sí, ahí están Payasos sin Fronteras, que van a los hospitales. Los médicos se han dado cuenta de que si alguien se ríe, mejora su salud. El optimista tiene mejor salud que la persona pesimista. El primero -al que por ejemplo le haya dado un ataque al corazón- dice: «¡Pero si estoy vivo! ¡Qué suerte!», y sale más de casa. El segundo se queda a veces encerrado y tiene más recaídas. Se lamenta: «No puedo fumar, no puedo tomar una copa», pero hombre puedes hacer otras cosas. Llévalo por ahí.
- ¿Es necesaria la carcajada o basta con que te puedas reír?
- Lo que fortalece tu salud física es una risa ventral. Es esa risa la que yo trabajo. No basta con una sonrisa. Puedes estar 'cabreado' por algo, pero también te puedes reír.
- ¿De dónde vienen los estudios sobre el humor?
- El primer congreso en España se ha celebrado este año. De todos modos hay científicos, lingüistas, filósofos, sociólogos, matemáticos, médicos, educadores -gente de todas las disciplinas- que investigan este tema. Quiero dejar claro que el humor es intelectual y la risa es física.
- ¿Usted se dedica ahora a hablar del humor?
- Trabajo en una cooperativa de profesores en Salamanca. Un chaval murió y me afectó mucho y me dije: «Vamos a hacer algo positivo». Y así hice un taller de humor. Ahí empezó todo.