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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 septiembre 2008

Ciclismo

CICLISMO AFICIONADO

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DV. Los temores que todo juvenil siente al pasar al campo amateur se están despejando a una velocidad de vértigo para Garikoitz Bravo a medida que la temporada avanza. «No sé cómo responderé», confesaba en marzo tras dos o tres carreras en las que hizo más kilómetros escapado que muchos componentes del pelotón durante todo el año.
Desde entonces había pegado unos cuantos postes. Pero el pasado jueves metió un gol por la escuadra. En una carrera internacional de alto nivel, la Bizkaiko Bira, y se enfundó además el maillot amarillo.
Como suele ocurrir con el primer gran triunfo de todo deportista, la carrera del joven lazkaotarra también tiene un antes y un después de la victoria en la Bira. «Sé que mientras haga bien las cosas no pasa nada si los resultados no acompañan. Y a partir de ahora tengo que seguir dando pasos en la dirección que sigue todo amateur que pelea por ganar carreras: el profesionalismo. Soy joven, pero creo que tengo que marcarme esa meta, sin prisas pero sin pausas».
Gari es conocido en el mundillo como un ciclista fundamentalmente peleón. Su temperamento en carrera le ha llevado a protagonizar muchas escapadas. Y también a petar.
Usar la cabeza
En la Bira, sin embargo, también ha demostrado que sabe utilizar la cabeza. «Tengo que progresar y pienso que hacerlo mal es la mejor manera de aprender. En la Bira he sido más frío, he intentado no hacer el loco y optimizar el rendimiento. Si no llego a ir concienciado de esto, no habría ganado la primera etapa».
Se lo quiere dedicar a su padre, Clemente, que «está pasando una época difícil. También a mi tío, Alfonso Mintegi, y a mi novia. Ha trabajado en el balneario de Zumaia y me suele dar masajes. Tampoco quiero olvidar al equipo. Me está apoyando mucho».
Regular y generoso
Joseba Larralde vive en Bera y ha crecido admirando a Miguel Indurain. Salvando las distancias, se parece al ídolo navarro en su gran físico, su motor diésel y su carácter humilde y amigable. La constancia y capacidad de sufrir que le han llevado a ser uno de los ciclistas más regulares del pelotón también le hicieron ganar la tercera etapa de la Bira. Se quedó del grupo principal subiendo Montecalvo, empalmó en Morga y, lejos de amilanarse, saltó otra vez para jugarse la victoria.
Se ha sacado la espina que llevaba clavada desde la Vuelta al Bidasoa. Afirma que «en la última etapa, en la segunda subida al Vivero, lo pasé mal. No me quedaban fuerzas y veía que iban a atacarme. Estaba nervioso por mantener el amarillo, pero la verdad es que perdí la vuelta por falta de fuerzas».
El beratarra ha destacado también por su generosidad a la hora de trabajar en favor de sus compañeros de equipo.
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