ARRASATE. DV. La fiesta de la Virgen del Rocío llegó a Arrasate con cientos de acompañantes que cantaron y bailaron a su alrededor con gran devoción.
La decimoctava edición de la romería del Rocío comenzó a las 9.30 horas de la mañana con el recibimiento de las casas regionales, ofreciéndoles un variado desayuno.
A partir de las 10.00 horas, comenzaron los cánticos y ofrendas a la virgen y a las 12.30 horas, en la iglesia de Santa Teresa se ofició la Solemne Misa rociera en honor a la Blanca Paloma.
A partir de la 13.30 horas del mediodía, a la salida de la iglesia, la virgen, en procesión junto con los caballos, llegó al parque Arruena en Zigarrola (junto a Eroski) donde durante todo el día se celebró esta feria típica andaluza.
Entre risas y bailes transcurrió el día, que aunque el sol no brillara, el tiempo no causó mayores problemas.
El parque, lleno de vida y color, lo bordeaban las casas regionales asistentes a la celebración, la carpa con la virgen rodeada de flores, y un escenario con música para bailar.
Degustación de productos sureños, bailes populares, y desfiles de los caballos fueron algunos de los espectáculos que los asistentes pudieron disfrutar en este día tan especial para tantas personas de origen andaluz que residen en la localidad arrasatearra y también para todos aquellos que quisieron saber más acerca de esta cultura tan peculiar. En este festejo religioso y folclórico, no faltaron la gran cantidad de diferentes trajes.
Las mujeres lucían vestidos de sevillanas de infinidad de colores y repletos de faralaes y los hombres, auténticos ropajes de romeros. Todos ellos de punta en blanco. Pero la protagonista indiscutible era la imagen de la Virgen. La talla de la Virgen fue adquirida hace ya dieciocho años por el centro cultural Al-Andalus, uno de los organizadores. Su peso oscila los 200 kilos, por lo que hacen falta una docena de personas para poder alzarla a hombros. Aunque la Virgen de las Marismas sea originariamente de Almonte (Huelva), la localidad cerrajera se ha volcado con la tradición. Una tradición en la que la Virgen es la única protagonista del día. Una imagen que trajo hace años a Arrasate vida, belleza y color.