Alfredo Tamayo Ayestarán (San Sebastián, 1924) se ha convertido en un valioso referente moral frente a ETA y en defensa de la memoria de las víctimas del terrorismo. Jesuita comprometido en su día contra el franquismo y con 50 años de docencia a sus espaldas, acaba de publicar Siempre de vuestro lado, un libro que recoge muchos de sus artículos publicados en DV en los últimos 20 años en el que reflexiona sobre los estragos éticos que ha provocado la violencia.
-¿Qué pretende con este libro?
-En parte reparar un tiempo en que estuve ausente de este mundo de las víctimas e, incluso, no es que no me alegrara pero miraba con cierta simpatía la resistencia de ETA frente al totalitarismo franquista. Trato de reparar la insensibilidad de muchos años. Una enfermedad moral.
-¿Seguimos viviendo en una sociedad moralmente enferma?
-Seguimos siendo en gran parte una sociedad enferma como la que ha retratado la última película de Manuel Gutiérrez Aragón, Todos están invitados, una parábola de esta sociedad en la que se come tan bien pero en la que los profesores universitarios tienen que dar clase con guardaespaldas, como tantos otros. Eso continúa.
-¿Costará generaciones en sanar?
-Sí, para que deje de estar enferma de insensibilidad deben pasar varias generaciones. Siguen sembrándose gérmenes de odio. La sociedad de bienestar en la que estamos alienta esa indiferencia.
-Escribió una vez María Zambrano que «existir es resistir». ¿Se considera un resistente?
-Por supuesto. Lo he sido durante el franquismo y ahora también y, en cierto modo, yo vivo esta rebelión comprometida frente a ETA como una segunda resistencia al franquismo.
«Pecado de omisión»
-¿Tiene la sensación de haber sido una voz en el desierto?
-Pues seguramente no del todo porque esa voz mía ha podido ser en primer lugar un refrigerio para las víctimas que, por ejemplo, no se han visto suficientemente apoyadas por la jerarquía de la Iglesia vasca. También he levantado mi voz frente al narcisismo exacerbado en el que se ha convertido el nacionalismo radical. Lamentablemente sigue eso que llama Fromm el narcisismo grupal.
-Pero se han dado pasos importantes de reconocimiento a las víctimas del terrorismo, por ejemplo, desde el Parlamento Vasco.
-Tengo dudas de que esa reparación sea de verdad sincera, porque a continuación viene a aprobar una declaración en la que sostiene que en España se tortura.
-¿No se ha avanzado en la solidaridad con las víctimas?
-Es verdad que se ha avanzado, recordemos aquellos funerales vacíos en los 80. Pero existe una forma de ser a veces muy carlista. El integrismo sigue presente aunque bajo otras formas.
-¿Hay un pecado de omisión?
-Muy grande. Sobre todo en el clero guipuzcoano. Nunca ha habido un comunicado de contricción por no haber estado cerca de las víctimas. El gesto del obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, pidiendo perdón le ha honrado mucho. Me apena que el obispo Uriarte se marche sin hacer lo mismo, aunque me consta de su preocupación por estar cerca de las víctimas.
-Hubo falta de compasión...
-Exacto. Esa falta de compasión y de piedad ha sido terrible.
-Se ha aprobado la Ley de Víctimas del Terrorismo. ¿Qué opina de la polémica sobre la atención a las víctimas de la policía?
-Puede haber abusos, pero siempre puede haber la posibilidad en un Estado de Derecho de recurrir. Hay quienes no se dan cuenta de que estamos en el segundo tiempo del partido de fútbol y siguen disparando contra la misma portería que en el primer tiempo.
-ETA nació en el contexto revolucionario de los años 70. Usted conoce bien América Latina, en donde germinó la guerrilla.
-Dudo mucho que la izquierda abertzale sea izquierda y tenga un origen marxista. La clave del integrismo hay que situarla en Sabino Arana. El nacionalismo radical se ha convertido en una religión de sustitución.
-¿Cree que el País Vasco va hacia menos nacionalismo?
-No lo sé, creo que el nacionalismo vive cómodo en el poder. La identidad está bien si se ejerce con naturalidad, si se exacerba y se radicaliza vamos al desastre.
-¿Y cómo le ve a Ibarretxe?
-No dudo que sea una buena persona pero creo que encarna la personalidad del iluminado. Salvo excepciones, me preocupa que la política vasca sea un refugio para los más mediocres.
-Usted se mostró muy crítico con Zapatero por el proceso de paz por su diálogo con ETA. ¿Ha superado la desconfianza?
-Los acontecimientos me han acabado dando la razón. Creo que Zapatero se equivocó y no midió el fanatismo de ETA. Se dejó llevar por el más puro pragmatismo. Por eso puse el ejemplo de Hitler cuando engañó a Daladier y Chamberlain, que aceptaron entrar en una dinámica de concesiones pensando que habían apaciguado al nazismo. Zapatero, bien por ganas de acabar de una vez con ETA o por cuestión de medro personal, se equivocó y ahora parece que lo están reconociendo por la vía de los hechos.
Doctor en Teología por la Universidad de Innsbruck y en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Alfredo Tamayo Ayestarán ha sido profesor en la Universidad de Deusto y en la UPV así como en la Universidad de El Salvador.
-¿Qué opinión le merece la polémica por el libro sobre Jesús de
José Antonio Pagola?
-He leído el libro y puedo decir que no es una cristología sino una aproximación histórica a Jesús. Estoy totalmente de acuerdo con las cosas que dice. La consecuencia de haber olvidado la humanidad de Jesús ha llevado a una proliferación del culto a los santos y a la Virgen. A Jesús se le ha llevado al terreno divino y se ha olvidado de su humanidad. Sé que Pagola lo está pasando muy mal, pero me ha parecido que una vez que el obispo Uriarte, de consenso con él, ha hecho una segunda redacción para aclarar algunos puntos, aún y todo está siendo atacado por el jesuita Martínez Camino, que es secretario de la Conferencia Episcopal. Este acoso es injusto. Con Pagola se está cometiendo una gran injusticia por parte de un sector plenamente integrista y fanático de la Iglesia española.