Trabaja en la gasolinera de Lasarte. Vive un poco más allá del hipódromo. Entre caballos. Tiene un mastín del Pirineo cruzado llamado Pipo. Y una yegua preñada, María Teresa de nombre. Su temporada de corredor de encierros comienza en febrero, en el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo y termina en noviembre en Saint Sever. Pamplona es un hito en el camino. Algunos dicen que son los Juegos Olímpicos de un corredor. Para Fran, enamorado hasta el tuétano del toro, «tan poderoso como misterioso», seguro que Iruña es como para un torero La Maestranza o Las Ventas del Espíritu Santo.
- ¿Dónde guarda la ropa con la que correrá mañana en Estafeta?
- Esta noche la pondré sobre la cama de la habitación de al lado de la de mi esposa y mía. El pantalón y la camiseta bien planchados. El pañuelo y la faja, los mismos con los que empecé a correr aquel año 2000. Los calcetines. Las zapatillas que están mucho y bien probadas, apartadas para el encierro desde el momento en que supe que eran las adecuadas para los adoquines de la Estafeta.
- ¿Cómo debe ser la suela de una zapatilla para el encierro?
- Que parezca puro chicle para que nunca resbale.
- Para la foto no quiso ponerse el pañuelo con el que correrá desde mañana....
- Algunos dirán que es simple superstición. Puede. Yo creo que se trata de algo muy íntimo, muy de las entrañas. Si me pusiera antes de mañana la ropa del encierro mi cabeza y mis tripas no dejarían de darle vueltas a ese detalle, para otros tan pequeño. Fíjate si se tratará de un rito para mí fortísimo, que cuando mañana, como tantos otros días, me anude el pañuelo, con un mimo y respeto absolutos, volveré a desanudarlo. Sólo después de hacerlo dos veces me lo pondré.
- La camiseta de mañana...
- No es la de los demás días. Todos los 7 de julio me pongo una con la foto de mi sobrina Eneritz. Luego, llevo las otras.
- Al santico moreno...
- Le visité el jueves para pedirle nos dé su protección. Luego bajé, bajamos, a los Corralillos del Gas a ver los toros.
- Su ganadería favorita para correr entre las astas...
- Miura.
- Tan ancestral como imperial. Su toros son altísimos.
- Tremendos. Largos y altos. Me gustan porque corren veloces y nobles.
- La nobleza en un toro que corre detrás de tí se detecta en...
- En que sigue su camino, no hace por tí. Se diría que le gustase correr. A veces te confieso que llego a creer que hacemos Estafeta juntos. Son esas carreras que no se te olvidan jamás: sientes que él se ha acoplado a tu ritmo de carrera.
- Se diría que ése fuera el sueño cumplido de todo corredor
- Cuando entras en la cabeza del toro eres tú quien se acopla a su carrera. Si sientes que él te cede protagonismo y se deja llevar, sueñas, vaya que sí.
- Sin perder de vista que llevas detrás un ser totémico, claro.
- Que además tiene los mismos miedos que tú.
- ¿En serio?
- Totalmente. Ha salido de la dehesa, de la finca. De la hierba. De la tierra. Y ahora pisa piedra. Y acaso pise piedra mojada. Tu estás asustado. Él también. E igual que tú detectas en un momento que esa carrera tan limpia que lleváis juntos va a transformarse en algo perligroso, bien porque le has notado un movimiento raro de las orejas, un latigazo en la mirada, puede que él, el toro, decida romper vuestra carrera porque un gesto tuyo hacia atrás te ha hecho penetrar en el terreno que considera suyo.
- Todo en el mundo del toro, desde el encierro a la corrida, se explica pues por una cuestión de terrenos, ¿verdad?
- Muy cierto. Tan es así que... hay un lugar en los, digamos que 850 metros del recorrido (de los que un corredor sólo corre 200 y de esos, con suerte, sólo 50 en la cabeza de un toro), donde yo paso miedo del bueno: en el callejón.
- ¿Por las montoneras?
- No por eso sino porque el toro empieza a oler la arena. Sabe que pronto estará en su espacio, en su mundo. Incluso la madera de los burladeros le huele a encina. Y en ese momento, tú debes captar que ese Cebada Gago de carrera explosiva empieza a entender que pronto serás suyo. Y tú debes entregarle ahí el poder.