El secretario general del PSOE mencionó ayer, después de muchos meses sin hacerlo, el fallido proceso de paz iniciado por el Gobierno para intentar poner fin al terrorismo de ETA. En la primera jornada del 37 Congreso que los socialistas celebran en Madrid, José Luis Rodríguez Zapatero señaló que los principios que guiaron ese intento fueron «la paz, el diálogo y el respeto a la legalidad». Con esas convicciones, rememoró, «hicimos lo que era nuestra obligación, lo hicimos convencidos y esperanzados» porque «merecía la pena intentarlo». Pero ahora, resaltó, «ya no es posible».
El líder del PSOE aprovechó este recordatorio para hacer una de las escasas personalizaciones en su discurso: «Admiro el valor de los socialistas vascos y la tarea de Alfredo Pérez Rubalcaba para ese fin», palabras premiadas con una larga ovación de los asistentes al cónclave.
Rodríguez Zapatero fue tocando durante su discurso todos los temas candentes y reclamó al PP que no emprenda campañas exclusivistas con la lengua española como hizo en la legislatura pasada con la bandera nacional. «Espero que no hagan con la lengua de todos lo que tanto tiempo han hecho con la bandera de todos», afirmó.
«Símbolos de todos»
El líder socialista sacó a colación el reciente triunfo de España en la Eurocopa para reprochar a «una parte de la derecha» que mostrara «extrañeza» al descubrir ese día que «la bandera es de todos» sin distinción de ideologías. Indicó que esos sectores conservadores interpretaron la explosión general de enseñas nacionales como una señal de que «parte de los españoles hemos perdido los complejos». No es así, sostuvo rotundo, es «respeto, no complejos; respeto a un símbolo que sólo debe ser usado cuando nos representa a todos», en referencia al uso partidario de las banderas nacionales en las manifestaciones del PP.
Aunque evitó mencionar al principal partido de la oposición de forma expresa, reclamó a la derecha que deje de «usar los símbolos de todos, los sentimientos de todos, como si fueran sólo suyos». Pero sobre todo, subrayó, «deben dejar de usarlos contra otros españoles».
Rodríguez Zapatero enlazó esta reflexión con la incipiente campaña en defensa de la lengua española promovida por Unión, Progreso y Democracia (UPD) y un grupo de intelectuales, ante la que el PP mantiene un difícil equilibrio, para reclamar que no se haga con este valor cultural lo mismo que con la bandera. «La lengua -insistió- es de todos y las lenguas son de todos porque todas las lenguas están en las banderas de todos».
Reprochó asimismo al anterior «gobierno de la derecha» que «su particular forma de unir España» fuera «enfrentar» a los territorios. Esa, indicó, fue la situación que se encontró a La Moncla en 2004, pero ahora esa situación, a su juicio, se ha superado y «España es diversa y plural» y «si preservamos la diversidad y la pluralidad, fortaleceremos la unidad de nuestro país».
Zapatero hizo también referencia a la situación económica, pero lo hizo en términos positivos. «Ser optimistas es algo más que un acto de racionalidad, es una exigencia moral, un rasgo de decencia y, si me lo permitís, hasta de elegancia». El líder socialista dedicó la mayor parte de su informe de gestión sobre los cuatro años de Gobierno a insuflar ánimo a las bases y a construir un escudo frente al aluvión de críticas que ha recibido por su gestión de la crisis.
El secretario general del PSOE admitió que el partido que hace tan sólo cuatro meses ganó las elecciones con once millones de votos se enfrenta ahora a «adversidades» y situaciones desfavorables. Pero se negó a cambiar el discurso con el que, en campaña, capeó unos datos que hacían presagiar una desaceleración económica. «Estoy convencido de que pecar de optimismo respecto a las posibilidades de un país es un pecado venial, pecado mortal es ignorar nuestras propias fuerzas», insistió Zapatero.
Ni cambió el discurso ni cambiará, según aseguró ante los casi mil delegados, las políticas que prometió en tiempos de bonanza. La dirección socialista ha llegado a la conclusión de que su única baza para no perder terreno frente al PP en este debate es subrayar lo que los diferencia; abandonar las cuestiones técnicas y ahondar en la ideología.
Lealtad
Frente a una militancia que dejó clara a través de miles de enmiendas su preocupación por una deriva en exceso pragmática que acabe por difuminar los rasgos de la izquierda, Zapatero prometió lealtad a los ideales del «socialismo democrático». Pero no explicó cómo lo plasmará en propuestas futuras. Tan sólo reiteró que mantendrá las políticas sociales y de empleo, y que no rebajará la ayuda al desarrollo.
De este modo, eludió meterse en honduras sobre las iniciativas que impulsará en esta legislatura. Lo que tocaba ayer era una rendición de cuentas del trabajo realizado. COLPISA