Poco podían imaginar los jinetes croatas que introdujeron la corbata en la Francia del siglo XVII que su prenda sería, 400 años después, motivo de debate en el Congreso del PSOE. Una asamblea que, en su primera jornada, se caracterizó por una cansina calma chicha, clima muy distinto al de aquellos congresos de antaño, en los que el cuchillo entre los dientes y la zancadilla presta eran moneda corriente.
«Hacemos un pleno en el Congreso para apretarnos el cinturón y salimos sin corbata», comentaba jocoso un estrecho colaborador de José Bono al comprobar el eco que ha tenido el regalo de su jefe al descorbatado ministro de Industria durante el debate sobre la crisis. El caso es que la gran mayoría de los compromisarios emuló a Miguel Sebastián y acudió al congreso socialista con el cuello despejado. Entre los miembros de la ejecutiva federal, sólo los muy institucionales José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Montilla y Álvaro Cuesta se presentaron con traje y corbata.
El debate sobre el atuendo estuvo en los pasillos y el plenario, y hasta terciaron notables dirigentes, como Juan Fernando López Aguilar, que extrajo consecuencias ideológicas: «la izquierda tiene la responsabilidad de liderar los cambios» en la indumentaria política. O sociales, caso de Jesús Caldera: «no llevar corbata da un ambiente más igualitario en las relaciones laborales». Pero no era la pasarela Cibeles, era el 37 Congreso del PSOE.
Que los tiempos han cambiado no sólo se comprobó en la vestimenta, también en el aplausómetro. La lectura de la relación de invitados internacionales fue de una sosería escandinava, correspondida con un silencio sepulcral de los delegados. Sólo la mención al Frente Polisario arrancó los aplausos.
Por no haber no hubo ni los tradicionales chiringuitos de venta de recuerdos, ni los de las organizaciones no gubernamentales ligadas al partido. Modernidades, eso sí, todas. Un set futurista de PSOEtv, una denominada «agrupación del futuro» de 'blogeros' y mucho metacrilato y diseño de vanguardia. Hasta el remate del discurso de Zapatero fue innovador: nada de a trabajar u otro lugar común similar, sino que se descolgó con un «que consumáis». Es de suponer que se refería al consumo para reactivar la economía. Si Pablo Iglesias o Largo Caballero levantaran la cabeza...
Esquizofrenia
Los discursos del secretario de Organización y del presidente del PSOE se ajustaron en cambio más a los cánones. José Blanco y Manuel Chaves enardecieron a la militancia con estopa de la buena para Mariano Rajoy y el PP. El 'número dos' señaló que el problema del líder opositor raya en la esquizofrenia pues «no se sabe si Mariano piensa lo mismo que Rajoy». «Mariano lo tiene muy difícil porque tiene que cambiar de política sin que se entere Rajoy», dijo.
Blanco no mostró ninguna fe en un cambio de política del presidente del PP porque aunque «habla de principios» y su inmutabilidad, «en realidad se refiere a cálculos». Por esa razón, añadió, «aunque de vez en cuando vaya de visita al centro, siempre deja abierto el camino de regreso al monte». Aplausos y carcajadas.
El listón estaba alto, pero Chaves puso de su parte. Comenzó con un conciliador «vamos a esperar y ver» qué derroteros toma el PP, pero acto seguido desconfió de que haya escogida una nueva línea política porque éste es «el enésimo viaje al centro» de los populares, que «llevan anunciando» ese giro «desde que se fundó» el partido.
«Algo falla» en el PP, «o la brújula o el piloto o quizá las dos cosas». Además, dijo, no tiene visos de ser un partido de gobierno porque si no, no pondría al frente «a especialistas en perder elecciones: Rajoy, (Javier) Arenas, y (Dolores de) Cospedal», añadió.