Nuevo homenaje a Luis Buñuel. Coincidiendo con el veinticinco aniversario de la muerte del cineasta aragonés, se desvela una nueva faceta del que para muchos es el mejor director de la historia del cine: las fotografías que realizó con su pequeña Leica mientras buscaba las localizaciones en que rodaría las veinte películas que hizo en México. «Para hacer una película necesitaba un buen guión, tener cerca buenos restaurantes y bares, y haber planificado muy bien donde quería poner la cámara», comentó su hijo, Juan Luis Buñuel, en la presentación de la exposición México fotografiado por Luis Buñuel.
Desde este jueves y hasta finales de octubre, la Filmoteca Española, en cuyos fondos estaba una caja con las cerca de mil instantáneas que tomó el autor de Viridiana en los años que pasó en el país azteca, donde murió en 1983, alberga esta muestra que, a partir del 29 de julio, tendrá un duplicado exacto en el Centro Buñuel de Calanda, su localidad natal.
Dormidas en una caja de cartón dentro de 73 sobres, ochenta y cuatro de las mil fotos que hizo de las veinte historias que ambientó en México -aunque sólo se han encontrado doce títulos porque algunas de ellas las filmó en estudios- ven ahora la luz para revelar un aspecto poco conocido del director: el de fotógrafo; y dar nuevas pistas sobre cómo era su trabajo y la libertad con lo que lo hacía. «Podía ser libre porque su cine era muy barato. A veces, sólo tenía dos semanas para filmar, por lo que tenía que ser muy rápido y tener todo superpreparado», apunta su hijo.
Sus 'Méxicos'
Don Luis sólo fotografió localizaciones, no le interesaba captarlas en los rodajes. «Él acababa la película y cuando el productor le había pagado, le decía que, si quería, la podía quemar», apunta Juan Luis Buñuel, para quien las instantáneas demuestran «lo meticuloso que era con sus películas. No utilizaba material de más ni tiempo extra, y en el montaje se limitaba a unir el material rodado porque tenía poco donde elegir. No improvisaba, al contrario, era muy preciso», subraya.
Sí reconoce que, a la hora de localizar, «no existían leyes. Escribía el guión, llamaba a los asistentes y les decía que, por ejemplo, necesitaba una calle mexicana con un edificio lujoso. Luego iba él y fotografiaba la que más le gustaba, y ese mismo encuadre de la foto coincidía con el que luego salía en la película», recuerda.
Con anotaciones manuscritas en el reverso indicando el lugar al que corresponden -en otras sólo pone el título del filme o la escena que corresponde-, las fotos plasman los Méxicos que salen en sus películas, desde las selvas tropicales o los manglares de Acapulco en Subida al cielo, a mansiones burguesas en El ángel exterminador, ricas haciendas en Abismos de pasión, humildes chabolas en Los olvidados, barrios ricos en Él y pueblos humildes en Nazarín.
Para su primer filme mexicano, Los olvidados, recorrió los arrabales de México D.F. con sus ropas más viejas y algunas de las cosas que vio pasaban realmente en la película.
La muestra se completa con instantáneas del hotel de San José Purúa, donde se refugiaba para escribir sus guiones, y del hotel Las Hamacas, donde se hospedaba el equipo cuando descansaba del rodaje en Acapulco. COLPISA