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RSS | ed. impresa | Regístrate | 4 julio 2009

Guipuzkoa

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Un ejemplar de 'carabela portuguesa'.
DV. Las aguas del litoral vasco han registrado en los últimos días la llegada de cientos de medusas, entre ellas algunas de una especie altamente venenosa. Se trata de la carabela portuguesa, una «falsa medusa» que podría incluso provocar la muerte. Las autoridades y los servicios de vigilancia de las playas se encuentran expectantes ante la posible aparición de nuevos individuos.
Fuentes de Azti-Tecnalia consultadas por este periódico han confirmado la arribada días atrás de medusas a los arenales de la costa vasca, muy probablemente arrastradas por las corrientes y vientos del noroeste que han predominado en las últimas semanas. «En modo alguno se trata de un hecho excepcional, sino que estamos ante una situación que se suele dar de manera habitual. No puede decirse que esta vez se haya producido una llegada masiva, pero sí es cierto que se han detectado ejemplares en nuestra costa», afirma Javier Franco, coordinador del Área de Gestión Ambiental del Medio Marino de la Unidad de Investigación Marina de Azti-Tecnalia.
Estas jornadas, los equipos de atención sanitaria que prestan sus servicios en las playas de Gipuzkoa han realizado curas por picaduras de estos animales pertenecientes al grupo de los cnidarios. En Hondarribia, se han llegado a retirar de la arena hasta un total de sesenta piezas. En Zarautz se han efectuado media docena de asistencias por contactos con medusas, eso sí, ninguna de ellas de carabela.
Especie venenosa
Lo «relativamente novedoso» de esta llegada ha sido la presencia, entre otras especies, de ejemplares de carabelas portuguesas. Se trata de una medusa muy venenosa. «No es la primera vez que se detectan en nuestras aguas. Es cierto que no es la más común, pero tampoco hay que tomarlo como algo excepcional ni como algo anómalo, pese a que es propia de mares tropicales», afirma Javier Franco.
El biólogo de Azti reconoce que se trata de una especie muy venenosas que incluso podría causar la muerte a personas que padecen problemas cardiovasculares a niños o personas mayores con las defensas bajas. Hay que tener cuidado con ellas y cuando se detecte una llamar a los socorristas», señala.
En opinión de los expertos, esta presencia de medusas no puede ser interpretada como preludio de otras posibles llegadas. La probabilidad de que la costa guipuzcoana sufra una situación parecida a la que desde hace varios veranos viene soportando el Mediterráneo en los últimos veranos es poco probable. Javier Franco asegura que «puntualmente podemos tener una llegada masiva de medusas, pero no sería normal que se diera con la reiteración con la que se está produciendo en la costa mediterránea. Aquí no tenemos la sensación de que sea un hecho cada vez más frecuente. Ahora bien, hemos de admitir que tampoco tenemos demasiada información al respecto. No podemos afirmar que haya más o menos medusas frente a nuestras aguas».
El biólogo de Azti recuerda que el Cantábrico y el Mediterráneo son dos mares diferentes. «La temperatura del agua es distinta. El Cantábrico es un mar muy abierto y con mucha energía, oleaje, mezcla de aguas y corrientes, de manera que hace que sea más difícil que se den acumulaciones masivas de medusas». El investigador afirma que hay dos factores que influyen en la llegada de medusas a nuestras playas. «Por un lado, depende de las poblaciones, del número de individuos que haya y, por otro, de los vientos y las corrientes».
Recuerda Franco que la dinámica de este tipo de especies presenta la máxima abundancia entre primavera y verano. «La actividad de la comunidad crece al haber más luz y al subir las temperaturas. La anchoa, por ejemplo, aprovecha estas circunstancias para venir a desovar en primavera. Las medusas también crecen en esta época, se alimentan de plancton y de pequeños peces».
Además de la estacionalidad, Javier Franco señala que, dada la limitada capacidad de movilidad de las medusas, «éstas permanecen a expensas de los flujos de las aguas. Si el agua muestra una cierta estabilidad y en ella haya alimento suficiente, las medusas se reproducen y crecen. Si a todo ellos añadimos que se dan vientos de mar a tierra, las medusas llegan hasta nosotros. Es como lo que sucedió con el fuel del Prestige. Sabíamos que estaba en el mar, pero no todos los días llegaba. Dependía de las corrientes y los vientos. Con las medusas puede suceder lo mismo, basta con que se den las condiciones idóneas para que las poblaciones lleguen hasta la costa; de todas formas, si llegan tampoco ha de ser considerado como algo anómalo».
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