Como director de Arquitectura del centro Tabakalera, formará parte del jurado del concurso de renovación arquitectónica del edificio convocado esta semana, de cuya secretaría técnica se ocupa.
- Al hacer un concurso abierto, ¿renunciamos a arquitectos estrellas?
- Hay arquitectos estrellas de muchas constelaciones. Una primerísima división, de los seis que se están repartiendo los grandes proyectos del mundo, que es muy difícil que quieran participar aquí. Hay una segunda constelación de arquitectos en plena emergencia que pueden interesarse, pero no hay que olvidar que los concursos son muy costosos para presentarse. Nosotros vemos el perfil fundamental en gente muy breada en obras de los de la primera constelación, que en un momento dado están en Londres trabajando con Zaha Hadid y en otro momento están en la ampliación del Prado. Éste es el momento de que se aglutinen y participen. Frente al tema de las figuras en arquitectura, pretendemos hacerlo mucho más abierto, en red. También nos gustaría descubrir un arquitecto.
- ¿Por qué no se ha hecho un concurso restringido o se ha combinado la convocatoria abierta con la invitación a unos arquitectos?
- La convocatoria es totalmente abierta, en igualdad de condiciones. Hemos elegido esta fórmula para no crearnos compromisos y dificultades. Porque en un concurso, a partir del segundo todos pierden. Y si has invitado a seis, a cinco les has invitado para perder. Un concurso sólo se sustenta en el entusiasmo de la clase profesional. Los honorarios parecen infinitos, pero salen a una media de 5 millones brutos al año para veinte personas altamente calificadas durante los cinco años.
- ¿Y la fórmula de que haya tres finalistas?
- No basta con elegir una idea. Nos tienen que demostrar que es plausible en tiempo y en dinero. Por eso, se permite durante un mes que haya diálogo entre los proponentes y el jurado.
- ¿Qué papel tiene la Dirección de Arquitectura de Tabakalera?
- Lo nuestro es ayudar al que participe, dialogar, transmitir lo pensado hasta ahora y también aprender. También hacer el contrapunto del cliente, procurando que éste sea tan conocedor como el arquitecto, como se ha dado en los períodos más brillantes de la historia de la arquitectura.
- Las bases del concurso detallan al metro cuadrado las necesidades de superficie de cada área. Será difícil montar ese puzzle.
- Luego puede ser un poquito más o un poquito menos pero en un proyecto grande como este es fácil olvidar cosas sustanciales, mientras que si no las eludes y las tienes desde el principio en la cabeza, encajarán. Un programa detallado da mucho más juego.
- Con el proceso desarrollado, parecen tener una idea concreta de lo que debe ser Tabakalera, casi un proyecto cerrado. ¿Están abiertos a que les sorprendan?
- Es un proyecto bastante jalonado. Hay una reflexión y a una reflexión se le puede contraponer otra reflexión. Lo que no se le puede contraponer es una frivolidad. Nosotros hemos reflexionado hasta aquí y ahora estamos abiertos a la confirmación de esa reflexión o a su superación. Lo que ocurre es como con el Mini y su restyling, el rediseño que le han hecho. Con pequeños aunque muy intensos efectos arquitectónicos se logran cambios sustanciales. Y este edificio creemos que acepta eso de una manera bastante amplia. Nosotros nunca hemos dicho que el edificio se quede tal cual es, sino que aquellos elementos más valiosos den forma a las novedades. Llevamos un tiempo muy largo estudiando el edificio, lo conocemos bien, dialogamos con él, pero todos los diálogos son abiertos porque hay más. El proceso está muy abierto. Decimos que el concurso es difícil, porque hay que compaginar muchas cosas. No buscamos una simple idea potente sino un diálogo constante entre lo preexistente y las novedades que le podamos meter, que son muchas.
- El concurso explicita la necesidad de respetar los patios. ¿Son parte de la personalidad del edificio?
- Sí. Con toda la versatilidad que tienen, son uno de los puntos de fuerza de este edificio. Por eso decimos con claridad que se mantenga el esquema de patios, aunque se pueden hacer más o menos. En definitiva, que no vemos como deseable vaciarlo y hacer una torre.
- Algunos nos hemos enamorado del edificio al poder conocerlo por dentro estos años y hasta tememos que con la renovación puedan cargarse su espíritu. ¿Cómo se puede mantener su carácter fabril?
- Si los que lo han conocido han llegado a enamorarse del edificio es porque algo hemos hecho para que lo conozcan bien. Siempre hemos ido dirigiendo los acontecimientos. Representó un acontecimiento fundamental la exposición de Schnabel, pero también utilizar en el cine las butacas del Victoria Eugenia o el hecho de haber tirado un simple tabique y hacer otro recorrido, le ha dado una gran fuerza. Y como sólo se ha utilizado la planta baja, es lo que más ha cautivado, pero tenemos todo un potencial de reserva en las plantas elevadas.
- ¿En qué cosas concretas se puede traducir esa idea de respetar el carácter de fábrica del edificio?
- Por ejemplo, valorización de las proporciones y la textura de dos galerías. Allí donde el raspado, el frottage de las paredes va sacando significaciones y texturas nuevas, para que configuren un espacio expositivo del siglo XXI. Un ejemplo de cambio, hacer una cajita de cristal iluminada con todos los colores del espectro que cuelgue en uno de los espacios exteriores o interiores... Creemos que hay muchas posibilidades a la hora de reinterpretar el edificio.
- Esta pendiente la plataforma sobre las vías del tren...
- Yo, cuando entré aquí, lo primero que me dije es que me tengo que llevar bien con mi vecino, sobre todo, cuando el vecino es tan potente como la red de ferrocarriles de España. La relación con ADIF está trabada para formalizarse, en una fase madura.
- Visto desde fuera, el proceso general se ha hecho un poco lento.
- Quizás no ha sido lo rápido que desde una mente individual pensamos, pero tampoco especialmente complicado, en un contexto como el nuestro, que es bastante complejo. Ha sido un proceso que nos parece lento desde una mentalidad individual, pero a ver cuánto tardamos a veces en ponernos de acuerdo con nuestro vecino.
- Hasta ahora entendemos Tabakalera como parte de Atotxa, de ese lado del río, pero la nueva entrada va a cambiar esa percepción.
- A algunas visitas les abro una ventana y les muestro que estamos a 150-200 metros del Buen Pastor. Del Buen Pastor a la Diputación hay más distancia que del Buen Pastor a Tabakalera. Históricamente, San Sebastián era la Parte Vieja, pero en 1860, Ensanche y Parte Vieja ya fue uno. En 1868, a través del paseo de La Concha y el Palacio Real, se apropiaron del Antiguo. A través de la playa de la Zurriola, San Sebastián se apropió de Gros. A través de Tabakalera, la ciudad se va a apropiar de Egia. Y la siguiente será que entre Tabakalera, el parque de Cristina-Enea y Amara se va a hacer el San Sebastián del siglo XXI.