El próximo martes Rosa María Mateo recibirá el Premio a Toda una Vida con el que la Academia de la Televisión homenajea la trayectoria de un profesional consolidado. Retirada desde hace tiempo de la pequeña pantalla, la que fuera musa de la Transición mantiene su misma visión crítica de la realidad y energía vital. Lamenta la exaltación de los valores jóvenes en la sociedad de hoy, que se ceban con las mujeres, a las que no se les deja envejecer en paz, y su diagnóstico de la televisión también es crítico, por la banalización de los contenidos, especialmente en la información. Sobria, atractiva, demuestra saber cumplir años con la misma serenidad que siempre mantuvo en pantalla.
- Mucha gente se pregunta qué ha sido de Rosa María Mateo.
- Pues nada, hago una vida normal, doy conferencias de vez en cuando, me entrevistan en distintos programas, sobre todo para hablar de la Transición. Me llaman para presentar algún acto y leo, leo mucho; veo muchas series, pero que compro para seguirlas enteras.
- ¿En algún momento echa de menos la televisión?
- No. Esa etapa ya está cerrada.
- ¿Cuál recuerda como su mejor época en la pequeña pantalla?
- La de Informe Semanal y también la de informativos en TVE con Enric Sopena. Y después, en Antena 3, una parte de las Noticias del fin de semana.
- ¿Le gustan los informativos que se ofrecen ahora?
- Poco porque todo se ha banalizado. Yo comprendo que el fútbol es algo que da mucho dinero y es muy interesante, pero a mí me aburre soberanamente que se empiece un telediario con una conexión de fútbol. La sección de deportes se enfada mucho conmigo, incluso me han llegado a retirar la palabra alguno de ellos, pero creo que los deportes tienen su sitio y no es en el telediario.
- ¿Y la televisión, en términos generales, se ha banalizado también?
- No la veo. Veo la televisión de pago. No sé ni qué programas hay en la televisión generalista.
- Se han ido de TVE algunos de sus compañeros. ¿Qué le parecen estas prejubilaciones?
- Yo no estoy de acuerdo con que a la gente se le aparte del trabajo a los 50 años. A esa edad sabes muchísimo, y hay muchos maestros que se han ido, y pasan a ocupar determinados puestos gente que no tiene la misma calidad de los anteriores. Pero creo que eso no importa nada en este momento; no sé para qué se van a quedar las cadenas generalistas pero supongo que será para la gente que no pueda o no quiera pagar un satélite o cadena de pago.
- ¿Cómo se ha tomado este premio, a toda una trayectoria profesional?
- Lo conceden cuando, menos mal, que yo sepa, todavía no me voy a morir. Parece que cuando te dan un premio de estos tienes que tener un pie en la tumba. El premio a toda una vida sólo pueden darlo cuando eres mayor, pero aún suficientemente joven, y no como a Bette Davis, que le hicieron un reconocimiento y se murió a los dos días. Espero que no me de ningún arrechucho dentro de un mes.
- ¿Cómo lleva el paso de los años?
- No me importa nada. Lo único que me molestaría, como a toda gente sensata, es tener una incapacidad en un momento determinado, o no tener calidad de vida. Todos los días camino una hora, me muevo mucho, y tengo la mente siempre en funcionamiento. No me doy cuenta que soy tan mayor; yo a veces pienso que soy más joven de lo que soy.
- Pero vivimos en una sociedad que ensalza los valores de la juventud y la belleza.
- Eso lo sufrimos más las mujeres que los hombres. A nosotras nos están machacando continuamente con la imagen. Hemos logrado una independencia profesional importante, porque antes éramos unas minusválidas; además somos buenas amas de casa, en general. Y encima se nos pide que estemos jóvenes, guapas, delgadas y estupendas. Las modelos que nos ponen para decirnos que alguien no tiene celulitis tienen 14 años, y las que anuncian cremas antiarrugas no llegan a los 35. Esto es absolutamente inmoral.
- Usted fue musa de la Transición, elegida para leer el manifiesto público contra el 23-F. ¿Cómo ve ahora el país?
- No me ha gustado nada la última legislatura. Me ha parecido terrible que, en política, para ganar unas elecciones y ocupar el poder valga lo que sea y se utilice cualquier estrategia. Me parece que no se puede utilizar a las víctimas de ETA para atacar al Gobierno, que la Iglesia no tiene que meterse en política, o por lo menos, si se mete, que aguante que después opinen de la institución. Habría que volver a la sensatez. Nadie pide volver a la Transición, cada partido tiene su estrategia, pero dentro de unas normas. COLPISA