El mundo del hierro ha despertado siempre un gran interés en el historiador y escritor José Antonio Azpiazu. Natural de Legazpi, pero de padres procedentes de Oñati, vivió en casa de unos tíos oñatiarras entre los 5 y los 7 años. A los 12 años, continuó sus estudios en 'Los Agustinos' y a los 18, viajó a Roma para cursar filosofía, pasando después por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1973, ha escrito una docena de libros y alrededor de sesenta artículos publicados en revistas especializadas. En ellos aborda un amplio abanico de las formas de vida y economía vascas. Mañana, tendremos el gusto de escucharle hablar sobre Legazpi y los ferrones vascos, dentro del ciclo de charlas del 400 aniversario de la desanexión de Segura.
- Se adentró en el mundo de la historia de joven.
- Siempre me había gustado, pero fue en Lesaka, donde terminó de atraparme. Allí contacté con Julio Caro Baroja y las visitas a la casona de Itzea me encaminaron por los vericuetos de la historia y la antropología histórica. Fue el propio Caro Baroja el que dirigió mi tesis doctoral sobre los mercaderes guipuzcoanos del siglo XVI.
- Ya por aquel entonces, hizo sus primeras investigaciones sobre la ferrería de Legazpi.
- Sí, formé parte del grupo que colaboró en la celebración del cuarto centenario del 'acontecimiento de Mirandaola', mediante un acercamiento al mundo ferrón. Fruto de ello, en 1980 se publicó Ferrerías en Legazpi.
- El mundo del hierro le ha seguido interesando.
- Sí, ha sido uno de los pilares fundamentales de la economía y formas de vida de los vascos.
- Ahora colabora con Lenbur en un libro que conmemora el 400 aniversario de la desanexión.
- Cuando me lo propusieron, me volqué enteramente en el tema.
- ¿Qué encontraremos en él?
- Aparecerá en breve bajo el título La vida en las ferrerías vascas. Lo he escrito con ilusión porque contaba con elementos que rompían la visión un poco obtusa y cerrada que tenemos de las ferrerías. La imagen que se nos ha transmitido ha sido, por una parte, la de la técnica y la de la economía de las ferrerías, y por otra, la de los ferrones empeñados en sacar, como fruto de su esfuerzo ante el fuego purificador, el tocho de hierro que se visualiza como base de la vida de aquel colectivo. El ferrón parecía empezar y acabar en la ferrería.
- Usted ha querido romper con esa idea.
- He querido ampliar este horizonte y presentar a los ferrones como hombres aferrados a la vida de su tiempo, de amplia visión, tanto a nivel técnico como mercantil, abiertos al entorno. A través de la documentación que he manejado, se percibe una vida interior y del entorno de la ferrería de una gran riqueza, en la que el movimiento era constante, las relaciones con los técnicos, los carboneros, los venaqueros, los arrieros...
- Dénos algún ejemplo.
- Unos cuadernillos donde se anotan todos los pormenores de la vida cotidiana de la ferrería nos descubren detalles insólitos e íntimos de una existencia que resulta todo menos aburrida, monótona y cerrada. La documentación mercantil nos descubre la diversidad de productos que salían con rumbo a Castilla a través de importantes mercaderes de Toledo, Madrid, Valladolid o Medina del Campo, además de los sistemas de transporte utilizados en la montaña y en la meseta. Detrás de todo el entramado aparecen los mercaderes, las grandes familias que permiten el funcionamiento de una maquinaria cara y complicada que requería dinero y audacia. Familias como la de Plazaola.
- Esta última ha sido clave.
- A través de sus vicisitudes se estudia el panorama que rodeó al hecho milagroso de Mirandaola, la terrorífica peste que destrozó la familia y que, probablemente, se vivió como un castigo, y su activa participación en la desanexión de Segura y la proclamación del fenómeno ocurrido en 1580 como milagroso. Tuviese este hecho el carácter que cada uno le pueda atribuir desde un contexto diferente al nuestro, lo cierto es que la cruz que apareció en el fogal de Mirandaola y se conserva como reliquia pasó a ser considerada por los legazpiarras como un símbolo de identificación de su vocación como villa.