DV. Hubo un momento, no hace tantos años, en que Gipuzkoa presumió de ser el territorio europeo con más kilómetros de tren por metro cuadrado. Aquella Gipuzkoa comunicada por tren en todos sus valles fue como una avanzadilla de la modernidad. Pero en el siglo XX llegó la carretera, la eclosión del coche y el camión y la progresiva desaparición de las pequeñas líneas como el Plazaola o el Urola. Hoy más de uno lamenta aquella falta de visión de futuro que ahora trata de subsanarse, en parte, con un nuevo plan de Eusko Trenbideak que pasa por la creación de nuevos trenes o tranvías además de la construcción de la 'Y', Porque todos los expertos coinciden que el futuro de la comunicación viene en tren.
El poeta y periodista Gustavo Adolfo Bécquer inmortalizó en agosto de 1864 el primer viaje por tren entre Madrid y San Sebastián en una crónica que viene a ser una mezcla de relato de viajes y periodismo urgente (confiesa en su texto, escrito en la propia capital donostiarra, que redacta en plena resaca tras las celebraciones de la noche anterior). Pero a partir de entonces se empezaron a gestar nuevas vías de tren en el territorio guipuzcoano.
En 1889 llegaría hasta Zumarraga el tren que venía de Durango dentro del tendido creado en tierras vizcaínas por los llamados «locos del duranguesado». En 1893 esa línea de vía estrecha nacida en Vizcaya alcanzaría Elgoibar y Deba, y en 1901 se unen por primera vez por tren Bilbao y San Sebastián en un itinerario que aún pervive.
Según los datos aportados por Juanjo Olaizola, en 1913 se inaugura el popular Topo que conecta la capital donostiarra con Irún y después vendrían las pequeñas y, a vista de hoy, entrañables comunicaciones como el Plazaola (1914), que iba de San Sebastián a Pamplona a través del Leizarán, o el tren del Urola, que en 1926 uniría Zumaia y Zumarraga.
En el año 1919 se construye el llamado «ferrocarril vasco-navarro» que supondría, a su manera, un adelanto de la fórmula empleada hoy en Gipuzkoa para la construcción de la alta velocidad. Y es que entonces también la Diputación (hoy el Gobierno Vasco) adelantó los fondos necesarios a cuenta del cupo al Estado.
Aquella edad de oro del tren iría feneciendo por la competencia de la carretera. En los años 50 desaparece el Plazaola, luego la línea del Bidasoa, el tren de Hernani, el Vasco-Navarro en los años 60 y, en 1986, cierra el tren del Urola.
Los planes que maneja hoy el ejecutivo autónomo contemplan, curiosamente, la recuperación del tren del Urola al menos entre Zumaia y Azpeitia o la creación de una nueva línea en el Alto Deba como una suerte de «metro comarcal» entre Aretxabaleta, Arrasate o Bergara.
Si la forja de Estados Unidos como país y la incorporación del «lejano oeste» a la Unión fue una epopeya íntimamente unida al crecimiento del ferrocarril, la llegada del tren a Gipuzkoa hace siglo y medio dio pie a toda una literatura local sobre esa ambiciosa obra de ingeniería para la época. Pablo Gorosabel, en su «Noticia de las cosas memorables de Guipúzcoa», resumía así lo que había supuesto la llegada del tren. «Los centros de comercio y almacenes de San Sebastián y Tolosa se han resentido porque algunos proveedores de mercaderías se trasladan ahora a otros puntos del Reino para abastecerse, pero los pueblos de la costa marítima y las casas de baños termales han ganado mucho con la afluencia de los forasteros en la estación de verano». 150 años después seguimos más o menos igual...