DV. «Con una juventud parada y acomodada no puede haber desarrollo». En Gipuzkoa hay jóvenes, buenos técnicos con buenas ideas en multitud de campos como la ingeniería, la biotecnología o la informática, pero a los que les resulta muy complicado llevar esos proyectos a efecto y convertirlos en realidad.
El departamento de la Obra Social Kutxa ha puesto en marcha este año el programa EPG (Emprendedores para Gipuzkoa), con la intención de motivar e impulsar a los jóvenes de nuestro territorio, y motivarlos para que se atrevan a sacar adelante estas ideas. La mayoría de los participantes tienen en ciernes un proyecto empresarial, una idea para una nueva empresa, un objetivo. El problema está en la ejecución, en que esas posibilidades se hagan realidad. Lourdes Arana, jefa de la Obra Social Kutxa, explica que «ante la percepción de que personas con gran formación académica están tratando de crear empresas, llevamos desde 2006 pensando en un proyecto de apoyo en el que hemos colaborado con todos los centros tecnológicos de Gipuzkoa». Y subraya que uno de los déficits más notables advertidos durante ese tiempo es que «faltan instrumentos de relación humana, de comunicación y de autoconocimiento de la capacidad de uno mismo».
El plan del proyecto, elaborado por NZ Global (Nazaret), se compone de una combinación de ponencias, presentaciones de modelos, actividades y talleres. La primera fase es la de Sensibilización (realizada durante los días 2, 5 y 10 de junio), dirigida a jóvenes emprendedores y a empresarios que puedan valorar el interés del programa para orientar a sus empleados desde un enfoque emocional. La segunda parte, la de Optimización, se desarrollará entre septiembre y octubre, y se profundizará en los valores reflejados en emprendedores de éxito.
La semana pasada acudieron al Kutxaespacio tanto empresarios con proyectos propios como spin offs (subempresas nacidas a partir de otras), como es el caso de Likuid, orientada al mercado del agua, y surgida del CEIT (Centro de Estudios de Investigaciones Técnicas de Gipuzkoa).
Comenzó su actividad este año y se dedican al desarrollo y fabricación de membranas para la filtración de aguas. «Son como filtros, pero muy finos, hablamos de una filtración perfecta, nanofiltración, hablamos de ni siquiera una micra de paso», aclara su director, Javier Lopetegi, que ha acudido a estas primeras actividades con la idea de montar una pequeña unidad de producción en San Sebastián. «Venimos para ver cómo podemos desarrollarla teniendo en cuenta iniciativas innovadoras», y destacó «la óptica desde la que ven el tema de la inteligencia emocional, la empatía y el ponerse en el lugar del otro».
'Geoda' emocional
El «conócete a ti mismo», que ya rezaba hace más de 2.000 años a la entrada del oráculo délfico, es la esencia de las actividades desarrolladas la semana pasada para despertar el autoconocimiento de las habilidades y destrezas que posee cada uno. Tras una estimulante charla a cargo de Fray Fernández, director de innovación para organizaciones, y Fran Manzano (empresario), en la que hablaron sobre el destino («eso que te marca cinco dedos en la cara cuando tú creías que todo iba bien»), se llevó a cabo un taller dirigido por los propios ponentes y titulada La Geoda Emocional.
Con paciencia, hojas de periódico y cierta organización, los participantes, divididos en nueve equipos que competían entre ellos, tenían que construir una geoda, que es un edificio que Ray Fernández definió como «una maravilla esférica que carece de columnas, puede ser arbitrariamente grande, podría rodear un planeta, pero nosotros haremos una pequeña versión para interiores». Al final, según se acercaba el tiempo límite, parece que las cuestiones técnicas se supeditaron más a las ansias de victoria de los participantes por terminar antes que los demás. No tiene importancia. Se trataba de una simulación de la realidad empresarial y esto es, precisamente, lo que ocurre en el mundo real.