Su amplia coincidencia respecto a la cooperación institucional se transforma en abierta discrepancia respecto al momento político en Euskadi, tanto en el diagnóstico político como en las soluciones. La consulta es el eje de una discusión contenida en las formas pero que exhibe un profundo desacuerdo.
-Odón Elorza: Es evidente que yo sí veo conveniente un cambio político en el Gobierno Vasco. Pero haríamos mal en estar obsesionados con la batalla electoral en un contexto en el que día a día vemos problemas de gran calado. Ahí está el tren de alta velocidad o cómo aglutinar, y no estamos haciéndolo bien, las fuerzas democráticas frente al terrorismo. Y un ejemplo de que no lo estamos haciendo bien es la ceremonia de la confusión que las fuerzas democráticas estamos desarrollando en el tema de las mociones de censura en Gipuzkoa. Puede ser momento para el cambio pero no hay que fiarlo todo a las autonómicas.
-Markel Olano: Estamos en constante ebullición y estoy de acuerdo con el alcalde en que eso no puede condicionar un ámbito de cooperación para resolver problemas. Una cosa es que cada partido defienda su programa y otra caer en cierta frivolidad ante cuestiones de fondo. Yo me identifico totalmente con la figura del lehendakari Ibarretxe y lo que representa. Se suele considerar sano el relevo, pero pocas veces se suele recordar el respeto que se debe a la ciudadanía, que es la que en democracia decide si hay o no alternancia.
-O. E.: Necesitamos una utilización más inteligente del marco jurídico. Eso no excluye que el marco se pueda ampliar y mejorar, pero la capacidad de autogobierno da como para lograr el primer objetivo, que es fortalecer a este país. Si este país no es más fuerte, no está más consolidado, no proyecta una mejor imagen, no es como consecuencia de que tengamos un Estatuto con más o menos transferencias, sino que el problema está más en nosotros mismos, que perdemos un volumen de energías en debates endógenos. La consulta no tiene por qué mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía vasca. No nos hace más fuertes, al contrario, crea problemas. Cuando llegue la paz, nos habremos dado cuenta de que tenemos muchísimas potencialidades por desarrollar con independencia de tal o cual transferencia.
-M. O.: En este ámbito la discrepancia es evidente y además positiva. Coincidido con el alcalde en el objetivo de la fortaleza de país para hacer frente a los nuevos desafíos. Pero el marco político actual tiene serias dificultades para ser útil. Se ha quedado encorsetado. El elemento de cambio reside en que se modifiquen las relaciones entre la Comunidad Autónoma Vasca y el Estado y se establezcan nuevas garantías. El pacto estatutario en su día tuvo un recorrido extraordinario para este país pero nos ha llevado a una situación anquilosada. Por eso debe reconocerse la capacidad de la sociedad vasca de decidir su propio futuro. Hay que incorporar esa capacidad de decisión a un nuevo marco político.
en busca de la paz
-O. E.: Entiendo que la consulta que plantea Ibarretxe no es algo prioritario para resolver los problemas reales de la ciudadanía vasca, va a generar en cualquier caso más confrontación, más tensión, pérdida de energía, y no serviría, si se realiza al final, para acercar el fin de ETA.
-M. O.: Se quiere dar una imagen distorsionada con la consulta. Desde el punto de vista ético, hay un avance sustancial por parte de una de las preguntas, la que plantea la desaparición de la violencia. Tiene la virtualidad de hacer partícipe a la ciudadanía en la toma de decisiones. Por eso hace falta una iniciativa política que desatasque esta situación y aporte una gran capacidad de transformación.
-O. E.: Para mí no es así, es más una bandera del lehendakari y de un sector del PNV para dar un paso más en un proceso soberanista que una solución a las demandas de la ciudadanía o una medida para aliviar tensiones. Pero ni es el momento, ni es el contexto, ni las preguntas ayudan. Se llegaría a utilizar a la ciudadanía para crear una cierta frustración porque las respuestas en esa consulta dividirían a la sociedad vasca y no tendrían ningún efecto inmediato. Es algo peligroso.
-M. O.: Los contenidos de la consulta forman parte del planteamiento político que hizo el lehendakari cuando fracasó el proceso de Lizarra. Honestamente creo que aquella iniciativa política no fue en balde, sirvió como acicate de un bloqueo político, sobre todo desde un punto de vista de pacificación. Por eso creo que esta iniciativa política puede tener esa virtualidad. Lo importante es que quitemos dramatismo a una participación de la ciudadanía en cualquier ámbito. Las discrepancias en el ámbito político tienen que desdramatizarse. Yo entré en la vida política en la época del Acuerdo de Lizarra, y aquello también generó una ilusión social en la ciudadanía.
-O. E.: Lizarra generó un miedo y una división social impresionante. Fue un fracaso.
-M. O.: Lo que quiero decir es que desde el momento en el que ETA desaparece de la realidad, la sociedad respira. Bernardo Atxaga decía que el día en el que ETA desaparezca definitivamente, todos nos levantaríamos dos palmos del suelo. Lo que más crispa y nos acogota avanzar como pueblo es ETA. Necesitamos activar propuestas para esa desaparición definitiva del terrorismo.
-O. E.: Esta consulta formulada desde la ingenuidad y el voluntarismo va a generar una profunda división social en Euskadi, mucho mayor que la existente. Si fuera para que la ciudadanía pueda obtener el volante de Osakidetza en un mes en lugar de en tres... Pero no. El nacionalismo saca un banderín de enganche sobre todo en estos momentos, pero no deja de ser un instrumento partidista. Quizá el día de mañana en una situación de paz no tendría inconvenientes en aplicar el modelo establecido por el Tribunal de Canadá con Quebec.
-M. O.: Yo no veo a una sociedad crispada, por eso creo que lo importante es que el debate en la clase política sea sosegado y tolerante. Hay que buscar soluciones sin dramatizar el debate.