DV. Los polvos metálicos se utilizan cada vez en más aplicaciones. Están en pinturas y revestimientos para dar dureza a las superficies y mayor resistencia a la abrasión. Están en los aceros rápidos de la máquina herramienta, usados en los elementos de mecanizado (brocas, fresolines, machos) por su gran resistencia al desgaste y a la temperatura. Están en las herramientas diamantadas, que usan mezclas de diamante y polvos metálicos en sus elementos de corte. Están en la automoción, en donde se calcula que unos 10 kilos de cada vehículo corresponden a piezas moldeadas por inyección de polvos metálicos. Y están en productos tan inesperados como las prótesis dentales.
En este mercado, en donde compiten fabricantes de grandes volúmenes, es donde ha entrado Metallied Powder Solutions, una empresa surgida del Centro de Estudios e Investigaciones Técnicas de Gipuzkoa (CEIT). Constituida hace poco más de un año, en febrero de 2007, ha recibido el Premio Emprendedor XXI del País Vasco, convocado por La Caixa y el Ministerio de Industria.
Metallied, con sede en Irun, competirá en septiembre con los respectivos ganadores de su fase autonómica para elegir al ganador nacional de un concurso que busca la promoción de empresas innovadoras y competitivas.
Un ratón entre elefantes
Como otros muchos, este negocio nace al constatarse una necesidad. Muchas de las unidades de I+D de las empresas que buscan mejorar las prestaciones de sus productos investigan con polvos metálicos. Necesitan probar constantemente nuevas aleaciones y aplicarlas a los prototipos de sus máquinas. Sin embargo, los proveedores de polvos metálicos son muy poco flexibles; tienen grandes hornos, con fuertes gastos de mantenimiento, y no les sale rentable producir pequeñas cantidades de aleaciones experimentales. El resultado es que los pedidos se retrasan y los precios pueden llegar a ser altísimos, hasta 3.000 euros el kilo.
Además, a los fabricantes solo les queda innovar en los procesos, pero no en las materias primas, que son los polvos de metal.
Este es el contexto en donde surge Metallied. Renunciando de partida a competir mediante la fabricación de grandes volúmenes, la empresa realiza tiradas cortas bajo demanda basándose en la rapidez y en la colaboración con las necesidades de los clientes.
«Nosotros -apunta Alfonso González Charola, director general de Metallied- no podemos hacer 100 toneladas de acero y competir contra las grandes empresas. No somos eficientes en costes, pero somos mucho más rápidos, una especie de ratoncito entre elefantes. Aportamos flexibilidad y no queremos vender únicamente una materia prima, sino colaborar con nuestros clientes en mejorar las cualidades de sus piezas».
Parte del mercado conseguido hasta el momento son los equipos de I+D de grandes empresas. Si estas aleaciones experimentales funcionan, seguramente la gran producción no se contratará a Metallied, pero su labor como agentes de innovación habrá sido notable.
«Aunque hablar de materias primas suena muy poco tecnológico, las innovaciones en las materias primas generan innovaciones en toda la cadena de valor de un sector. Si nosotros diseñamos una aleación que mejora muchísimo las propiedades de una pieza, nuestro cliente puede ofrecer a su vez un mejor producto», explica.
Reconocimiento
Esta visión innovadora y la capacidad de haberse posicionado en el mercado internacional en poco tiempo ofreciendo productos tecnológicamente avanzados han sido determinantes para la obtención del premio. Pero en la carrera fulgurante de Metallied, este no es el primer reconocimiento. La empresa ya había obtenido el segundo galardón a la Idea Empresarial en el Premio Toribio Etxebarria de 2007. Y ha sido la primera empresa en la que ha invertido Seed Gipuzkoa, la sociedad de capital riesgo de la Diputación Foral.
Por su parte, su directora técnica, Miren Sarasola, obtuvo en 2005 un premio europeo por el diseño de una aleación maestra cuando investigaba en el CEIT.
Hasta el momento, los primeros pedidos de Metallied proceden de empresas extranjeras. Aunque el mercado potencial cercano es amplio (desde la industria petroquímica, la de válvulas o los fabricantes de máquina-herramienta) la sorpresa ha sido que entre sus primeros clientes se encuentran fabricantes de polvos metálicos, que subcontratan las pequeñas tiradas que ellos mismos no son capaces de fabricar a buen precio.
Con una empresa que acaba prácticamente de nacer, su director cree que la línea estratégica de fabricar aleaciones que eliminen materiales caros o peligrosos para la salud obtendrá éxitos en un futuro próximo.
Su plan estratégico prevé llegar a una facturación de cinco millones de euros en 2012. A partir de ahí se replantearán crecer, aunque siempre con máquinas pequeñas y servicio flexible.