HABÍA sido una semana de terapia. Volvimos hechos polvo de Mendizorroza, nos duró hasta mitad de semana y desde entonces empezamos a soñar con que el milagro podría producirse. Anoeta se llenó más que nunca, había un ambiente propicio, pero volvió a fallar lo que nunca creíamos que fallaría: el equipo. Con dos puntos en las tres últimas jornadas no se puede aspirar a un ascenso. Y menos mal que no se produjeron los resultados que hubieran valido en los otros campos, porque aún hubiera sido mayor la decepción si Eibar y Tenerife consiguen ganar y la Real es incapaz, como fue, de superar a un Córdoba que estuvo en la cuerda floja hasta bastante después de acabar con el empate, a la espera de un Cádiz que echó fuera el penalti que le sentenció. En fin, final triste en Anoeta, porque no se puede entender que estando en juego lo que estaba, la Real hiciera un partido tan desangelado e incluso en muchos momentos en manos del rival. No pudimos con el Salamanca, perdimos con el Alavés y empatamos con el Córdoba. Así...
Lanzados. Una vez más Anoeta se puso las pilas, Gipuzkoa se vació en busca del posible milagro y lanzó a los jugadores a un comienzo de partido prometedor, aunque Pablo Ruiz puso un aviso al estrellar el balón en el travesaño y Pineda adelantó al Córdoba en un saque de estrategia en el que volvimos a fallar. Pero también de falta, Labaka empató poco después y Anoeta entendió que era el momento de apoyar a tope. Fueron momentos espectaculares, pero no llegó ese juego fluido que esperábamos para superar a un rival que sujetaba con acierto a los jugadores decisivos de Lillo.
Entregados. Lo peor fue que mientras Sporting y Málaga hacían sus deberes, la Real era cada vez más pequeña, se fue del campo, se espesó como dicen los entendidos y se desvaneció la esperanza hasta que la decepción fue inevitable. Parecía el Córdoba el único que se jugaba la vida y así se acercaron más al área de Riesgo que los realistas a la de Valle. Al final la única alegría se la llevaban los andaluces, al conocer su permanencia. La Real ha salvado del descenso a Alavés y Córdoba, a costa de no sumar los puntos que hubiera necesitado para llegar al final del campeonato con el ascenso.
Objetivo. Era el único objetivo deportivo de la plantilla y del nuevo grupo al frente de la entidad. Y no ha podido ser, sobre todo porque al final han faltado fuerzas para llegar a la meta en condiciones. Será cosa de sacar conclusiones.
Futuro. Reconoció Lillo que la Real no tenía fútbol en la parte final del partido y los resultados de los otros campos también pesaban. El técnico no quiso anticipar su futuro, aunque es probable que sea la primera ausencia para un panorama futuro absolutamente delicado. Harán falta entrenador, jugadores y dirigentes que planteen un proyecto viable para salvar los apuros económicos y , por supuesto, los deportivos, porque esta afición no debe estar en Segunda más tiempo, necesita volver a Primera y cuanto antes. Pero habrá que esperar un año.