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RSS | ed. impresa | Regístrate | 20 marzo 2010

Beti Erreala!

REAL SOCIEDAD, SE ESCAPÓ EL ASCENSO
«Nunca me olvidaré del calor de esta gran afición»

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«Nunca me olvidaré del calor de esta gran afición»
Pep Martí abandona el césped de Anoeta desolado, pero tuvo palabras de elogio para la afición. /LUSA
DV. Día de despedidas en la zona mixta de Anoeta. Y día de tristeza, de mucha tristeza. El ascenso era poco menos que una quimera, pero nadie quiso darse cuenta de que la carambola era realmente difícil. A uno se le caía el alma a los pies al ver llorar a Gorka Larrea o Xabi Prieto, aunque pensando después fríamente, esto habla de nuevo en favor del compromiso de la plantilla. Incluso un suplente habitual como el centrocampista donostiarra no podía mantener la calma. Dos jugadores que probablemente no estarán el próximo año en las filas de los donostiarras salieron a atender a los medios. Gari Uranga y Pep Martí. El primero, que ha disputado los dos últimos partidos con la nariz rota, dejó una frase para el recuerdo. «No sé si seguiré o no, habrá que ver lo que pasa, pero siempre, en el césped o en los asientos de la grada de Anoeta, seré de la Real». Gari, como Garitano, Delibasic, Ansotegi, Víctor o Nacho, no tiene oferta de renovación. Es diferente el caso de Pep Martí. Hasta el menos devoto con el juego del medio centro le renovaría con los ojos cerrados, pero tiene otros planes, ofertas de equipos que van a disputar la Copa de la UEFA, por lo que habrá que guardar en la retina sus grandes actuaciones. «Lo hemos intentado», aseguró, «pero no lo hemos conseguido y ahora tengo una tristeza enorme. La clave fue lo de la semana pasada, lo tengo muy claro, lo que ocurre es que nos habíamos mentalizado para mantener la intensidad, porque después de vivir lo que aconteció la semana pasada en Mendizorroza, ¿quién te dice que no podía ocurrir algo parecido?».
Y prosiguió, recordando a sus compañeros y a la afición, a la que elogió. «No voy a olvidar nunca el trato y el calor recibidos por parte de gran esta afición allá a donde vaya. No sé si voy a seguir en la Real, mi idea era subir, quedarme en este equipo y en esta ciudad, en la que estoy muy a gusto, aunque no descarto nada, prefiero que pasen unos días y analizar en frío», aseguró, aunque sus palabras sonaban a adiós.
Posteriormente, pasó a analizar lo que había ocurrido durante los noventa minutos. «Sobre el partido, sabíamos que no íbamos a conseguir subir en los instantes finales porque el rival nos recordaba constantemente que Málaga y Sporting ganaban por dos tantos. A pesar de todo, nosotros tratamos por todos los medios de marcar y de corresponder a la afición y esperar, pero no fue posible».
Y fue curioso, porque no fue al único que se lo recordaron. Los gestos se percibían claramente desde la grada. Los jugadores andaluces hablaban constantemente con los realistas. Con Gari, Con Iñigo Díaz de Cerio, con el propio Martí. Una imagen no muy seria, pero que describe a las claras la tensión que vivieron los cordobeses en los instantes finales. El técnico rival, a ese respecto, se mostró poco menos que indignado. «No he entendido muy bien la actitud de los realistas una vez que conocían la noticia de que Sporting y Málaga ya habían ascendido, no es una actitud que reconozca entre futbolistas», aseguró. Resulta que tratar de ganar un partido y ser profesional, pese a haberse consumado el descenso, es algo digno de crítica. Ver para creer.
Gritos de júbilo
Ocurrió que nada más terminar el partido, el Córdoba no estaba salvado. Restaban unos minutos por jugar al Cádiz, que dispuso de un penalti en el último minuto, mientras los cordobeses aguardaban en el vestuario en torno a un transistor. Se dejaron la puerta abierta, y quienes allí se encontraban pudieron contemplar la escena de euforia de la plantilla cuando conocieron que Abraham Paz lanzó fuera la pena máxima.
Mientras periodistas y jugadores guipuzcoanos masticaban la cruda realidad, la música de fondo era de celebración. Los periodistas cordobeses celebraban la permanencia con cautela y respeto. Veían los rostros de desesperación a su alrededor, la cosa no estaba para bromas.
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