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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 15 febrero 2012

Beti Erreala!

REAL SOCIEDAD, SE ESCAPÓ EL ASCENSO
Dos horas en el purgatorio
Los aficionados txuri urdin que siguieron el partido fuera del estadio de Anoeta vivieron su particular vía crucis en la larga espera por alcanzar el cielo.

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DV. Seis de la tarde: ni un alma realista en las calles de Donostia. La afición txuri urdin al otro lado del estadio de Anoeta se recluta en sus casas y en los locales hosteleros de la ciudad en la última cita de la temporada, y la más tensa, con la Real Sociedad. Aún no saben si dos horas más tarde habrán alcanzado el ansiado cielo de Primera, o si la sentencia al infierno de Segunda al que el Alavés les condenó el pasado domingo negro,se hará firme una temporada más.
Parte Vieja donostiarra: tímido optimismo y expectación generalizada en los bares de la calle Fermín Calbetón, que acogen a alrededor de un centenar de realistas a medio camino entre los nervios, la ilusión, y cierta «resignación» ante lo que «pueda pasar».
Bar José Mari. Alberto, seguidor de la Real «de toda la vida», ve el vaso «medio lleno. Creo que van a ganar y a subir a Primera», sentencia. Lo fundamental para Martín, otro realista, es que «metan en los primeros minutos, para que nos creamos el ascenso». Pasados diez minutos desde que empezó el partido no se «adivinan» las posibilidades de la Real frente al Córdoba, no ocurre nada, y los espectadores quieren «respuestas».
Seis y veintitrés, a pocos metros, en el bar Sport. La tensión cristaliza los ánimos de la veintena de seguidores que aguarda «cualquier movimiento en el campo» que les saque de conjeturas. El juego va «demasiado lento» para la mayoría, que «tiene prisa, no como ellos», comenta Haritz en alusión a los jugadores. La impaciencia corre como la pólvora y varios aficionados le secundan entre dientes: «Hay poco juego». Los nervios se estiran.
Seis y media: Gol del Córdoba. El silencio sepulcral que invade el local lo dice todo. Las esperanzas comienzan a achicarse. «La Real, cuando empieza marcando pronto, al final pierde», justifica Koldo, «así espabilan», apostilla. «Lo peor no es el gol, lo peor es que no están jugando», tercia un aficionado a su lado.
Seis y treinta y seis minutos: Gol de la Real. Un aullido cruza las calles desde los balcones, bares y tiendas de la Parte Vieja, y el himno de la Real truena sobre las cabezas de la afición. Aplausos. La adrenalina levanta cabezas. La esperanza se recompone hasta que una mala noticia la deja coja seis minutos más tarde: el Sporting ha marcado contra el Eibar. Aún así, los gestos del entorno txuri urdin se desentumecen: las cartas están echadas y ya «hay material» con el que acercarse a lo que «puede pasar», opina una cuadrilla frente a la pantalla habilitada en el Sport.
En los próximos dos minutos el juego eleva vertiginosamente el ansia de lucha de los aficionados, con varias embestidas de la Real en la portería cordobesa que se quedan en eso: en embestidas. Pero los ánimos se caldean y empiezan a hervir. «El Málaga sigue a cero. Hemos empatado. La cosa no está tan mal», es el mensaje de varios seguidores blanquiazules. «Ahora lo que importa es que la Real gane».
Seis y cuarenta y tres minutos: tanto del Málaga contra el Tenerife. Los rostros de los aficionados se velan a cámara lenta. Algunos locales desisten y cambian de canal, «para qué sufrir», comentan. Prefieren ver la final de pelota en el Atano.
Un jarro de agua fría
Antiguo Berri, cafetería Sport: varios televisores mantienen los ojos de una treintena de personas agarrados al último partido de la temporada.
«La situación está complicada, pero no imposible», sostiene Jokin, un seguidor que confiesa estar aún «hecho polvo por el batacazo de la Real ante el Alavés». «Lo del Málaga ha sido un mazazo», comenta de vuelta al presente, «pero si la Real gana al Córdoba lo demás puede venir rodado, a veces pasan cosas así», comenta. Su tío, José, apoya la cabeza en la barra y prefiere no opinar, «está claro que no tenemos nada que hacer», estima.
Minuto cincuenta y siete. Algunos aficionados blanquiazules se echan las manos a la cabeza, la atención pasa de los jugadores al marcador de tiempo, no ocurre nada, la Real no avanza y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar. Algunas personas abandonan el local.
Minuto sesenta y siete: El Málaga mete otro gol al Tenerife. La expectación ante el resultado final del partido cae en picado. Casi todos los presentes apuntan a la imposibilidad de que el Tenerife remonte. «Todos han hecho lo que tenían que hacer menos nosotros, qué vergüenza», comenta con acritud un aficionado.
Once minutos de suspiros más tarde el Sporting golpea de nuevo las esperanzas realistas de subir a Primera. Mete otro gol al conjunto eibarrés y, con él, desenrosca la alfombra de la resignación sobre la que los aficionados de la Real caminan hacia la derrota inminente durante catorce minutos, hasta que el árbitro pita el final del partido. La Real se queda en Segunda.
Pocos comentarios entre los aficionados. Ni siquiera reproches, ira o algún que otro lamento. Los seguidores txuri urdin se miran entre ellos, decepcionados, y se vuelven, a otras cosas.
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