DV. Mikel Astarloza se irá del Dauphiné Liberé con la conciencia tranquila. La clasificación general no acabará reflejando -queda una etapa-, los movimientos de uno de esos ciclistas que siempre que compite se muestra competitivo, dos palabras que parecen muy iguales, pero que manejan conceptos muy distintos.
Ganaba el danés Chris Sorensen. Es un chaval de 23 años. Le daba el triunfo al CSC en La Toussuire, una llegada en alto que descubrió el Dauphiné Liberé en 2006, con triunfo de Iban Mayo.
Un mes más tarde acabaría siendo final en el Tour de Francia, el día que ganó Rasmussen y en el que Floyd Landis cogió una pájara monumental. Tenía el americano el Tour más que perdido.
Luego llegaría su espectacular resurrección en Morzine, los parches de testosterona y su descalificación como ganador del Tour después de subir al podio de la prueba francesa. La carrera terminaría, un año después, en manos de Óscar Pereiro.
Ayer todo fue menos glamouroso. La estación alpina francesa parece la casa de Dinamarca. Sorensen se estrenó, en cuanto a victorias como ciclista profesional, debutó en 2007 en la categoría, y aunque había sido sexto en la Vuelta a Alemania y decimonoveno en la general de la Vuelta a España, lo de ayer, es lo más granado que ha logrado. En realidad, lo único.
En dos llegadas a La Toussuire han ganado dos daneses: Rasmussen y Sorensen.
En este deporte, cuando hay movimiento, nunca se saben las razones por las que unos corredores tienen más libertad que otros para moverse. En San Jean de Maurienne, al pie de La Toussuire, Mikel Astarloza atacó en la escapada. No le dejaron marcharse.
Cuando lo hizo Sorensen, nadie se movió. Astarloza pidió explicaciones a sus compañeros. No se las dieron. Sorensen se marchaba directo hacia la victoria.
Astarloza porfió, con Di Gregorio y David López a su rueda. Se pegó una paliza para nada. Una más en un corredor que lleva una temporada inmaculada de puestos, de entrega y de carácter, al que sólo le falta ganar, algo que en ciclismo es vital, lo más importante, pero no lo único.
Y si Mikel Astarloza lo intentaba todo, Haimar Zubeldia volvía a estar un día más en el selecto grupo de los mejores, con Valverde, Cadel Evans, Leipheimer o Fedrigo. Valverde, el líder, que aumentó dos segundos la ventaja que tenía sobre Cadel Evans, maniobró con mucha inteligencia, con sangre fría, cuando le atacaron Popovych, Cadel Evans y Leipheimer. Se quedó sin equipo. Dejó que el holandés Gesink y el polaco Symzd tirasen del grupo y los segundos que le sacaron, veinte en los peores momentos, nunca le atosigaron. Administró con inteligencia los tiempos.
Haimar Zubeldia estuvo siempre con ellos, dejándoles hacer, sin inmiscuirse en movimientos que no eran suyos, puesto que la etapa estaba perdida. Volvió a demostrarse que hay mucha igualdad, al menos en este Dauphiné, entre los mejores. No hubo muchas concesiones para la galería, ni ataques espectaculares.
La etapa se meció a un ritmo sostenido, nada que ver con desenlaces espectaculares. La despedida de la prueba, hoy, volverá a tener montaña: Granier, Coucheron y Porte.