El cierre de un clásico en Amasa

El centenario restaurante Arantzabi, uno de los locales emblemáticos de Gipuzkoa, baja la persiana

MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.
El Arantzabi, en Amasa, ha funcionado durante un siglo como destino de la gastronomía más exigente. /FOTOS: LOBO ALTUNA/
El Arantzabi, en Amasa, ha funcionado durante un siglo como destino de la gastronomía más exigente. /FOTOS: LOBO ALTUNA

DV. Fue fundado hace más de un siglo y ha sido un clásico en la gastronomía guipuzcoana. Por sus mesas han pasado duques y futbolistas, en sus salones se han celebrado comuniones y bodas y en su libro de honor han firmado desde don Juan de Borbón hasta la nueva ola de la cultura vasca. Pero hace una semana echó la persiana: Arantzabi, el restaurante de Amasa que muchos conocían directamente como «Amasa», ha clausurado sus puertas y con él se cierra toda una etapa de la vida social de Gipuzkoa.

La falta de relevo generacional y la crisis que afecta a buena parte de los establecimientos apartados de los núcleos urbanos explican el cierre del local. Así lo cuentan Pili, Tere y María Dolores Zugasti, tres de las hermanas que mantenían ahora en pie un restaurante inscrito en letras de oro en la biografía sentimental de la pequeña historia de Gipuzkoa. Estas tres mujeres se emocionan hoy hasta la lágrima al recordar la historia de su casa y, fieles a la discreción secular de su saga, se resisten a posar para las fotos «porque el protagonista es el caserío».

Hace más de un siglo su abuelo, Aniceto Zugasti, fundó una sidrería en el caserío familiar de este pequeño núcleo que se levanta frente a Villabona. Lo hizo junto a su esposa, Dolores Garagorri, que empezó a enriquecer la sidra con unas cazuelitas. Tuvieron cuatro hijos. José, el mayor, se dedicó al caserío, Miguel empezó en la cocina y trabajó en el Ritz de Madrid, en Andalucía y en Francia, donde aprendió la receta del pato a la naranja que sería marca de la casa del local. Agustina y Margarita completaron ese «dream team» que asentaría la idea de calidad y que daría paso a la nueva generación de Zugastis, en la que Ramón reinó en la cocina y Txema, prematuramente fallecido a los 38 años, funcionó como «teórico» hasta el punto de formar parte, hace treinta años, del grupo fundador de la nueva cocina vasca.

Arantzabi fue un clásico al que las vacas «visibles» en el pasillo de entrada daban personalidad. Pato a la naranja, osobuco, menestra en mayo, terraza en verano. El y la Gipuzkoa popular se fundieron en sus salones. Hoy echa el cierre: la familia sigue viviendo en el caserío y se prepara para el día después: es el momento de ordenar ideas.

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