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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2009

Bidasoa

TEODORO LIZARI TORAL EX CAPITÁN DE AMA SHANTALEN
«Hay quien después de ser capitán se retira; yo seguí desfilando 28 años más»
Su compañía celebra este domingo los 10 años de su constitución como asociación y aprovecha el acto para rendirle homenaje
05.06.08 -

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«Hay quien después de ser capitán se retira; yo seguí desfilando 28 años más»
Teodoro Lizari asoma su sable a la calle Larretxipi, donde el Alarde finaliza su recorrido matinal. /F. DE LA HERA
Teodoro Lizari cumple 82 años en diciembre. Sólo hace cinco que dejó de desfilar después de 61 años en el frente. De ellos, quince los pasó como capitán de Ama Shantalen, compañía en la que se estrenó en el Alarde, en 1942, y a la que siguió fiel hasta 2003. Por todos los servicios prestados, la Asociación Compañía Ama Shantalen le rinde homenaje en el acto programado este domingo para celebrar el décimo aniversario de su constitución como tal, aunque su presencia en el Alarde date de 1919.
- Hoy en día, Shantalen tiene unos 600 componentes. Llegó a tener cerca de 700. ¿Era grande ya cuando usted la capitaneaba?
- Sí, teníamos cuatrocientos y pico soldados, pero hay que tener en cuenta que el Alarde de entonces no era tan grande.
- ¿Ha cambiado mucho?
- No tanto. Ahora es más numeroso, pero lo demás permanece. Han cambiado las personas en los cargos, pero el Alarde sigue siendo el que yo conocí en el año 1942.
- ¿Y la compañía? A Ama Shantalen le persigue una fama de gamberra, como de poco seria y de poco obediente...
- No es una fama merecida. Es una compañía de gente formal. Lo era entonces y lo sigue siendo. Siempre hay algún desparramado, como en todas las compañías, pero nada más que eso.
- Desfiló quince años al frente de esta compañía. ¿Cómo recuerda aquello?
- Lo recuerdo con cariño. Lo pasábamos realmente bien y había muy buena armonía. Salí al mando por primera vez en 1959 y dejé el sable en 1975, el año que mi hijo desfiló en la tropa, como soldado, por primera vez en su vida. Hubo un año, 1967, en el que no pude salir y fue Juanjo Aldako quien vistió galones de capitán.
- Veo que aún guarda el sable...
- En aquel tiempo no era tan sencillo como ahora tener un sable, había que pedírselo a alguien del ejercito o de la Guardia Civil. Así anduve los primeros años, hasta que acabe comprándole uno a un teniente de Pamplona. Con ése salí los últimos años y sí, lo guardo con mucho cariño.
- ¿En su época los ensayos de Shantalen eran tan largos como ahora?
- (sonríe) Sí, sí. Largos y con muchas paradas, pero nunca hubo problemas, a la gente le encantaba. A veces les decía 'hoy igual vamos a Ventas' y me decían 'pues vamos'. Nunca fuimos hasta allí, siempre tocábamos por el centro, pero ésa era la predisposición que había en la compañía. También era tradición, el día 30 a mediodía avisar a la cantinera de que por la tarde, cuando llegaba el momento de salir, la compañía se iba, con ella o sin ella. Nunca tuvimos que salir sin cantinera.
- Dejó el mando en manos de Carlos Moso.
- Era teniente conmigo, como su hermano Rafael. Yo lo cogí de Chana y lo dejé a Moso porque, por motivos de salud, no me veía en condiciones de continuar como capitán. Pero seguí desfilando, como soldado raso. Hay gente que después de salir de capitán se retira. Yo no lo hice. Me gustaba desfilar y seguí haciéndolo mientras pude, 28 años más, hasta 2003.
- Supongo que ahora ve el Alarde desde la privilegiada ventana que su casa tiene hacia la calle Larretxipi.
- No, qué va. Aquí viene la familia. Yo me bajo a la calle, a ver la Arrancada en la calle San Marcial. Es algo que echaba de menos cuando desfilaba, que no podía ver la Arrancada.
- El domingo le homenajean los suyos.
- El actual capitán, José Mari Oñatibia, me preguntó si me parecía bien, y le dije que claro que sí. Aunque en el año 94 ya me hicieron algo, pero no por capitán. Era el 75 aniversario de la primera vez que desfiló Ama Shantalen, hubo una cena con todas las cantineras y algunos más y me entregaron una reproducción del banderín de la compañía con un reconocimiento al soldado más veterano.
Hoy, ese banderín, enmarcado, preside el salón de su casa.
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