cáceres. DV. El Bruesa atravesó ayer la puerta de la esperanza, el umbral de la final. Hizo todo lo que debía para derrotar a un bloque sólido y compacto como el Breogán. No se dejó ninguna asignatura por cumplir. Cuando hizo falta, respondió para confirmar la tendencia al alza. Si resulta que estos dos meses han estado jugando al escondite de manera premeditada, habría que considerarlos unos pícaros admirables.
No habrá sido así, pero ayer nos sorprendieron a todos. Amaneció de pronto el mejor Bruesa de todo el año. Evidenció que bajo su brillante carrocería brama un motor de máxima cilindrada. Hoy (17.30 horas, Teledonosti) se lo jugará todo ante el Tenerife que ayer se deshizo del Alicante por 78-79.
Las prisas, las ansias, los temores fueron ayer cosa del Breogán. El Bruesa tuvo algo que ver. Esculpió un partido directo, recto, sin curvas en tres cuartas partes del mismo, pero agónico, con subidas al cielo y bajadas al infierno en el último; la montaña rusa más perversa imaginable. No será muy distinto hoy.
El Bruesa fue capaz de amasar una renta de quince puntos (63-48) segundos antes de cerrar el tercer cuarto, gracias a los que posiblemente fueran los mejores minutos toda la liga, pero todavía se tuvo que ver con la soga al cuello después de encajar un parcial demoledor de 4-20 (67-68, m.35) para jugárselo a la ruleta rusa. ¿O no?
Más bien no, porque en ese momento tan delicado tuvo paciencia, eligió la mejor decisión, y finiquitó como debía. Como lo hace el que se siente seguro de sí mismo.
El Bruesa venía cuesta abajo y el Breogán creía, ahora sí, en la victoria. No había podido hacerlo antes porque se sintió incapaz ante un Bruesa enorme, en defensa y acertado en ataque. Aquello iba camino de récord. Para frotarse los ojos. Llegar al descanso diez arriba (43-33) y entrar en el último acto doce pasos por delante (63-51) lo hubiera firmado cualquiera. Pero el Bruesa se atascó ante un inédito cinco gallego.
Ahí apareció Uriz para abrir otra vez la puerta de la esperanza. Dos penetraciones suyas resucitaron a los suyos para recuperar el mando y encarar el último minuto dos arriba (74-72). Calló el Breogán. No volvería a anotar. Sucumbió primero a la buena defensa colectiva del Bruesa, y sobre todo, al triple sobre la bocina de Panko, que sentenció a 59 segundos del bocinazo final (77-72).
El estadounidense no faltó a su cita. En los tres últimos partidos ha sido quien ha dado la estocada definitivo, en el último suspiro y desde la línea de triple. Pero para llegar a tener ese balón, el Bruesa gestionó con rigor y autoridad todos los recursos de que dispone.
El Breogán no supo adivinar quién era el asesino. Se percató tarde. Confundió sus pistas. No contó con Arco, Andrade y toda la tropa de secundarios que cuando entraron en escena fundieron los plomos al Breogán. Los 27 puntos que le endosó el Bruesa en el segundo cuarto condicionaron el resto del choque. Sin olvidar que al acierto adelante se unió una defensa inmensa. Bruesa dejó al Breogán en trece puntos en los minutos que van del 10 al 20. Menudo recital. Variantes defensivas -zona, presión tras tiro libre, ayudas, cambios de hombres- y todo ajustándose al guión. Mejor imposible.
Pablo Laso transmitió confianza y seguridad a los suyos. Todos se sintieron importantes. Y respondieron. Vaya que sí. El Bruesa de las mejores tardes volvió cuando debía. Desde atrás, como mandan los cánones. Los de Laso cogieron el mando en el minuto 11 y no lo soltaron más que en el 67-68. Por el camino se fueron creciendo. No dolieron ni la retirada obligada al banco de Hopkins, ni las cinco faltas de Doblas... El Bruesa estaba enchufado. Por mucho que tuviera quince de ventaja se esperaba la reacción del Breogán. Ésta llegó, pero el Bruesa estaba ahí para responder con el mazo.