DV. «A veces, la memoria me juega malas pasadas: no recuerdo dónde dejo las cosas y no me salen algunas palabras: ¿tendré Alzheimer?». Esta es una pregunta muy frecuente en las consultas de neurología. La respuesta no es inmediata. El médico debe someter al paciente a una evaluación más concluyente. Pero sí es cierto que la pérdida de memoria es el síntoma más precoz de esta enfermedad. Las demencias y, más específicamente el Alzheimer, se han convertido en uno de los problemas sanitarios más preocupantes de esta sociedad occidental que transita hacia un progresivo envejecimiento.
Cinco de cada cien personas mayores de 60 años sufren actualmente esta patología y se estima que dentro de veinte años se duplicará el porcentaje de enfermos. En Gipuzkoa hay entre 5.000 y 7.000 afectados, aunque las nuevas tecnologías están indicando que la cifra podría ser aún mayor.
Y es que las modernas técnicas de imagen que permiten determinar los depósitos de amiloide (una proteína cuyo acúmulo termina dañando las neuronas) señalan que una de cada tres personas mayores de 70 años presentan depósitos de esta proteína en mayor o menor grado y están en riesgo de padecer esta dolencia. La prevalencia, por tanto de la enfermedad podría ser mayor. Y el problema es que mientras el Alzheimer avanza, todavía hay muchos aspectos de este deterioro que se desconocen. Por todo ello merece la pena apoyar cualquier esfuerzo que permita ensanchar el conocimiento de esta enfermedad descubierta hace cien años por el médico alemán Alois Alzheimer, cuyas características más destacadas son esquemáticamente las siguientes:
Los primeros síntomas. El más frecuente es el problema de memoria. «que normalmente el afectado no percibe», según matiza el neurólogo de Policlínica Gurutz Linazasoro. «Por eso, cuando un paciente va a consulta y reconoce que le falla la memoria ya es un síntoma tranquilizador». Más preocupante es que no reconozca estas lagunas, que sí identifican sus familiares. «Como decía un colega, el problema no es que a uno se le olvide dónde ha dejado las llaves, sino que no se sepa para qué sirven». Pero efectivamente el síntoma inicial es un problema de memoria, que comienza con olvidos elementales, fundamentalmente de cosas que acaban de ocurrir. Otras veces, la enfermedad empieza con un problema del habla (dificultades para encontrar las palabras precisas para expresarse), con desorientación temporal y espacial (no aciertan a saber el día en que viven y se pierden en trayectos habituales), o con incapacidad para el cálculo mental (incluso llegan a olvidar para qué sirven los números). También suele acompañar a la enfermedad un cambio de personalidad (estas personas adoptan un comportamiento desconfiado y huraño) o cambios repentinos de humor sin motivo aparente.
Casos tempranos. A pesar de que los casos de aparición temprana de la enfermedad son muy impactantes, no hay motivos estadísticos que permitan determinar el avance de la demencia en edades más tempranas. El hecho de que aparezcan más casos en personas entre 50 y 60 años se relaciona con la mejora de las técnicas de diagnóstico. Pero, según mantienen los médicos, muchos de los casos de Alzheimer prematuro encuentran antecedentes familiares.
¿Qué ocurre en el cerebro?. Las autopsias a pacientes de Alzheimer fallecidos revelan que su cerebro se ha reducido tanto de peso como de volumen. Se aprecia una destrucción de neuronas debida a depósitos anómalos de una proteína denominada beta-amiloide, que a su vez producen una degeneración neurofibrilar. Al mismo tiempo se reducen los niveles cerebrales de una sustancia llamada acetilcolina, cuya misión consiste en facilitar la interconexión de las neuronas. Esta carencia se relaciona con el deterioro del sistema neuronal del que depende la memoria y la capacidad de aprender y de mantener una actividad intelectual. Sin embargo, lo que aún no se conoce de forma definitiva es el desencandenante del proceso neurodegenerativo, es decir, el origen de la enfermedad. Se han defendido diversas hipótesis, desde las que aluden a causas de tipo genético, hasta las que apuntan a un proceso infeccioso o incluso tóxico. Pero de momento no hay nada definitivo y habrá que seguir investigando en este terreno.
Fases de la enfermedad. Aunque no es posible detener el curso progresivo del Alzheimer, con las terapias cognitivas se está logrando ralentizar el deterioro. Existen diversas escalas que marcan fases del desarrollo de la enfermedad. Pero en general hay un momento de inicio marcado por síntomas leves (pérdidas de memoria, olvidos, pequeñas dificultades para mantener el ritmo de vida diario); sigue una fase de actividad moderada, en la que los síntomas aparecen con mayor claridad (dificultades en el lenguaje, desorientación espacial y temporal muy perceptible, dificultades incluso para vestirse o para la higiene personal). En esta etapa el paciente comienza a ser dependiente. Y la tercera fase es la final o terminal, en la que el paciente es absolutamente dependiente, pierde todo contacto con el mundo exterior y es incapaz de comunicarse. El paciente, como explica Gurutz Linazasoro, «acaba despersonalizándose, porque la enfermedad le aniquila como persona».
Tratamiento. Partiendo de la base de que no hay un tratamiento que pueda curar el Alzheimer, sí que existen diversas terapias que contribuyen a ralentizar la enfermedad. «No son milagrosas, pero estamos mejor que hace diez años», señala el neurólogo de Policlínica. Desde hace algunos años se está concediendo importancia a las terapias cognitivas, de apoyo y de tipo psicológico. Además, los médicos disponen ya de algunos fármacos que han demostrado una eficacia moderada. El problema, según destacan los especialistas, es que resulta muy difícil constatar la eficacia de estos medicamentos en el contexto de un empeoramiento progresivo. Es decir, que los familiares del enfermo siempre verán un continuo deterioro, pero es posible que esa situación hubiera sido aún peor de no haber seguido el tratamiento farmacológico. Están abiertas además numerosas líneas de investigación relacionadas con determinadas sustancias que en modelos animales han demostrado gran eficacia para recuperar memoria. Y por otro lado, los médicos conceden cierta importancia al entrenamiento de la memoria y a las capacidades cognitivas mediante el uso de técnicas debrain trainingo similares, aunque hay neurólogos, como Gurutz Linazasoro, que piensan que tan eficaz como un sofisticadobrain traininges «leer todos los díasEl Diario Vascointentado quedarse como los títulos más relevantes y más tarde, con el periódico cerrado, reproducirlos en un folio».