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RSS | ed. impresa | Regístrate | 22 noviembre 2008

Política

ATENTADO EN GETXO
ETA pone en marcha su mayor ofensiva desde el final del último alto el fuego

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ETA ha pisado el acelerador en los últimos días. El atentado de ayer en Getxo contra el Club Marítimo del Abra, en el que empleó más de sesenta kilos de amonitol, supone la culminación de una semana en la que asesinó, el pasado miércoles, al guardia civil Juan Manuel Piñuel e hirió a otros cuatro agentes tras hacer estallar una bomba con más de cien kilos de explosivos en el cuartel de la Guardia Civil de Legutiano. De manera previa, el lunes, había colocado en Hernani dos pequeños artefactos en sendas excavadoras de una empresa adjudicataria de las obras del TAV. Y en la madrugada de ayer lunes destruyó el Club Marítimo del Abra.
La secuencia de ataques se produce en los días previos a la reunión de hoy entre Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe. Precisamente, la oleada de ataques llega en el momento en el que el lehendakari está insistiendo en que se debe hacer política como si ETA no existiera. Según todos los expertos, una demostración de fuerza de este tamaño era lo que la organización buscaba desde la ruptura del alto el fuego en julio del año pasado. Sin embargo, los golpes policiales hicieron fracasar la primera parte de su ofensiva, con la desarticulación en la localidad francesa de Cahors del laboratorio de explosivos de la organización. En ese momento, la principal actividad de ETA se sustentaba en el envío de vehículos cargados de explosivo desde Francia.
La actual oleada de atentados, sin embargo, está corriendo a cargo de varios liberados -a sueldo de la organización- entre los que han sido identificados Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea. Ambos fueron detectados en agosto del pasado año, cuando colocaron un coche bomba en el cuartel de la Guardia Civil de Durango. Los expertos de la lucha antiterrorista sospechan que los etarras ya contaban en ese momento con grupos de apoyo en Euskadi que habrían reclutado durante la tregua. Desde el verano, los etarras se habrían dedicado a poner a punto su red hasta llegar al momento actual. Ese plazo de varios meses se considera normal en una organización que vive obsesionada por su seguridad.
En esta implantación territorial, la margen derecha de la ría de Bilbao parece haber sido uno de los núcleos de máxima actividad. En diciembre del año pasado ETA preparó una compleja bomba trampa contra los artificieros de la Er-tzaintza en los juzgados de Getxo. En febrero, un viandante localizó un barril de cerveza con treinta kilos de amonitol cerca del club hípico La Galea.
La bomba era similar a la que estalló la madrugada de ayer en El Abra, ya que se cree que en el atentado se utilizó algún tipo de cilindro metálico para direccionar la carga y conseguir que la devastación fuese mayor. Asimismo, el coche utilizado por los etarras para huir tras el atentado de Legutiano había sido robado en Berango. La bomba que estalló ayer estaba oculta en un Citroën Berlingo que había sido sustraído la víspera por la tarde en Getxo. Ese dato revela que el artefacto fue montado en la citada localidad horas antes. El liberado Arkaitz Goikoetxea vivió en la citada localidad vizcaína hasta su huida hace tres años.
Jurdan Martitegi, por su parte, está vinculado a Durango, otro de los puntos en los que se ha movido el comando. Según el análisis policial, el comando contaría con una base en la zona fronteriza entre Gipuzkoa y Vizcaya, desde la que han preparado atentados como el que le costó la vida al ex edil socialista Isaías Carrasco, asesinado el 7 de marzo en Mondragón, o los llevados a cabo contra los juzgados de Bergara o la casa del pueblo de Elgoibar.
Red logística
Las Fuerzas de Seguridad, por otra parte, sospechan que la organización actúa con una infraestructura que podría ser distinta a la que habían empleado hasta la tregua. En diciembre del año pasado fue detenido en Durango Gorka Lupiáñez, un presunto etarra al que habían encargado poner en marcha una red logística encargada de abastecer de explosivos y armas a los comandos.
Este arresto fue el primer indicio de que ETA estaba operando de una forma nueva. En lugar de encargarse cada comando de su suministro, los terroristas pretendían crear una red asentada en el País Vasco y encargada de abastecer a los etarras desde los arsenales franceses. Los expertos barajan la posibilidad de que la organización haya conseguido poner en marcha esta red, con lo que los comandos se asegurarían una mayor cadencia de atentados ya que no tendrían problemas a la hora de reponer el material empleado en sus acciones. Los expertos coinciden que tanto este núcleo como la actividad de los liberados se basa en una trama de legales -no fichados- que dificulta las investigaciones. n
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