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RSS | ed. impresa | Regístrate | 21 marzo 2010

Política

POLÍTICA
Abrazos contra el olvido
19.05.08 -

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SAN SEBASTIÁN.DV. Maixabel Lasa enfila con paso decidido la avenida de La Zurriola. Vestida de negro, cruza la carretera hacia el Kursaal y se funde en un cálido abrazo con Marian Romero, viuda del ex concejal socialista Isaías Carrasco, asesinado por ETA el pasado 7 de marzo en Arrasate. El emotivo saludo se extiende al resto del grupo que espera a las puertas del auditorio donostiarra, entre ellos Ainara, una de las hijas del edil, Rafaela Romero, presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa; el dirigente socialista Rodolfo Ares, y Francisco García Raya, portavoz del PSE en Arrasate. Las cámaras se revuelven de inmediato y clavan su objetivo como testigos indiscretos del encuentro. Son las diez de la mañana. El segundo homenaje a las víctimas del terrorismo está a punto de comenzar.
Los abrazos se repiten infinitos dentro del auditorio, donde se agolpan más de quinientas personas venidas de toda España. Viudas, hijos, hermanos, nietos, amigos, heridos... Todas comparten el dolor de la barbarie más incompresible. «Hola Amaia, ¿qué tal estás?». Es Mari Carmen Araolaza, viuda de Jaime Arrese, el alcalde de Elgoibar por UCD asesinado en 1980, que conversa con Amaia Guridi. Las dos se conocieron tras el asesinato de Santiago Oleaga, director financiero de EL DIARIO VASCO y, como muchas otras víctimas, ahora son estrechas compañeras en una travesía que nunca desearon vivir. El homenaje también les reencuentra con la familia de Joxe Mari Korta, asesinado por ETA el 8 de agosto de 2000. Visiblemente emocionados, la viuda, Marian Zearreta, y la veintena de allegados del empresario esperan con discreción su turno para saludar a los representantes políticos, encabezados por el lehendakari Juan José Ibarretxe, la presidenta del Parlamento Vasco, Izaskun Bilbao y la directora de la Oficina de Atención a las Víctimas, Maixabel Lasa. A su lado, el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga; su homólogo en Vivienda y Asuntos Sociales, Javier Madrazo, los parlamentarios jeltzales Gema Gonzalez de Txabarri y Ricardo Gatzagaetxebarria y Antton Karrera, de EB. Cerraban la bienvenida institucional Rafael Larreina, de EA, los socialistas Rodolfo Ares y Jesús Loza, y Aintzane Ezenarro, de Aralar.
Emoción desbordada
Los saludos se desquitaron del protocolo en una sala reservada para los invitados, al margen de los flashes y de las cámaras de televisión. El periodista Gorka Landaburu departió varios minutos con la presidenta de la Asociación de víctimas del 11-M, Pilar Manjón. A escasos metros, el lehendakari atendía a varias víctimas, quienes le mostraron su «preocupación» tras aprobarse en la Cámara vasca la moción sobre las torturas con los votos del tripartito, Aralar y EHAK. «Nos ha escuchado educadamente. No le hemos hecho ningún reproche. Sólo le hemos dicho que no se puede jugar a dos bandas. O se está con las víctimas o con los verdugos», explicaba una viuda de un guardia civil asesinado por ETA, que quiso guardar el anonimato. José Vargas, de la asociación catalana de víctimas, recordaba junto a varios damnificados cómo discurrió el primer homenaje, celebrado el año pasado en Bilbao. Reconocía lo «doloroso» del momento, escasos días después del atentado de Legutiano, en el que falleció el guardia civil José Manuel Piñuel. «Nadie nos va a callar. Ni antes, ni ahora ni nunca», manifestaba con rotundidad.
La emoción se desbordó por completo con los discursos y testimonios que se sucedieron ya en el auditorio. El público aplaudió primero al científico Pedro Miguel Etxenike, escuchó el relato de Michael Gallagher, cuyas palabras no fueron finalmente traducidas por un «error informático», y se puso en pie tras la rotunda intervención de Maixabel Lasa, que recibió un sincero aplauso durante varios minutos, al que la propia Maixabel respondió con más palmas de agradecimiento. Las palabras entrecortadas del guardia civil Leoncio Sainz enmudecieron a todos. Fue uno de los momentos más emotivos y una lección de dignidad que repitieron con sus testimonios Santos Santamaría, Jesús María Arana e Iñaki García Arrizabalaga.
Subieron también al escenario Clara Campos, José Marcos Ferreiro, Amalia García Mora, Lucía Nieves Valverde, Dolores Martín, Montserrat Morales y Marian Romero, que recibieron un recuerdo del homenaje con el público en pie.
Desde la primera fila no perdieron detalle los consejeros del Gobierno Vasco, el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, junto al diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano y varios diputados. El Ararteko Iñigo Lamarca y el presidente de Eudel Jokin Bildarratz tampoco se quisieron perder el homenaje. Compartieron fila el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, sentado junto al secretario del PSE, Patxi López y el presidente de EA, Unai Ziarreta. También estuvieron el presidente del GBB, Joseba Egibar, el ex lehendakari José Antonio Ardanza, los socialistas Ernesto Gasco y Arritxu Marañón; Mari Paz Artolazabal, viuda de José Luis López de la Calle; Cristina Sagarzazu, viuda del ertzaina Montxo Doral; el catedrático de la UPV Enrique Echeburúa; el ex consejero Inaxio Oliveri; Daniel Múgica, hijo del edil de UPN de Leitza José Javier Múgica y una larga lista de víctimas.
Vidas cruzadas
La banda de txistularis de Donostia cerró el homenaje con la pieza musical Le basque Bixcayenne. Con los últimos compases se levantó de la butaca Gerardo Suárez Arias, víctima del Batallón Vasco Español en 1977. Cruzó varias filas y se fundió en un abrazo con Clara Campos, cuyo marido fue asesinado por ETA tal día como ayer de hace treinta años. El día del funeral a Gerardo le dispararon durante una manifestación en Donostia. «Dudé en aceptar la invitación -se sinceró el hombre-, pero he querido conocer a la familia de Manuel Orcera de la Cruz, porque ellos también son víctimas. Que nuestro abrazo sirva como ejemplo de reconciliación».
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