SAN SEBASTIÁN.DV. Maixabel Lasa enfila con paso decidido
la avenida de La Zurriola. Vestida de negro, cruza la
carretera hacia el Kursaal y se funde en un cálido
abrazo con Marian Romero, viuda del ex concejal
socialista Isaías Carrasco, asesinado por ETA el pasado
7 de marzo en Arrasate. El emotivo saludo se extiende al
resto del grupo que espera a las puertas del auditorio
donostiarra, entre ellos Ainara, una de las hijas del
edil, Rafaela Romero, presidenta de las Juntas Generales
de Gipuzkoa; el dirigente socialista Rodolfo Ares, y
Francisco García Raya, portavoz del PSE en Arrasate. Las
cámaras se revuelven de inmediato y clavan su objetivo
como testigos indiscretos del encuentro. Son las diez de
la mañana. El segundo homenaje a las víctimas del
terrorismo está a punto de comenzar.
Los abrazos se repiten infinitos dentro del auditorio,
donde se agolpan más de quinientas personas venidas de
toda España. Viudas, hijos, hermanos, nietos, amigos,
heridos... Todas comparten el dolor de la barbarie más
incompresible. «Hola Amaia, ¿qué tal estás?». Es Mari
Carmen Araolaza, viuda de Jaime Arrese, el alcalde de
Elgoibar por UCD asesinado en 1980, que conversa con
Amaia Guridi. Las dos se conocieron tras el asesinato de
Santiago Oleaga, director financiero de EL DIARIO VASCO
y, como muchas otras víctimas, ahora son estrechas
compañeras en una travesía que nunca desearon vivir. El
homenaje también les reencuentra con la familia de Joxe
Mari Korta, asesinado por ETA el 8 de agosto de 2000.
Visiblemente emocionados, la viuda, Marian Zearreta, y
la veintena de allegados del empresario esperan con
discreción su turno para saludar a los representantes
políticos, encabezados por el lehendakari Juan José
Ibarretxe, la presidenta del Parlamento Vasco, Izaskun
Bilbao y la directora de la Oficina de Atención a las
Víctimas, Maixabel Lasa. A su lado, el consejero de
Justicia, Joseba Azkarraga; su homólogo en Vivienda y
Asuntos Sociales, Javier Madrazo, los parlamentarios
jeltzales Gema Gonzalez de Txabarri y Ricardo
Gatzagaetxebarria y Antton Karrera, de EB. Cerraban la
bienvenida institucional Rafael Larreina, de EA, los
socialistas Rodolfo Ares y Jesús Loza, y Aintzane
Ezenarro, de Aralar.
Emoción desbordada
Los saludos se desquitaron del protocolo en una sala
reservada para los invitados, al margen de los flashes y
de las cámaras de televisión. El periodista Gorka
Landaburu departió varios minutos con la presidenta de
la Asociación de víctimas del 11-M, Pilar Manjón. A
escasos metros, el lehendakari atendía a varias
víctimas, quienes le mostraron su «preocupación» tras
aprobarse en la Cámara vasca la moción sobre las
torturas con los votos del tripartito, Aralar y EHAK.
«Nos ha escuchado educadamente. No le hemos hecho ningún
reproche. Sólo le hemos dicho que no se puede jugar a
dos bandas. O se está con las víctimas o con los
verdugos», explicaba una viuda de un guardia civil
asesinado por ETA, que quiso guardar el anonimato. José
Vargas, de la asociación catalana de víctimas, recordaba
junto a varios damnificados cómo discurrió el primer
homenaje, celebrado el año pasado en Bilbao. Reconocía
lo «doloroso» del momento, escasos días después del
atentado de Legutiano, en el que falleció el guardia
civil José Manuel Piñuel. «Nadie nos va a callar. Ni
antes, ni ahora ni nunca», manifestaba con rotundidad.
La emoción se desbordó por completo con los discursos y
testimonios que se sucedieron ya en el auditorio. El
público aplaudió primero al científico Pedro Miguel
Etxenike, escuchó el relato de Michael Gallagher, cuyas
palabras no fueron finalmente traducidas por un «error
informático», y se puso en pie tras la rotunda
intervención de Maixabel Lasa, que recibió un sincero
aplauso durante varios minutos, al que la propia
Maixabel respondió con más palmas de agradecimiento. Las
palabras entrecortadas del guardia civil Leoncio Sainz
enmudecieron a todos. Fue uno de los momentos más
emotivos y una lección de dignidad que repitieron con
sus testimonios Santos Santamaría, Jesús María Arana e
Iñaki García Arrizabalaga.
Subieron también al escenario Clara Campos, José Marcos
Ferreiro, Amalia García Mora, Lucía Nieves Valverde,
Dolores Martín, Montserrat Morales y Marian Romero, que
recibieron un recuerdo del homenaje con el público en
pie.
Desde la primera fila no perdieron detalle los
consejeros del Gobierno Vasco, el alcalde de San
Sebastián, Odón Elorza, junto al diputado general de
Gipuzkoa, Markel Olano y varios diputados. El Ararteko
Iñigo Lamarca y el presidente de Eudel Jokin Bildarratz
tampoco se quisieron perder el homenaje. Compartieron
fila el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, sentado junto
al secretario del PSE, Patxi López y el presidente de
EA, Unai Ziarreta. También estuvieron el presidente del
GBB, Joseba Egibar, el ex lehendakari José Antonio
Ardanza, los socialistas Ernesto Gasco y Arritxu
Marañón; Mari Paz Artolazabal, viuda de José Luis López
de la Calle; Cristina Sagarzazu, viuda del ertzaina
Montxo Doral; el catedrático de la UPV Enrique
Echeburúa; el ex consejero Inaxio Oliveri; Daniel
Múgica, hijo del edil de UPN de Leitza José Javier
Múgica y una larga lista de víctimas.
Vidas cruzadas
La banda de txistularis de Donostia cerró el homenaje
con la pieza musical Le basque Bixcayenne. Con los
últimos compases se levantó de la butaca Gerardo Suárez
Arias, víctima del Batallón Vasco Español en 1977. Cruzó
varias filas y se fundió en un abrazo con Clara Campos,
cuyo marido fue asesinado por ETA tal día como ayer de
hace treinta años. El día del funeral a Gerardo le
dispararon durante una manifestación en Donostia. «Dudé
en aceptar la invitación -se sinceró el hombre-, pero he
querido conocer a la familia de Manuel Orcera de la
Cruz, porque ellos también son víctimas. Que nuestro
abrazo sirva como ejemplo de reconciliación».