Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la UPV, es un optimista histórico: considera que la especie humana camina hacia mejor. «Si el hombre fuera realmente un lobo para el hombre, como decía Hobbes, la humanidad habría desaparecido hace tiempo», sentencia. Y tiene mérito que lo diga este prestigioso profesor porque sus estudios se han centrado sobre todo en el lado más oscuro de la condición humana. Ha investigado la pederastia, el maltrato a mujeres, las patologías mentales... En esta entrevista, mantenida en su pequeño despacho del campus universitario de Ibaeta, repasa la otra cara de la crónica negra que nos invade.
- Los sucesos macabros, desde la muerte de la pequeña Mari Luz al llamado 'monstruo' de Austria, asaltan a la opinión pública. ¿El ser humano es cada vez peor o simplemente el público es más morboso?
- Los sucesos tortuosos generan desde siempre una fascinación. Cuando se produce un accidente de coche siempre hay gente arremolinada alrededor. Es inherente al ser humano. Pero otra cosa es que se explote comercialmente por algunos medios de comunicación que alientan las bajas pasiones para vender más o cosechar mayor audiencia. No hay más sucesos que antes: lo que ocurre es que los medios son hoy globales e inmediatos. Todo eso conduce a veces a la sensación de que vivimos en una sociedad donde domina el mal y que camina hacia la autodestrucción, pero esa percepción no es real. El mundo está lleno de personas que procuran el bien a quienes le rodean; simplemente resulta que eso no es noticia. Y una cuota de violencia siempre será inevitable: va en nuestra condición.
- El caso de la llamada violencia doméstica es paradigmático: ha pasado de ser casi invisible a llenar los telediarios.
- No tenemos datos ciertos para saber si la violencia doméstica ha aumentado o no en las últimas décadas. Sucede que antes la violencia doméstica estaba circunscrita al interior del hogar: era una violencia privada. La mujer vivía sumisa, no generaba ingresos económicos, carecía de independencia y tragaba con todo. Más aún, a veces se sentía hasta culpable de provocar las iras de su marido. Por fortuna, esto ha cambiado en los últimos veinte años: la mujer ha transformado su rol. Pero muchos hombres crecieron con los viejos valores y no han sabido adaptarse, pasar del rol autoritario a una relación simétrica. Eso podría explicar cierta eclosión de la violencia doméstica. Se ha asumido la democracia en el ámbito político pero no en la vida privada.
- ¿El hecho de que los medios informen de los casos puede provocar un 'efecto contagio'?
- Los medios han desarrollado un papel positivo y negativo. Cuando han sacado a relucir los casos más graves, como asesinatos o palizas terribles, han concienciado a muchas mujeres que sufrían en soledad y han entendido que su problema no era único, sino más amplio. Así han pedido ayuda y han puesto medidas para poner fin a su sufrimiento. Pero a la vez, como digo, la violencia ejerce fascinación y algunos medios ponen excesivamente el foco en estos sucesos hasta el punto de que pueden dar «ideas» a algunos hombres.
- Usted ha colaborado en numerosos programas relativos a este problema. ¿Caben más medidas para frenar ese goteo interminable?
- La ley de violencia de género aprobada en diciembre de 2004 es positiva y va por el buen camino, pero no se ha desarrollado lo suficiente. No soy partidario de nuevas leyes o de crear listas de maltratadores, basta con desarrollar la ley que ya existe. Es fundamental la prevención en la familia o la escuela, que se eliminen los estereotipos machistas o de desigualdad que se dan ya en el ámbito de la infancia.
- Haca un mes nos sacudió el caso del 'monstruo de Austria', que concibió hijos con su propia hija y escondió a todos en un sótano durante años. La gente se pregunta: ¿cómo son posibles seres así?
- Hay que partir del hecho de que hay gente sencillamente mala a la que no debemos llamar «loca» porque eso es un insulto para los enfermos mentales. Sí hay casos psicopatológicos en los que algunas personas cometen barbaridades porque no tienen control mental de lo que hacen. Por ejemplo, recuerdo el caso de Noelia Mingo, la médico residente que mató a tres personas porque pensó que eran demonios. Esa persona tenía un trastorno mental. Pero hay otras gentes que llegan a desarrollar un nivel de maldad, con conductas destructivas, simplemente para satisfacer sus deseos o sus pasiones, y que no experimentan ningún sentimiento de culpa. Pueden cometer un asesinato y luego comerse una hamburguesa sin remordimiento.
- Pero eso llama la atención...
- El común de las personas nos comportamos «bien» no por temor a la Policía o a los jueces, sino porque tenemos una conciencia que nos da un sentimiento de culpa. Es como una policía interna. Los psicópatas tienen un trastorno de personalidad, con ausencia de sentimientos de culpa, y utilizan a quienes le rodean como «cosas» de las que valerse para satisfacer sus deseos.
- ¿Cómo una persona llega a ser un psicópata?
- Aún faltan mayores investigaciones pero hay dos variables que se suelen repetir. Una, haber sido víctima de abuso sexual o maltrato infantil sintomático por parte de su padre, padrastro o alguien próximo. Eso interfiere de forma muy negativa en el desarrollo de la persona, sobre todo entre los 6 y los 10 años. Esos niños aprenden que la utilización de la violencia es válida para lograr sus aspiraciones. Otra línea de investigación apunta que algunos traumatismos craneoencefálicos en la infancia pueden desembocar en conductas así. Y en el caso de desviaciones sexuales de adultos, se ha observado el papel importante que juegan las primeras excitaciones que experimentaron: si sus fantasías masturbatorias asociaban sexo y violencia, reproducen ese esquema posteriormente.
- Sorprende que se repitan con tanta frecuencia los casos de redes de pederastia por internet.
- No hay tanta gente: son pocos pero muy activos, y con una gran capacidad de hacer daño. Internet, además, ofrece anonimato y globalidad: nos podemos encontrar con que el servidor de la red puede estar en el Este de Europa, los usuarios en España y las víctimas en América latina. ¿Cómo se llega a la pedofilia? En sentido estricto pedófilo es quien se excita de forma casi exclusiva con niños o niñas y muestra indiferencia por los adultos, y esa inclinación se suele generar en la propia infancia. Pero hay otro tipo de pedófilo, que podemos llamar «situacional»: es gente adicta al sexo, consumidora de pornografía o usuaria de prostíbulos, y que está «de vuelta de todo» y a la búsqueda de nuevas opciones. Buscan sexo con niños simplemente por probar algo distinto.
- Si se pudiera generalizar, ¿los vascos gozamos de buena salud mental?
- La misma que cualquier sociedad europea. No nos diferenciamos de Baviera o Lombardía, por ejemplo. En torno al 15% o 20% de la población sufre algún problema en sentido amplio, y la esquizofrenia se da en un 1% de las personas. Sí es cierto que en el País Vasco arrastramos desde hace treinta años la losa del terrorismo, que genera ansiedad y problemas en los más directamente implicados. Pero la sociedad vasca, como cualquier sociedad humana, tiene una enorme capacidad de adaptación y ha sabido mantenerse viva y activa a pesar de los asesinatos.
- No deja de ser curioso que un lugar donde ha golpeado tanto la violencia mantenga los primeros puestos en desarrollo económico...
- Sí, es un país que se podía haber venido abajo y ha mantenido su creatividad y su dinamismo. La cuestión que merecería estudiarse a fondo. No creo que se deba a supuestas identidades históricas de hace 4.000 años, sino al pasado más reciente y la industrialización, El culto al trabajo, la capacidad de iniciativa, el no arredrarse ante las dificultades... Es el país de las cooperativas de Mondragón y el que inundó el mundo de misioneros y goza hoy de tantos voluntarios en oenegés. Hay una actitud optimista pese al azote del terrorismo. Y en la vidas privadas, un aprendizaje continuo de la convivencia.n