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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2009

Pelota

DEPORTES
Las flechas ganan a los cañones
18.05.08 -

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Las flechas ganan a los cañones
Oinatz Bengoetxea vuela para tratar de llevar la pelota a buena en el txoko. [JOSÉ CARLOS CORDOVILLA]
Pamplona. DV. Oinatz Bengoetxea alcanzó la final del Manomanista de Primera al derrotar 16-22 a Asier Olaizola en la primera semifinal, ayer en el Labrit de Pamplona. Más importante aún. El delantero de Leitza se ha ganado el corazón de los pelotazales con determinación, casta y buen hacer. Hasta Elías, el nonagenario encargado del marcador en el Beotibar de Tolosa, que acude al frontón con mayor frecuencia ahora que cuando tenía 40 años, saltaba de júbilo con cada tanto de Oinatz. «¡Venga txiki», le gritaba.
Es finalista con sus 78 kilos de peso y su 1,77 de estatura ante rivales que superan los 80 kilos y el 1,80 de estatura. Ya ha despachado a tres de ésos. Le queda sólo uno, Barriola o Gonzalez, de características similares a Leiza y los hermanos Olaizola, familia a la que Oinatz ha aguado la fiesta.
Bengoetxea VI interpreta a un apache en la película de este Manomanista, un western que amenaza con tener un final distinto al habitual, es decir, que a la conclusión del film el apache sea el único superviviente en lugar del sheriff o del general yanqui. Oinatz se presentó al campeonato con el arco cruzado al hombro y un carcaj lleno de flechas. Enfrente, armas de fuego, todas potentes, sofisticadas algunas. El apache, a pecho descubierto, escurridizo, ágil encima del caballo, sin pinturas de guerra pero con ganas de pelea.
Iñigo Leiza le plantó batalla con un rifle winchester en sus brazos. Disparó y disparó. Oinatz aguantó y aguantó para terminar por derrotarle físicamente. Aimar Olaizola acudió confiado en su ametralladora. Bengoetxea esquivó todos los disparos y, cuando vio la oportunidad, le clavó la flecha.
Asier Olaizola quería vengarse de su hermano y entró en el Labrit con sus cañones, dispuesto a soltar obuses y bombas. Lo consiguió en la remontada del 3-12 al 15-12 con una pelota de calibre, pesada, que complicó la vida al apache. Sin embargo, no le remató y Oinatz demostró que está acostumbrado a recorrer las montañas que rodean su aldea, los valles en los que pastan los bisontes, que caza con flechas. Y Asier sucumbió.
Fue un partido de rachas, condicionado por el material. En tres de los cinco primeros tantos cruzaron a buena más de quince pelotazos. Olaizola I, adelantado 3-1, vio cómo Oinatz sacó su pelota, rápida y ligera, para meter la directa. Cuatro saques y acciones rápidas que descolocaron a Asier le permitieron escaparse 3-12.
Pelotas diferentes
Una parada en el txoko defectuosa permitió al de Goizueta recuperar el saque y su pelota, lenta a la vez que pesada. Con los pies bien asentados en el suelo, dominó de derecha, cruzó la pelota a la pared izquierda para impedir que Bengoetxea entrara de sotamano -su arma preferida- y dio la vuelta al tanteador: 15-12.
Con 16-14 se jugó el tanto más largo del choque, de veintidós pelotazos. Oinatz acabó con un dos paredes y con la resistencia de un Asier ya pesado de piernas. Tras el 16-17 agotó el cupo de descansos ya que pidió el quinto. El piloto de la reserva estaba encendido y llegaron cuatro tantos de saque consecutivos de Oinatz. Totalizó diez. Sólo tuvo que pelotear en el último tanto para firmar la victoria por 16-22. Las flechas derrotaron a los cañones.
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