Pamplona. DV. Oinatz Bengoetxea alcanzó la final del
Manomanista de Primera al derrotar 16-22 a Asier
Olaizola en la primera semifinal, ayer en el Labrit de
Pamplona. Más importante aún. El delantero de Leitza se
ha ganado el corazón de los pelotazales con
determinación, casta y buen hacer. Hasta Elías, el
nonagenario encargado del marcador en el Beotibar de
Tolosa, que acude al frontón con mayor frecuencia ahora
que cuando tenía 40 años, saltaba de júbilo con cada
tanto de Oinatz. «¡Venga txiki», le gritaba.
Es finalista con sus 78 kilos de peso y su 1,77 de
estatura ante rivales que superan los 80 kilos y el 1,80
de estatura. Ya ha despachado a tres de ésos. Le queda
sólo uno, Barriola o Gonzalez, de características
similares a Leiza y los hermanos Olaizola, familia a la
que Oinatz ha aguado la fiesta.
Bengoetxea VI interpreta a un apache en la película de
este Manomanista, un western que amenaza con tener un
final distinto al habitual, es decir, que a la
conclusión del film el apache sea el único superviviente
en lugar del sheriff o del general yanqui. Oinatz se
presentó al campeonato con el arco cruzado al hombro y
un carcaj lleno de flechas. Enfrente, armas de fuego,
todas potentes, sofisticadas algunas. El apache, a pecho
descubierto, escurridizo, ágil encima del caballo, sin
pinturas de guerra pero con ganas de pelea.
Iñigo Leiza le plantó batalla con un rifle winchester en
sus brazos. Disparó y disparó. Oinatz aguantó y aguantó
para terminar por derrotarle físicamente. Aimar Olaizola
acudió confiado en su ametralladora. Bengoetxea esquivó
todos los disparos y, cuando vio la oportunidad, le
clavó la flecha.
Asier Olaizola quería vengarse de su hermano y entró en
el Labrit con sus cañones, dispuesto a soltar obuses y
bombas. Lo consiguió en la remontada del 3-12 al 15-12
con una pelota de calibre, pesada, que complicó la vida
al apache. Sin embargo, no le remató y Oinatz demostró
que está acostumbrado a recorrer las montañas que rodean
su aldea, los valles en los que pastan los bisontes, que
caza con flechas. Y Asier sucumbió.
Fue un partido de rachas, condicionado por el material.
En tres de los cinco primeros tantos cruzaron a buena
más de quince pelotazos. Olaizola I, adelantado 3-1, vio
cómo Oinatz sacó su pelota, rápida y ligera, para meter
la directa. Cuatro saques y acciones rápidas que
descolocaron a Asier le permitieron escaparse 3-12.
Pelotas diferentes
Una parada en el txoko defectuosa permitió al de
Goizueta recuperar el saque y su pelota, lenta a la vez
que pesada. Con los pies bien asentados en el suelo,
dominó de derecha, cruzó la pelota a la pared izquierda
para impedir que Bengoetxea entrara de sotamano -su arma
preferida- y dio la vuelta al tanteador: 15-12.
Con 16-14 se jugó el tanto más largo del choque, de
veintidós pelotazos. Oinatz acabó con un dos paredes y
con la resistencia de un Asier ya pesado de piernas.
Tras el 16-17 agotó el cupo de descansos ya que pidió el
quinto. El piloto de la reserva estaba encendido y
llegaron cuatro tantos de saque consecutivos de Oinatz.
Totalizó diez. Sólo tuvo que pelotear en el último tanto
para firmar la victoria por 16-22. Las flechas
derrotaron a los cañones.