Lástima que sólo resten cuatro partidos, porque,
desgranando la euforia del realismo, creo que nos puede
faltar tiempo. Un pinchazo del Málaga allanaría mucho el
camino, y esta semana será menos agónica que la pasada,
cuando ni siquiera sacamos del cajón la calculadora.
Aunque como decía un compañero, hacer cálculos a estas
alturas no sirve de nada. El Sporting parecía destinado
a no perdonar un partido, y ayer, ante una multitud, no
fue capaz de marcar un gol. El Málaga, por otro lado,
parecía herido de muerte tras la genial victoria de la
Real en su feudo, y a la semana siguiente, con un gol en
contra y en Vigo, remonta y nos rompe los esquemas.
Tenemos opciones, que no es poco. Cuatro victorias
valdrán. Lástima, como decía, que no tenemos derecho a
fallo. Pero piano piano. 15 de junio, que diría el amigo
Lillo.
Dos días después de esta fecha, el presidente de la Real
se enfrenta a su primera Junta. El ascenso se lleva
muchos minutos de mis pensamientos, pero también lo
hacen las promesas con las que el mandatario txuri urdin
convenció a una amplia mayoría, algunas de las cuales ya
tienen la etiqueta de «crecepelo». Zigic, Aiestaran,
Irureta, hablar de Capello para que al final llegara
Eizmendi, el acuerdo con las televisiones para emitir
todos los partidos de fuera de casa, Beijing 2008, sacos
de dinero procedentes de China -lo que ha ofrecido es un
préstamo y un aumento de deuda-, su oferta a Odón Elorza
que nunca llegó... La resaca de un hipotético ascenso no
dejará tiempo para analizar todas sus promesas. Viene
bien ir reflexionando, para evitar caer en los mismos
errores y llorar por los mismos dolores. Por eso digo:
«Presidente, envíe a su cámara al aeropuerto de Beijing
para que nos muestre imágenes de cómo marchan las obras
de las tiendas antes de la Junta. Para que no pensemos
son crecepelo». Habló durante la campaña de que tardaría
55 días en ponerlas en marcha. Han pasado 135 y ha dado
un plazo posterior a la Junta, 7 de julio. Sospechoso.
No me haga pensar que se inspiró en la película de
Charlton Heston y Ava Gardner, 55 días en Pekín. Si nada
de esto es cierto -¿recuerdan los 5,5 millones de
camisetas?- sería imperdonable.