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OPINIÓN
Un año de homofobia
17.05.08 -

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Han pasado 18 años desde que la OMS retiró del catálogo de enfermedades mentales la homosexualidad. 187 años desde que gays y lesbianas han pasado de ser consideradas-os enfermas-os mentales a ir adquiriendo derechos e igualdad en algunos países europeos; sin embargo, ésta es una realidad incompleta. A pesar de los avances la homofobia y la transfobia, la vulneración de los derechos humanos por la orientación sexual y la identidad de género siguen estando presentes en nuestro mundo.
En mayo de 2.007 Nahomy Otero, una travesti hondureña, fue detenida y agredida por la Policía, al considerar un coronel de la Policía Local de San Pedro que no debía transitar por una zona de la ciudad por ser travesti y ser la misma «para gente normal y decente». En junio de 2.008 la manifestación del orgullo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Bolivia fue atacada con una bomba que causó 6 heridos. En julio de 2.007, un joven iraní de 21 años huido de su país por ser homosexual y refugiado en Francia estuvo a punto de ser deportado a Irán en donde le espera una muerte más que segura. En agosto de 2.007 Pegah Emambakhsh, lesbiana de origen iraní que salió de su país tras ser su pareja detenida, torturada y condenada a morir lapidada por mantener una relación afectiva con otra mujer, fue detenida por las autoridades inglesas con la intención de ser deportada a Irán donde le esperaba la lapidación. Durante el año 2007, el crimen de Pelusa Liendre, transexual argentina que denunció agresiones y extorsiones por parte de la Policía, y tiempo después apareció asesinada en extrañas circunstancias, este crimen todavía no ha sido aclarado a pesar de la sospecha que persiguen a las fuerzas de seguridad. Pero no vayamos tan lejos. Este mismo mes, un ciudadano francés ha perdido su nacionalidad al contraer matrimonio en Holanda con otro hombre. Esta situación jamás se hubiese producido en caso de ser un matrimonio entre personas de diferente sexo.
En abril de 2008 una adolescente lesbiana de Cataluña fue cambiada de centro escolar tras meses de acoso y agresiones por parte de sus compañeros y compañeras. En diciembre de 2007 David, un joven homosexual de 19 años, denunció las agresiones recibidas por parte de otros tres chicos: como resultado contusiones y dos contracturas, en pierna y cuello. Mayo de 2008, Feria de Jerez, tres jóvenes preguntan a otros por la caseta de Jerelesgay, el colectivo de homosexuales y transexuales de la ciudad, otro grupo escucha la conversión, al grito de «maricones» y «te voy a matar» la emprenden a golpes contra los jóvenes que preguntaban por la ubicación de la citada caseta.
Esto no son nada más que pequeños apuntes o pinceladas de la situación que todavía hoy viven miles de lesbianas, gays y transexuales del mundo. Estos son los visibles, los que tomando valor se atreven a denunciar, los que llegan al conocimiento de los colectivos o los medios de comunicación. Pero hemos de ser conscientes de que tras una agresión denunciada, existen muchas más silenciadas por miedo, porque no se vive la homosexualidad o transexualidad de forma normal y visible. Hemos de tomar conciencia que se trata de vulneraciones intolerables de los derechos humanos. A pesar de la preocupación de que todos estos casos, y otros muchos imposibles de resumir aquí, nos provocan, consideramos especialmente grave el hecho de que la mayor parte de las agresiones verbales y físicas que se denunciar en nuestro entorno más inmediato son de jóvenes y adolescentes a otras-os jóvenes y adolescentes. La sociedad debe tomar conciencia de esta situación y tomar las medidas para atajarla. Todas y todos, padres y madres, educadores, responsables políticos, asociaciones, agentes sociales, organismos de derechos humanos... hemos de conocer esta realidad y aplicar las medidas correctoras. Estas medidas pasan por visibilizar la homosexualidad de forma normalizada, por educar a niños-as, jóvenes y adolescentes en valores de igualdad, dignidad, respeto, tolerancia, diversidad... porque los-as agredidos-as son parte de nuestra sociedad y hemos de velar por su integridad física y sus derechos. Además, hemos de tomar conciencia que a raíz de los avances legales de los últimos años; nuestro país se está convirtiendo en un referente mundial para millones de lesbianas, gays y transexuales perseguidos-as en sus países. Algunos-as han llegado ya hasta nosotras-os solicitando refugio y ayuda, pero muchos-as más lo harán mientras se continúen manteniendo las condiciones negativas de origen. Hemos de concienciar a nuestras-os gobernantes de que la orientación sexual y la identidad de género son situaciones susceptibles de persecución y agresión por parte de otras autoridades y por tanto deben ser contempladas en las legislaciones referidas al refugio y asilo. Además se ha de trabajar en todos los organismos internacionales y las relaciones bilaterales con otros estados para erradicar esta plaga mundial que condena al ostracismo, a la persecución y en muchos casos a la muerte a lesbianas, gays y transexuales por el mero hecho de amar a personas del mismo sexo.
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