Permíteme querida Mª Victoria dedicarte estas líneas a través de una carta abierta a la prensa, líneas que suponen una empatía, de víctima a víctima, de alguien que mira con tristeza la realidad que te ha tocado vivir y que tú aún no ves con nitidez.
El 7 de junio de 1968, ETA asesina a Pardines, el 14 de mayo de 2008, ETA asesina a tu marido Juan Manuel. Han pasado cuarenta años y de nuevo vuelve a su tierra un guardia civil en ataúd, asesinado, a su nueva morada la que imponen los terroristas.
De nuevo sueños, ilusiones, proyectos… en definitiva la esperanza de un ser humano, de un servidor de la ciudadanía por un mejor futuro… han quedado en el camino al haber perdido la vida en esta tierra.
Agazapados en la noche los terroristas te han marcado, consiguieron que perdieras a tu marido para siempre, le llevarás dentro de ti durante toda tu vida, será muy doloroso, brotarán cientos y cientos de lágrimas en noches largas y en soledad, revivirás esta pesadilla cada vez que ocurra un nuevo atentado (porque mucho me temo que correrá más sangre). Muchas de nosotros sabemos cómo te sientes ahora y cómo te sentirás en el futuro, sabemos los pasos que recorrerás:
El no saber qué ha ocurrido y no tener aún consciencia de ello, el no entender por qué os ha tocado a vosotros, los momentos de angustia, tus sentimientos de odio, tu pesimismo en la vida, momentos eternos de tristeza y dolor, las palabras que sobran, las manos sinceras y abiertas que te ofrecerán y que serán tu tabla de salvación en muchas ocasiones…
En esta tierra en la que un día sí y otro también se habla de Derechos Humanos, con mayúscula, donde a muchos nadie les enseñó que el principal derecho humano es el derecho a la vida, viven muchas personas que sufren escarnio, atemorizadas, con sufrimiento, atracadas con impuestos que utilizan para matar otros seres humanos.
Sólo deseo que te dejes querer mucho, que no pierdas ni un minuto de tu vida en que los sentimientos se llenen de odio porque el sufrimiento te hará ser doblemente vulnerable.
Durante semanas e incluso meses te sentirás apoyada y acompañada en tu dolor pero cuando todas las condolencias pasen, dejes de ser página en la prensa,... tu marido sea un número más de los asesinados… . tendrás de nuevo que aprender a andar pero esta vez en soledad, ya no contarás con el apoyo físico de tu pareja, pero él vivirá en ti, en el recuerdo.
Te sentimos como parte de nosotras y tú sentirás en el futuro a otras víctimas de la misma manera, porque ya has pasado a ser una más de una nueva familla, familia a la que ninguna de nosotros quisimos pertenecer, la de las víctimas del terrorismo, personas con nombres y apellidos, a quienes ETA les marcó su agenda y las condenó a la muerte, no hubo ni siquiera cadena perpetua, solo aplicaron su máxima, la muerte.
Juan Manuel era guardia civil, duro destino en el País Vasco y Navarra. Recuerdo cuando asesinaron a mi marido, esperé durante días y noches una carta de ETA, una carta que me dijera por qué, eran otros tiempos, y al mes de su asesinato llegaron esas línea a través de su diario Egin, corrí para que alguien me tradujera aquellas líneas en euskera, ETA había asesinado a Alfonso Morcillo, sargento de la Guardia Municipal de San Sebastián por sus contactos permanentes y buena relación con la Guardia Civil en Intxaurrondo, estos años me han hecho si cabe aún más empatizar con este cuerpo y donde sellaron la voz de mi marido yo le puse la mía, como la de muchas de la viudas, quienes a través de nuestro mensaje hacemos llegar a la sociedad que nos sentimos agradecidos a los 7.000 guardias civiles destinados en el País Vasco, a su profesionalidad, reconocemos su sacrificio, agradecemos su entrega y su contribución a los derechos y libertadas de los ciudadanos.
Estos miserables han conseguido un terrible final, darle los puntos que necesitaba para volver a su tierra, duras palabras, pero mucho menos que el recorrido que acabas de iniciar y mucho menos que los decenas y decenas de guardias civiles que durante cuarenta años marcharon del País Vasco dentro de un féretro.
Triste y cruel realidad para quien vino a buscar pan y un final lleno de felicidad.