San Sebastián. DV. Togas negras y birretes rojos se unieron ayer a chaquetas y camisas con y sin corbatas y a elegantes vestidos femeninos en el acto de fin de carrera de los alumnos de quinto de la Facultad de Derecho de la UPV. Fue, por razones de espacio, el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la universidad vasca la que acogió la celebración académica. Allí, el Gaudeamus y el Agur Jaunak se esparcieron por la amplia sala cantados con diversos acentos, entre los que llamaba la atención el colombiano, ya que allí se encontraban los 26 alumnos del país suramericano que han compartido este curso campus con el resto de alumnos, en su mayoría vascos.
Según explica Juan Soroeta, vicedecano de ordenación académica, se trata del resultado de un convenio entre la UPV y la Universidad Javierana de Bogotá, que permite a alumnos del prestigioso centro universitario que regentan los jesuitas, realizar el último curso de la carrera jurídica, o bien el doctorado, en San Sebastián. De este modo los estudiantes obtienen finalmente el título por las dos universidades -no es un Erasmus-, lo que les permitiría sin ningún tipo de trámite trabajar en Colombia o España como abogados.
Los universitarios colombianos pagan el mismo precio por la matrícula que cualquier estudiante de la UPV, aunque el quinto curso que realizan es diferente al del resto de alumnos y está adaptado para compaginar los planes de estudios de las dos universidades separadas por el Atlántico. El viaje y la estancia ya corren de su cuenta.
Es un convenio que contempla la reciprocidad, es decir, el que un alumno de la UPV pueda ir a Bogotá a estudiar el último año de la carrera, aunque todavía no se ha dado ningún caso.
«Gran oportunidad»
Se trata de una «gran oportunidad» para los alumnos de Derecho, según aseguran Claudia Linares, de 23 años, y Lina María Peñaloza, de 28, ambas nacidas en Bogotá y que ayer participaban en la fiesta de fin de carrera.
«San Sebastián es una ciudad muy hermosa y es impresionante conocer otra cultura tan distinta y con una gastronomía tan deliciosa. También ha sido muy interesante acercarnos a los vascos y comprender mejor la situación política que se vive en esta tierra. Ahora entiendes mejor lo que pasa, lo que desde allí resulta imposible», dice Lina, que asegura que su estancia aquí la ha enriquecido personal y profesionalmente.
Claudia añade que ha resultado también muy positivo el conocer dos tipos de enseñanza, «la pública de acá y la privada de nuestra universidad en Bogotá. Ésto ha sido también muy importante, llevarnos allá algo de lo de acá y dejar en el País Vasco algo de lo nuestro».
De los vascos opinan que somos cerrados pero fieles cuando se hacen amistades, aunque ellas han vivido más con la colonia colombiana. Animan a los estudiantes vascos a ir a Colombia. «La Javierana tiene una reputación muy alta en todo el continente americano. Fue fundada en 1623 y tiene 18 facultades y 24.000 estudiantes. La vida en Bogotá es tan tranquila como lo puede ser aquí, aunque la playa queda más lejos», sonríen.
Al acto académico de ayer asistieron representantes de las dos universidades y el Ararteko, Iñigo Lamarca.