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RSS | ed. impresa | Regístrate | 22 noviembre 2008

Política

ATENTADO EN LEGUTIANO
ETA asesina a un guardia civil con una furgoneta bomba en Legutiano
La explosión hirió a otros cuatro agentes y causó serios daños materiales
15.05.08 - 07:08 -

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san sebastián. dv. Juan Manuel Piñuel Villalón, de 41 años, llegó al País Vasco hace dos meses, después de haber pedido su traslado voluntario desde la Comunidad Valenciana, donde había estado destinado hasta entonces. Quiso venir a Euskadi no por afán de aventura, ni por ansia de promoción. Lo hizo porque su esposa y su hijo de 5 años viven en Málaga y un día él decidió solicitar el traslado al norte para optar a una plaza preferente en la Comandancia de la capital andaluza. Juan Manuel Piñuel Villalón no era un héroe, sino una persona normal que hizo lo posible para estar junto a su familia. Hoy es una víctima de ETA. Él y los suyos.
A las tres de la madrugada de ayer, una furgoneta Citroen Berlingo y un Peugeot 306 se proximaron al cuartel de la Guardia Civil de Legutiano por la carretera que transcurre junto al edificio. Es un inmueble antiguo, de tres plantas, situado a la entrada de la localidad alavesa, frente a una casa que permanece deshabitada desde hace tres años. Un pequeño muro de piedra y una hilera de pinos son los únicos obstáculos que se interponen entre la fachada y la carretera.
Un etarra encapuchado aparcó la furgoneta junto al muro, a unos cinco metros del cuartel, salió del vehículo corriendo y huyó a bordo del Peugeot, donde le aguardaba al menos otro terrorista.
En el cuerpo de guardia, situado en el interior del edificio, vigilaban dos agentes que se dieron cuenta de la presencia de un vehículo sospechoso. Piñuel Villalón descolgó el teléfono y llamó al Centro Operativo de Servicios de la Guardia Civil para alertar de que alguien acababa de estacionar una furgoneta frente al cuartel y pedir datos sobre su matrícula. Mientras, su compañero, el sargento jefe del puesto, José Javier Cabrizo Fernández, se dispuso a salir al exterior para inspeccionar la furgoneta. Desde el centro operativo, el telefonista escuchó las indicaciones de Piñuel hasta que la comunicación se cortó inesperadamente.
Apenas había transcurrido un minuto. Los más de cien kilos de un explosivo cuya composición aún está por determinar y que, según las primeras informaciones, estaban almacenados en el interior de la furgoneta, estallaron activados al parecer mediante un temporizador que había puesto en marcha uno de los etarras.
Una bola de fuego destrozó el vehículo y se abrió paso hacia el cuartel. Los investigadores creen que el explosivo estaba orientado mediante tubos u ollas para que todo el impacto de la deflagración se concentrara sobre la fachada, como así ocurrió. La onda expansiva rompió el muro de piedra, arrasó los pinos e impactó de lleno en el tejado de la parte central de la casa, sobre el cuerpo de guardia. Los escombros cayeron encima de los dos agentes. Juan Manuel Piñuel murió en el acto mientras que su compañero quedó enterrado por los muros que se derrumbaron sobre él. ç
Durante cuatro horas José Javier Cabrizo Fernández permaneció bajo los escombros hasta que los equipos de rescate lograron sacarlo después de retirar a mano piedras y ladrillos.
Salvamento
Cuando llegaron los bomberos, tuvieron que apuntalar el inmueble para permitir que un médico llegara hasta donde se encontraba Juan Manuel. El facultativo sólo pudo certificar que había muerto. La operación de rescate, llevada a cabo por los bomberos, entrañó peligro para los que participaban en ella por el riesgo de desprendimientos de paredes, lo que obligó a extremar las precauciones.
En mitad de la noche, los 29 habitantes del cuartel, entre ellos cinco niños, salieron del edificio y fueron conducidos a Vitoria para ser realojados, mientras eran atendidos por psicólogos. Los heridos, por su parte, fueron trasladados a los hospitales de Santiago y Txagorritxu para recibir asistencia.
Los efectos de la bomba, cuya explosión fue oída a más de tres kilómetros de distancia, no se limitaron a la casa cuartel, sino que afectaron a viviendas de la localidad situadas a varios cientos de metros de distancia. Restos de la furgoneta bomba fueron encontrados diseminados a más de quinientos metros.
Los autores del atentado se dieron a la fuga en el Peugeot 306 hasta una pista forestal del alto de Urkiola, en dirección a Durango. En lo alto del puerto el coche fue abandonado con un artefacto incendiario en su interior compuesto por dos garrafas de combustible y un mecanismo de activación mediante temporizador. Como en otras ocasiones, los etarras pretendían destruir el vehículo para eliminar cualquier tipo de huellas, pero ayer la bomba no funcionó, por lo que el turismo fue recuperado intacto por la Ertzaintza, que consiguió neutralizar el artefacto.
El Peugeot 306 había sido robado el pasado 14 de abril en Durango y tras ser examinado por la Policía vasca fue entregado a la Guardia Civil para que continuara con la inspección a fin de tratar de localizar huellas o restos que permitan identificar a los autores del atentado.
El coche bomba que los terroristas hicieron explosionar era un Citroen Berlingo color rojo oscuro, una pequeña furgoneta con matrícula 4962-TL-87 que fue robada en Francia el 16 de abril de este año, han informado a última hora de ayer fuentes de la lucha antiterrorista. Según estas mismas fuentes, el dueño de esta furgoneta ha identificado un llavero de su propiedad que ha aparecido en el coche en el que han huido los terroristas.
Mientras los bomberos trataban de apuntalar la casa cuartel, el alcalde de Legutiano, Pedro Berriozabal, mostró su temor a que la estructura del puente que está junto al edificio atacado y la pantalla de la presa de Urrunaga estén dañadas por la explosión, cuestión que determinarán los estudios técnicos.
« Parece ser que no ha ocurrido nada, pero estamos a la espera de los informes técnicos, recalcó el primer edil», que recordó que el embalse se halla a un kilómetro del lugar del atentado. n
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