El txistu vivió ayer su gran día en la actual edición de Musikaste. El público cubrió más de media iglesia para asistir al concierto con el que la Banda de Txistularis Municipal de San Sebastián quiso rendir tributo al compositor bergarés González Bastida, con motivo del centenario de su nacimiento.
Un txistu bien tocado remueve y hace vibrar las emociones del oyente cuando éste siente y comparte sus raíces. Tal sensación nos produjo Jose Ignacio Ansorena, jefe absoluto y, en ocasiones, salvavidas de una Banda que mostró su vocación y admiración por este cercano instrumento a lo largo de un programa dinámico en estilos y en tipos de agrupación.
La inicial Biribilketa Airean sirvió para presentar a las dos Bandas participantes, la mencionada donostiarra y otra formada por diferentes instrumentistas de Euskadi, en una original presentación en la que ambos conjuntos se incorporaron progresivamente en el escenario mientras interpretaban la partitura.
Ya en solitario, el conjunto liderado por Ansorena adoptó diferentes formas para encarar la mayor parte del programa restante. Si fueron ocho los intérpretes en la virtuosa Bergara y en la sugerente Goiz ereski, éstos se redujeron a tres para afrontar la delicada fantasía Txoriñoa, norat hoa?. A partir de esta pieza, la agrupación aumentó considerablemente en número, adquiriendo un colorido especial gracias a la incorporación de una marimba, un txilibito, un teclado y dos trompetas para afrontar con mejores resultados las obras Itxastak e Irudiak, ambas de singular atractivo.
En Oi, Alaiki! se unió la Coral Andra Mari y en Potxolo dago negarrez la segunda Banda, para culminar todos juntos un concierto en el que tanto el txistu como González Bastida tuvieron su espacio merecido.