MADRID. Marsella, verano de 1894. Siete hombres emprenden una dura travesía en busca del mítico manantial de los mares. Esa es la síntesis de Las fuentes del Pacífico, la historia de un naufragio que ha sacado, «con voluntad y alegría», a JesúsFerrero de «sí mismo» para respirar aires menos opresivos.
«Ya tenía ganas de salir de la intimidad, del ensimismamiento. Estar todo el tiempo en uno mismo es muy aburrido», resumió ayer en un encuentro con periodistas Ferrero, cuyo anterior libro, Los ángeles del abismo, salió hace ya dos años.
No quiere decir, aclara, que Las fuentes del Pacífico (Siruela) sea «una novela ligera», porque oculta «varias tragedias», pero «sí es verdad que transita por espacios que no son los habituales. Así descansa el autor y los lectores».
Esta «aventura mítica» es la historia del viaje de dos hermanos que, tras el hallazgo de un manuscrito del padre, se deciden a emprender un viaje en busca de lo que han identificado como el cráter del que manó ese océano, rodeado de riquezas sin fin.
Mientras ellos viven las aventuras propias de la búsqueda de un territorio mítico, en tierra queda una mujer que hace su propia travesía personal «a bordo» de un diario. «No por mucho alejarte te vas a perder más». Esa es la idea conclusiva de esta novela, según Ferrero, que cree que en ella están «todas las relaciones y todas las pasiones, todas las experiencias del deseo», un asunto en cuya reflexión está envuelto desde hace varios años. «Esta historia ha sido providencial para eso. Va desde la avaricia a la generosidad más absoluta, despertadas por lo que suele poner de manifiesto la muerte del padre y el reparto de la herencia: de qué pasta está hecha la familia y cuál es de verdad su naturaleza», afirma.
Jesús Ferrero (Zamora, 1952), dedica su libro al también escritor Miguel Delibes, al que solo conoce «epistolarmente», en una suerte de carambola porque, reconoce, «él es un hombre de la tierra y esta es una novela marinera, la historia de un naufragio en la que solo sobrevive un personaje». EFE