Corrida cinqueña de José Luis Peeda. Con la única excepción del sexto. De los dos hierros y de las dos líneas de la ganadería, una Núñez y otra Juan Pedro. Los dos de mejor son de la corrida, segundo y cuarto llevaban hierros diferentes. De Pereda fue el segundo, llorón pero muy noble. De La Dehesilla el cuarto, el que con más temple metió la cara. Esplá, terno tabaco y oro de extraordinario buen gusto, anduvo casi de paso con ese cuarto. Lo atacó de salida precipitada y abusivamente. Esplá, que renunció a banderillear, no le dio al toro apenas ventajas ni espacio ni sitio. Algún muletazo ajustado, tres rancios muletazos cambiados de pitón a rabo. Media muy tendida soltando el engaño y dos descabellos. Mereció más el toro. No tanto por bravo como por bueno.
El otro toro bueno, hermoso zapato con sus cinco años cumplidos, descolgó a las primeras de cambio y derribó por sorpresa. Notable estilo.Resistió. Faltó empujar un poquito por la mano izquierda. Quiso siempre. Contrastes de San Isidro: al día siguiente de jugarse el que será probablemente toro de más edad y tamaño de la feria, el cuarto de Carmen Segovia con que se aupó Diego Urdiales, vinieron a saltar dos de los que contarán, digamos, como letra pequeña o minúscula. El viento, que estuvo enredando, tuvo a Encabo en tensión más que ese toro ratón tan bondadoso de Pereda. Ligera y rapidilla una faena de más oficio que ambición. Hizo Encabo honores. La estocada sí fue de categoría.
El tercero abrió el medio desfile de La Dehesilla. Fue toro de regular estilo y poca fuerza. Antonio Ferrera estuvo con él encajado y paciente. Por encima de las circunstancias, nada propicias. Media estocada muy meritoria, porque costó pasar y esquivar la guadaña del toro. No hubo apenas recompensa.
Vetusto cartel
Corrida de banderilleros era, vetusto cartel. A Esplá no le convinieron ni el incierto estilo sin fijeza ni el genio cobardón y brusco del primero de la tarde. Sólo una cosa buena hizo el toro: galopar en banderillas. Esplá mató de metisaca. Ese toro tan complicado era, además, muy ofensivo. Las palas blancas, ancho el balcón. Cinqueño cumplido como el tercero. Más desagradable. Encabo anduvo mareando la perdiz con un quinto de mala nota. Así que, a punto de cerrarse la tienda, todo estaba en manos de Ferrera. Ferrera vino a romper la corrida a última hora y con el último toro. Le dio muy generoso trato, lo lidió con llamativa autoridad. Hizo pensar y hasta creer a no pocos que el toro tenía la calidad que en realidad no tenía. Lo cual no deja de ser magia.
Al toro le faltó humillar Nobleza tuvo. Y bello porte al encampanarse. Y el tranco fino de la primera embestida, pero sólo de la primera. Suficiente fijeza como para permitir a Ferrera ganar al paso el pitón contrario una, dos y más veces. Un paseo escalofriante que sólo el martes se celebró como una boda. Pero no ahora. Hilvanada y resuelta la faena sobre seguro, sin gestos de más. Sólo el orgullo lógico de cumplir una buena tarde de toros. Y cortar por méritos una oreja bien ganada.
, La COrrida de hOy I Toros de El PInar para El Cid, Juan Bautista y Alejandro Talavante