Una novillada de muy buena nota. De sangre Juan Pedro Domecq. De ganadería de vida reciente, afincada en la sierra de Madrid: Montealto. Del año 2000. La base es fiable: Algarra-El Ventorrillo. Tal vez por separado una línea y otra. De cada una de esas dos líneas parecieron las dos mitades: primero, tercero y quinto, de pintas mixtas y remate más refinado, se cantaban como algarras. Los otros tres, de pinta simple, más caja y más cabeza, eran ventorrillos. Seguramente. El sexto, el de más lindas hechuras. Gran toro. Salió seriamente armada la novillada toda. Primero y quinto, buenos. Todos los novillos, todos, hicieron cantidad de cosas, y cosas distintas. No defenderse, no ponerse por delante, no buscar por debajo. No fue novillada de nota en el caballo. Ni siquiera los dos memorables. Y hasta hubo un cuarto que hizo pelea de manso en varas; o un segundo que derribó de una coz en el vientre del caballo, que no suele verse. Así que se cumplió la tradición de que, en San Isidro, las novilladas de encaste Tamarón-Domecq embisten a chorro libre.
Era el debut en las Ventas de Miguel Tendero, de Albacete. La repetición de un novillero que anda siempre sobrado como Rubén Pinar. Y la despedida del escalafón de José Ramón García, Chechu, cuya alternativa se anuncia en Segovia para dentro de mes y medio. Las cosas de más sólido oficio las hizo Rubén Pinar con el segundo: capaz de verdad ese precoz torero. De Albacete también, de la Tobarra de los tambores. Buen dominio del no sencillo segundo. Le pudo, lo gobernó. Poderoso toreo de mano baja, bien cosido.
Lo más plástico corrió de cuenta del debutante Tendero. Un poco gestero, pero de elegante encaje con el capote y a la verónica. Buen gusto al componer, mano baja, porque hace tiempo que un torero, si se reclama de Albacete, tiene que bajar la mano. Y, en fin, cierto aromita con el tarro abierto del todo. Hará carrera. De novillero.
Rubén se encontró con el coro censor de las Ventas por tomarse demasiadas ventajas con el quinto: torear al hilo o para fuera, rectificar antes de tiempo o a destiempo, descargada la suerte, forzados embroques. Una faena tozuda, empeñosa, a ratos ratonil, a ratos suficiente. Chechu, que sólo se puso tras muchas pruebas, no se animó con el son del primero, y lo toreó muy despegado, ni le vio el aire al cuarto. Ni se vino abajo tampoco. Mató con autoridad y limpieza.
, La COrrida de hOy I Toros de Carmen Segovia para Fernando Cruz, Diego Urdiales y Pedro Gutiérrez, El capea.