ESTAMBUL. DV. La serenidad vital debe haber llegado a Fernando Alonso. A estas alturas de su carrera deportiva se hace difícil imaginar un gesto de rabia tan comprometedor como aquel «toma, toma, toma» con el que coronó su primer título en Brasil, cuando era poco más que un adolescente y fue elevado a los altares como el más joven propietario de un Mundial. Esa reacción furibunda, descarnada, fracturó al público que empezaba a conocerlo. Rencor para unos. Orgullo y reivindicación para otros. Pasados los años, que en Fórmula 1 parecen más de tres, nadie anticiparía otro ramalazo así. En Renault no gana, pero no lo pasa mal por ello. La madurez parece haber alcanzado al deportista español más impactante desde la época de Miguel Induráin.
Felipe Massa acaba de ganar en su jardín de Turquía sin despeinarse, con esa facilidad natural que impulsa a los coches Ferrari, Hamilton camina presuroso por el 'paddock' con un segundo puesto que le deja conforme después de los primeros levantamientos de la Prensa inglesa contra su imagen pública, Raikkonen no siente ni padece en el mejor retrato posible de la ausencia de presión del exterior. Estambul respira otros aires, Alonso está lejos de la pelea, pero la aflicción no llega.
Pregunta con cierta ansiedad la Prensa española por los progresos que se esperan en el Renault que eligió el asturiano, por los plazos que anuncia el laboratorio de ideas en la cadena productiva de la fábrica de Enstone, por los arreglos aerodinámicos que pueden surgir o no en Montecarlo, Canadá o Magny-Cours, aunque sea en Hungría. Y Alonso se encoge de hombros, sin asomo de conformismo, pero blandiendo una bandera blanca en reclamo de tregua. ¿Qué se puede hacer si hacen todo lo que pueden?
«Se tiene que encender la bombilla a los creativos», argumenta tan lejos de aquel chaval que gritó incómodo, furioso, el «toma, toma, toma». «Y puede ser en Mónaco o vaya usted a saber cuándo», apostilla sin la presión ambiental que se detecta a su alrededor.
Es el Alonso sereno que sigue buscando. Encontró algo en Montmeló y ahí se agarró el portaaviones de la Fórmula 1 ibérica. Un 'aletín' inferior que ajusta la entrada de aire, unas suspensiones adaptadas a la bacheada pista de Barcelona, otra versión del chasis que mejora la aerodinámica... Pequeños brincos que han certificado una evidencia. El coche ha avanzado unas décimas y el talento del piloto ha hecho el resto. Con la misma equipación, Nelsinho Piquet ratifica que no es el año de los debutantes.
Bocado prohibido
En Turquía Fernando Alonso se buscó la vida en la salida y a partir de ahí prosiguió con su búsqueda: cualquier posibilidad de progresión en la carrera de Mónaco. Se tocaron Kimi Raikkonen y Heikki Kovalainen, y el asturiano avanzó hasta la cuarta plaza imaginaria. El Ferrari del campeón del mundo y la pericia del finlandés son de momento bocado prohibido para el asturiano, que pronto se instaló en su posición natural. Dijo quinto a los invitados de la zona vip para que no perdieran detalle y sexto a los periodistas.
Por ahí navegó mientras las cuestiones cruciales se decidían en el otro pelotón. Hamilton compitió contra un espectro. Por motivos x, Massa ha construido su cortijo en Estambul Park. El inglés peleó contra el brasileño en una intensa sobremesa que se decantó finalmente del lado del piloto de Ferrari, aun a costa de sufrir el adelantamiento de la temporada. Hamilton se jugó la patilla en una pasada electrizante que reconcilió durante unos segundos a los escépticos con este deporte.
Tres paradas
La Fórmula 1 es más aburrida sin Fernando Alonso en primera línea de fuego, pero es lo que hay entre los rescoldos. Lewis Hamilton alargó su posta con la manguera para sorprender a Massa, pero la jugada no le salió. Paró tres veces, pero no recortó la distancia y, muy al contrario, Kimi Raikkonen amenazó su posición hasta la bandera a cuadros. Sólo el británico amenaza el desfile rojo.
Completada la panorámica por delante de Alonso con los BMW de Robert Kubica y Nick Heidfeld que siguen unas cuantas leguas lejos del R28 y su aleta de tiburón, el asturiano ingresó séptimo. Eso sí, al comando del pelotón al que perseguía con la lengua fuera al comienzo de temporada, Red Bull, Toyota, Williams, Honda, etc. Saltito a saltito se rellena el camino.