Es fácil que esta semana tengamos la tentación de caer en el pesimismo y pensar que los resultados de esta última jornada han puesto el ascenso a demasiada distancia de la Real. Es cierto que estamos más lejos y que queda un partido menos, pero la desesperanza es en este momento cuando menos inoportuna. Porque todavía queda liga y porque la Real está más fuerte que el Málaga al que todavía podemos obligar a ganar cuatro de los cinco últimos partidos y porque el Sporting puede tener un momento de debilidad en cualquier momento.
Sabíamos que el partido de Cádiz no iba a ser fácil. Sabíamos que las bajas de Garitano y Aranburu son más delicadas lejos de Anoeta que en nuestro propio campo. Es verdad que en los minutos iniciales del segundo tiempo nuestro equipo no supo frenar la agresividad de un Cádiz que había sido abucheado antes por su público. Pero también es cierto que la Real empezó mandando y terminó atacando con todo en busca del gol de la victoria.
No será fácil ganar los cinco partidos que quedan, pero es factible porque esta Real es un equipo hecho y aguerrido y que además tiene recursos de sobra en su plantilla. Tendrá que gestionar la presión para batir a un Granada 74 que sabe jugar al fútbol. Queda Liga. Ysi al final no logramos ascender no será porque este equipo no se haya batido a muerte todo el año contra viento y marea, contra el desánimo general de la primera vuelta y contra la insensatez de la segunda, que todavía no sabemos cuánto nos costará.
Badiola se atrevía ayer a culpar al viento de que sus promesas no se cumplan, de que sus palabras se contradigan, de que rebaje a la Real y al cargo que representa con una interminable sucesión de embustes. Puede presumir de habernos engañado a casi todos en algún momento, pero no será siempre así. Una cosa es que en un momento los realistas tuviéramos muchas ganas de creerle y otra que tome por tontos al conjunto de los guipuzcoanos. Si no se televisan los partidos es porque prometió, una vez más, lo que no podía cumplir.