Vaya con la quinta de los sesentones. No es que Franco Battiato salte como Mick Jagger, ni siquiera como Caetano Veloso, De hecho no pierde su compostura como de elegante profesor veterano. Pero su esquema escénico es arrollador y el viejo zorro siciliano se rodea de nada menos que dos juveniles grupos de rock.
Hace dos décadas, en pleno éxito, daba conciertos obvios y en su debut de Anoeta del 87 pasó al Guinness con hasta cinco canciones repetidas. Battiato es ahora artista menor en cuanto a ventas y anoche no pudo llenar el Kursaal mayor. Mas su recital fue un brillante compendio de grandes canciones, buena interpretación vocal, excelente arrope de los dos pianos y refrescante apoyo del trío masculino FSC y del cuarteto femenino MAB.
Parece usual que un señor con pintas casi de cura salga a cantar trajeado, sentado, con su vaso de agua, su poner y quitar de gafas y flanqueado por sendos pianista-teclista. Ese fue el esquema primero del siciliano en «Haiku», «Il Carmelo» y «Oceano di silenzio». En íntima penumbra.
Más inusual es que cambie de actitud para desgranar alegres composiciones mientras se superponen a los instrumentos unos jovenzuelos rockeros o unas alocadas muchachas que cuando se quedaron solas atronaron cual Patti Smith escorada al «thrash metal».
Aunque no disimula Battiato su amor por la melodía nostálgica y romántica y su tesitura vocal no da precisamente para aullidos; parecía incluso muy justo de voz en los tonos altos. Hay en consecuencia todo un plural terreno ecléctico que Franco domina a la perfección: pop sinfónico («Amore che vieni»), rock («Prospettiva Nievsky»), baladas («Aspettando l'estate», del nuevo disco «Il vuoto», cuyo título también sonó, en clave de tecno-pop), la festiva versión del «Ruby Tuesday» Stones. y una ristra de hits que desmelenaron a la audiencia, incluidos tres en castellano («La cura», «La estación de los amores», «Nómadas»).
Podía el de Catania haber despedido impecablemente las dos horas de recital con su impresionante lamento «Povera patria», pero era pedirle demasiado y puso la rúbrica de modo más convencional con un «medley» de éxitos («Bandera bianca», «Sentimento nuevo», «Gli uccelli»...). Entre el arranque de cantante romántico clásico y el fogoso final rockero se explican las cuatro décadas del cancionero Battiato, eficazmente ecléctico.