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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2008

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LEGAZPI
La ferrería volvió a latir con fuerza

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LEGAZPI. DV. La ferrería de Mirandaola volvió a latir ayer a golpe de martillo en la última jornada de las fiestas de Legazpi. La antigua fábrica de hierro se puso en marcha para recibir a los vecinos y visitantes que, puntuales a la cita del primer domingo después del 4 de mayo, despidieron con una animada romería las Santikutz Jaiak.
Txistularis, trikitilaris, bertsolaris y dantzaris pusieron la llama de color a una jornada apagada por la lluvia, mientras que los ferrones de Mirandaola se afanaban en avivar otro tipo de llamas en el horno bajo de la forja.
Para Juanjo Urkiola ésta era su primera aparición en la fiesta como ferrón. A sus 42 años, lleva un año aprendiendo el oficio y a pesar de haber ejercido como tal en otras ocasiones, la de ayer era una jornada de especial significado al tratarse del Día de Mirandaola.
«A mí, todavía me queda mucho que aprender en esto», indicaba Urkiola en uno de los intermedios de la tarea. A su lado, José Luis Lizarazu, daba cuenta del correcto funcionamiento de toda la maquinaria. No en vano, este último lleva 22 años como ferrón, siendo el más veterano entre sus compañeros.
Actualmente, el grupo está formado por seis ferrones, cinco de ellos recientemente incorporados tras la marcha de Rufino Aranburu, Fernando Murgiondo, Esteban Markotegi y Ramón Mujika.
Ayer faltaba el más joven de los nuevos ferrones, Juanma Portalo, de tan sólo 24 años. No pudo asistir a la cita al coincidir la fecha con otro compromiso familiar.
Último adiós a las fiestas
En el exterior, el baile y la música ocuparon el primer plano de las celebraciones.
La Ezpata-Dantza, protagonizada por los grupos de baile Sustraiak y Korosti, dio paso después a un intenso programa de actuaciones sobre el escenario instalado en el frontón.
La puesta en escena de los trikitilaris, bertsolaris y el teatro dedicado al 400 aniversario de la des-anexión de Legazpi de la villa de Segura, tuvieron que desarrollarse bajo un inoportuno aguacero.
Tras ellos, la lluvia cesó, permitiendo a los legazpiarras disfrutar de los numerosos bailes de dantzari txikis, la comida popular y la vuelta a la localidad, prevista a las seis y media de la tarde con el acompañamiento de la txaranga Urolatarrak. Una tropa de gigantes y cabezudos esperaba al grupo a su llegada al pueblo para dar el último adiós a las fiestas hasta el próximo año. Mientras tanto, aquellos que quieran ver en marcha la ferrería de Mirandaola, podrán hacerlo visitando el Valle del Hierro los domingos.
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