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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 mayo 2008

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ANÁLISIS por Iñaki arratibel, médico deportivo
Cuestión de testosterona

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Desgraciadamente un ciclista, y además de nuestro entorno, se ha visto nuevamente inmerso en un asunto de dopaje. En este caso la sustancia es una hormona muy conocida, por lo que el caso es en principio un poco sorprendente, sobre todo cuando sabemos que la detección de la testosterona ha mejorado mucho en los últimos años.
Aunque la testosterona se hizo conocida popularmente en el caso de Landis, quizás el público no conozca bien todos los efectos se esta hormona. Es una sustancia denominada Hormona Androgénica porque su función fundamental, ya en el periodo fetal, es el desarrollo de los caracteres sexuales masculinos. En esa fase alcanza unos picos elevados, para luego prácticamente desaparecer en el nacimiento y en los primeros años de vida. En la pubertad vuelve a aumentar progresivamente para comenzar a desarrollar en los chicos los caracteres sexuales: desarrollo de testículos y pene, distribución del vello, aparición de barba, aumento de la secreción sebácea, acné, deseo sexual, agresividad, así como el desarrollo de la masa muscular, favoreciendo esto último el rendimiento deportivo, por lo que se conoce como Hormona Anabolizante.
A lo largo de la historia se ha intentando generar hormonas que, manteniendo el efecto anabólico, no produjesen los efectos colaterales androgénicos no deseados, apareciendo las denominadas Hormonas Anabolizantes Esteroides. A pesar del desarrollo tecnológico los efectos colaterales indeseados se siguen dando. En las mujeres existe una pequeña cantidad de testosterona, que es entre 20 y 50 veces menor que en el hombre.
Pero lo que a los médicos más nos preocupa es el riesgo que la manipulación hormonal tiene en el organismo, ya que el control y regulación de la producción y secreción hormonal se encuentra en el denominado Eje Hipotálamo-Hipofisario, con un riesgo claro de interferencia entre hormonas, si se produce un abuso de alguna de las hormonas. Además en el caso de la testosterona, y de otras hormonas anabolizantes, se produce una relación significativa con la aparición de tumores y enfermedades hepáticas.
Además de que el uso y abuso de las hormonas tiene un riesgo importante para la salud, en el deporte está prohibido. Es conocido que durante esfuerzos de alta intensidad y corta duración se producen picos de secreción de testosterona endógena, que favorece el desarrollo muscular, lo que permite mejorar la musculatura en los entrenamientos de fuerza. Estos picos de secreción se producen en función del esfuerzo realizado.
Sin embargo, en los esfuerzos de intensidad moderada la secreción de testosterona suele estar disminuida, encontrándose en estos deportistas valores algo más bajos de los habituales. Esto en sí es un problema para los deportistas de alto rendimiento, ya que al tratarse de una hormona anabolizante la recuperación tras los esfuerzos puede verse reducida, y por tanto dificultar los esfuerzos continuados.
Y aquí radica la tentación para su uso, ya que la toma de testosterona recupera los valores de ésta, mejorando la recuperación. Al mismo tiempo, si se elevan sus valores mejorará la masa muscular, la producción de hematíes, lo que en sí producirá la mejora de la capacidad de entrenamiento y de recuperación de los esfuerzos. Pero al mismo tiempo aumentará el riesgo de efectos colaterales indeseados. Como con muchas otras sustancias los efectos deseados se observan pronto y los efectos indeseados pueden tardar meses y años en aparecer, dando una falsa sensación de seguridad en su uso y abuso.
En la actualidad la lucha antidopaje ha mejorado de tal manera que hoy en día se está afinando mucho en la detección del uso exógeno de testosterona. Así, por un lado tenemos que la relación Testosterona/Epitestosterona (T/E) se ha reducido del anterior 6/1 al de 4/1 actual, por lo que pequeñas manipulaciones se detectan con facilidad; por otro lado ya se realizan mediciones directas de la testosterona exógena por medio del método del ratio carbono-12 a carbono-13 realizada a aquellos deportistas que presentan valores del ratio T/E elevados.
No voy a negar que este artículo puede resultar algo técnico, pero he querido reflejar una sensación que siempre he tenido y es que algunos entornos de deportistas no tienen en cuenta todas las implicaciones que tiene la utilización de diversas sustancias. No se valoran correctamente los efectos secundarios, ni se tiene en cuenta la ética deportiva. Demasiadas veces los deportistas actúan de una manera porque su entorno deportivo les hace creer que se encuentran por encima de todas estas situaciones técnicas. Me duele que los que pasamos muchas horas formándonos y reciclándonos seamos muchas veces tratados como si no conociésemos el tema por apartar prácticas inadecuadas, mientras que otros, demasiadas veces sin la preparación suficiente, parezcan los druidas de algo que luego suele pasar factura sólo a los deportistas, por mucho que la ley quiera extender el castigo a otros. Como siempre pagará el deportista actuaciones o creencias en las que quizás también han participado preparadores, técnicos y, porque no, médicos.
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