tokio. DV. A las 8.15 horas del 6 de agosto de 1945, el bombardero estadounidense Enola Gay dejó caer la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Unos segundos después, el piloto Paul Tibblets vio cómo «una marea de lava cubría toda la ciudad», atrapando a sus 450.000 habitantes. Aparte de la imagen del gran hongo nuclear que siguió a la explosión -y que fue tomada a varios kilómetros de distancia-, poco más se sabía del horror inmediato que había desencadenado la bomba Little Boy, pero ahora, 63 años después, han salido a la luz diez fotografías inéditas de las horas posteriores al desastre de Hiroshima.
El rollo con las dantescas fotografías, en las que se aprecian cientos de cadáveres esparcidos por las calles, fue hallado por el militar norteamericano Robert L. Capp dentro de una cueva, en las afueras de la ciudad de Hiroshima. Las instantáneas fueron tomadas por un desconocido fotógrafo japonés y muestran con nitidez el horror y la devastación que causó la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos.
Las fotografías permanecieron ocultas hasta que Capp las encontró. Hace una década, en 1998, decidió donarlas a una institución pública con la condición de que no viesen la luz hasta 2008, y ésa es la razón por la que nunca antes habían sido expuestas en público hasta la fecha.
El Ejército de los Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente. Estos ataques fueron los únicos perpetrados con bombas atómicas de uso militar no experimental. En pocos segundos, ambas ciudades quedaron devastadas y se calcula que en Hiroshima la bomba mató a más de 120.000 personas, de una población de 450.000 habitantes, causando otros 70.000 heridos y destruyendo la ciudad casi en su totalidad.
Cuando el gobierno japonés envió una misión de reconocimiento, el personal sólo pudo observar una enorme cicatriz en la tierra, rodeada de fuego y humo.