LOGROÑO. La artista Maider López (San Sebastián, 1975) hará desaparecer simbólicamente durante unos segundos el próximo mes de septiembre la publicidad comercial que inunda las calles de las ciudades de Shangai y Christchurch. Para ello, López utilizará «un gigantesco juego de perspectivas» en ambas intervenciones, en las que colaborarán cientos de habitantes de las ciudades china y neozelandesa, según adelantó ayer con motivo de su participación en el ciclo Arte Contemporáneo, que acoge la Escuela de Arte y Superior de Diseño de La Rioja.
La artista donostiarra fue la encargada de inaugurar estas jornadas en sustitución del cineasta catalán Pere Portabella, al que problemas de salud de última hora le impidieron viajar hasta Logroño.
Preocupada en sus inicios por la transformación de los espacios interiores para establecer un diálogo entre la arquitectura y el resto de artes plásticas, López ha evolucionado hacia creaciones exteriores en las que las personas dejan de ser meros espectadores de las mismas para convertirse en sus auténticos «constructores».
Fruto de esta última inquietud son obras como Ataskoa (2005), en la que Maider López congrego a cuatrocientas personas subidas en 180 automóviles para crear un gigantesco atasco en un monte de Navarra o la más reciente de septiembre de 2007, en la que hizo desaparecer el famoso puente de las Cadenas de Budapest. En este último caso, la artista utilizó a 4.200 vecinos de la ciudad armados de paraguas de color verde abiertos para camuflar este puente, que por unos minutos paso a convertirse en una parte más del Danubio vista desde arriba.
«Con esta descontextualización de los objetos y con la extrañeza que generan lo que pretendo es que la gente reflexione sobre lo absurdo de muchas realidades cotidianas», afirma la creadora, quien cree que su obra tiene similitudes con el land-art que desarrolla Christo empaquetando edificios o con lo que hace el fotógrafo Spencer Tunick. Este último se ha especializado en grandes instantáneas de grupos humanos desnudos en lugares emblemáticos del mundo, como la plaza del Zócalo de México o en la Feria de Barcelona.
«Con respecto a Christo hay un punto de partida similar, aunque en el desarrollo hay intereses distintos. Yo hago especial hincapié en la gente, en su capacidad de transformación y no tanto en lo que se genere», dice. «En cuanto a Tunick, ambos empleamos a grupos de gente, aunque mi obra se diferencia de la suya en que nunca repito una acción como él. Mi trabajo está hecho para un lugar y sin él no existiría», afirma. EFE