Roberto Enríquez se atreve con todo. Metido en la espiral televisión, teatro y cine, el actor vallisoletano está en el reparto del que es el mejor estreno de ficción de la temporada de TVE, La señora, donde su interpretación del malvado y ambicioso marqués de Castro ha calado en los más de tres millones de espectadores que siguen esta ficción ambientada en los años veinte. Compagina las grabaciones de La señora con el rodaje de Gordos, película de Daniel Sánchez Arévalo, que también contó con él en su aclamada ópera prima, Azuloscurocasinegro.
- Ha compaginado la serie con el Don Juan y ahora con el filme Gordos. ¿De dónde saca tiempo?
- La tele es una esclavitud y, con este doblete, mucho más. Pero las cosas han venido así. En verano voy a descansar, necesito parar.
- No hay información oficial, pero todo apunta a una segunda entrega de la serie.
- Parece que en septiembre empezamos a grabar nuevos capítulos. En televisión no se habla de renovación hasta el último momento, pero en el quinto capítulo TVE dio síntomas de que quería continuar porque estaba gustando. Uno cultiva el sano escepticismo porque me he dado unos cuantos tortazos con series que me gustaban y que el equipo defendió a muerte.
- No se queje, que La señora tiene a la audiencia de su lado.
- Y estoy encantado. Los guiones son maravillosas, tenemos unos directores de cine y los compañeros son pata negra. Estoy feliz porque, además, va ganando espectadores, pero si no se hubiese dado esta situación, pues tampoco pasa nada.
- ¿Ha recuperado la fe en la tele?
- Nunca la he perdido. Es un medio maravilloso, todo depende de qué hagas y con quien.
- ¿Cree que la televisión está denostada y el cine y el teatro sobrevalorados?
- Pienso que funcionamos con muchos prejuicios y que vivimos de modas. Dicen que todos los actores argentinos son muy buenos y sí, muchos son buenísimos, pero todos... Alguien suelta que el cine español es una patata, y nos lo creemos, y a la televisión le ha caído el sambenito de que es mala. Y no lo veo así, porque he crecido con Los gozos y las sombras y Cañas y barro, entre otras maravillosas series. En la ficción que se hace ahora también hay cosas estupendas y, por supuesto, también estúpidas.
- La señora puede ser el empujón para que deje de ser una promesa.
- Sí, noto que en la calle me hacen muchos comentarios, todos sobre lo malo que es el marqués. Esto también me pasó con el cura de Quart [serie que emitió Antena 3]. No me preocupa. La gente sabe que soy actor, les suena mi cara, aunque no saben cómo me llamo. Y está bien porque lo importante es desaparecer para que aparezca el personaje. Si tienes una imagen pública muy fuerte, puede que no resultes creíble. Mira Robert de Niro, sus apariciones públicas son contadas, no va a eventos sociales, sólo se deja ver cuando está trabajando.
- ¿Cómo se ha trabajado a este seductor y malvado aristócrata?
- Con un material de primera: La señorita Julia, de Strindberg. El punto de partida fue qué hubiese pasado si el criado hubiera logrado sus propósitos. Lo que más me gusta del personaje es su ambición desmedida. Viene de abajo, del barro, y llega hasta arriba. Es un tipo malo, siniestro, con muchas debilidades, que ama a su mujer y quiere tener un hijo para perpetuarse porque, sin descendencia, no es nadie. Me gusta porque no es un malo tópico.
- El marqués es ambicioso ¿y usted?
- Todos los somos en el sentido de que queremos lo mejor. Otra cosa es que, como el personaje, todo fin justifique los medios. Esto es lo que nos distingue, porque para mí no todo es legítimo, tengo un código ético.
- En La señora, ¿está muy sujeto al guión o tiene libertad?
- Hay mucha libertad porque los directores no tienen miedo a perder su autoridad y son de los que quieren a los actores, les escuchan. Como hay varios directores, ellos confían en lo que hacemos porque somos muy fieles a los personajes.
- Acaban de ampliar el reparto ¿qué le parece la incorporación de Alberto San Juan?
- Un lujazo. Su personaje, El voluntario, es como el mío, un tipo lleno de clarososcuros.
- Hay profesionales que dependen de los accesorios del personaje ¿es usted de ellos?
- Sí. En mi caso son importantísimos los zapatos para saber cómo pisa, cómo se mueve. Muchos compañeros ven La señora y siempre me dicen el empaque que tiene, lo bien que está la ambientación y lo cuidado que está el vestuario, la peluquería...
- Y ¿cómo pisa el marqués?
- Muy fuerte, muy seguro.