san sebastián. DV. El Ayuntamiento va a eliminar de la vía pública en dos años 126 árboles en el marco de una «campaña de seguridad». No son árboles con riesgo inminente de caída, algunos podrían vivir años incluso décadas, pero Mantenimiento Urbano quiere evitar que se vuelvan a producir sucesos como el de la caída del olmo que el pasado 4 de marzo mató a un motorista que circulaba en ese momento por el paseo de Zorroaga.
La tala de árboles siempre es motivo de polémica en la ciudad porque nadie quiere ver el riesgo potencial que encierra un hermoso árbol que ha crecido durante décadas junto a su casa. Nadie se plantea que un día un temporal puede hacerlo caer. Pero esto sucede.
La sustitución de viejos ejemplares por nuevos retoños es una labor que se realiza en la ciudad desde hace años. Durante este 2008 ya se han talado 30 ejemplares de olmo siberiano, una especie que está en el punto de mira de muchos ayuntamientos, porque aunque la moda de su plantación se extendió hace cinco décadas hoy -cuando los árboles muestran todo su esplendor- se ha demostrado que no son los mejores árboles para desarrollarse en la trama urbana. Más bien todo lo contrario.
Una específica enfermedad que los seca por dentro, unas raíces superficiales, y las peculiares características de su madera los han colocado en la lista negra de muchos municipios. ¿Quiere esto decir que corro riesgo si vivo al lado de uno de estos ejemplares? La respuesta que dan los técnicos municipales es que no. Pero el mortal accidente ocurrido hace mes y medio en el paseo de Zorroaga es lo suficientemente serio como para no andarse con tonterías. «En Cristina Enea hay olmos de casi 100 años que los vamos a mantener, ¿por qué? porque su eventual caída no acarrea riesgos por la zona en la que están», explica el concejal Alberto Rodríguez.
Informe tras el accidente
En el paseo de Zorroaga se habían quitado este año, antes del desgraciado accidente, otros cinco olmos que se detectó que estaban en malas condiciones. No era el caso del árbol caído. Pero el suceso empujó al Departamento de Parques y Jardines a realizar un estudio más detallado sobre el arbolado en las principales arterias de la ciudad. ¿El objetivo? Eliminar riesgos y aumentar los parámetros de seguridad. En este documento aparecen 126 ejemplares que, por diferentes motivos, no reúnen las necesarias condiciones de fiabilidad para su mantenimiento en la vía pública. Se trata de olmos y tilos en su mayoría, que serán repuestos de forma inmediata.
El documento deja claras varias cuestiones: 1- «El envejecimiento estructural de los árboles ocurre antes en la parte subterránea que en la copa». 2- Según el prestigioso investigador francés Pierre Raimbault, «a partir de una edad, mueren y se pudren las raíces profundas del árbol, pudrición que se comunica desde abajo a la parte alta del tronco». 3- A partir de la madurez, el proceso de pudrición de las raíces de anclaje es progresivo y atenta contra la estática del árbol. 4- La pérdida de anclaje de un árbol es, pues, un fenómeno natural, asociado al envejecimiento.
Pero a efectos prácticos hay una quinta conclusión que es importante: este debilitamiento natural del árbol, al ser un proceso que se inicia bajo el suelo, «escapa a la inspección superficial». Es decir, que podemos ver un árbol con un magnífico porte y prestancia pero por dentro puede haber comenzado un debilitamiento por vejez que le puede llevar a caer.
Dentro de una escala de 10 niveles desde el nacimiento hasta la muerte de un árbol, los 126 árboles que se van sustituir estarían en la fase 7-8 denominada de «madurez avanzada».
Se seguirá un protocolo
La sustitución de estos árboles se realizará siguiendo un protocolo que, afirman desde el departamento de Parques y Jardines, «se cumplirá a rajatabla» y que permitirá dar respuesta a los ciudadanos de los motivos de la actuación en cada caso. Este protocolo incluye una identificación de cada árbol, su fotografía, el registro de altura y diámetro de tronco, la fotografía y medición de los defectos estructurales observables y la aplicación, cuando haya dudas, del resistógrafo. Se trata de un taladro con una broca muy fina que se aplica a la base del tronco y que registra en un papel la dureza de las diferentes capas. En definitiva, muestra si ha comenzado a pudrirse por dentro o no.
Estos árboles problemáticos se distribuyen por casi todos los barrios y son ejemplares normalmente de bastante edad, que presentan ya los primeros síntomas de decadencia o tienen una inclinación inquietante, como el olmo que se ha derribado esta semana en el lateral del Astoria, primer ejemplar que se suprime dentro de esta campaña de seguridad.
El plan se prolongará dos años y su coste estimativo rondará los 200.000 euros. Los ejemplares que les sustituirán serán también de especies variadas, dependiendo de la zona en la que vayan a crecer: arces, falsos cerezos, manzanos son los que se están plantando últimamente. Son retoños de 5, 6 o 7 años de edad que tienen su carnet fitosanitario.
«El objetivo es contar a medio y largo plazo con una masa arbórea sostenible, con ejemplares que se adapten a la ciudad de hoy en día, que no es la de hace 50 años cuando no había ni la mitad de tuberías y conducciones en el subsuelo», indicó Alberto Rodríguez.