Los parques están habitados cada tarde por madres que han empezado a contemplar en el espejo sus primeras canas al tiempo que se ejercitan también por primera vez en las maniobras con un cochecito de niño. En la puerta del colegio, se agolpan las mujeres que han llegado a la carrera de la oficina para recoger a sus hijos. Algunas han de hacerlo necesariamente porque no tienen pareja con la que repartir las tareas domésticas. En la breve tertulia con la que amenizan su espera, se escuchan muchos, cada vez más, acentos extranjeros. Son las nuevas madres: mayores, ocupadas profesionalmente, estresadas a veces hasta el límite de su resistencia... y en muchos casos solteras o inmigrantes.
Las mujeres que han dado a luz en este comienzo de siglo viven la maternidad en condiciones muy distintas de las que conocieron sus propias madres, treinta años antes. Muy distintas y en muchos aspectos más difíciles porque el concepto de familia es hoy mucho más complejo que antes y compatibilizar vida profesional y personal sigue siendo complicado. En algunas profesiones, casi una tarea heroica. Así son las madres actuales y así eran en la generación de las abuelas de esos mismos niños.
EDAD Y DESCENDENCIA
Primerizas en la treintena
Una madre de hoy ha tenido su primer hijo, por término medio, entre cuatro y cinco años más tarde que su progenitora. Algo que está cambiando de forma radical muchos conceptos. A la edad a la que ahora una joven se dispone a quedarse embarazada por vez primera, su madre criaba ya a sus dos primeros hijos. De hecho, la treintena es la etapa elegida por las mujeres en este momento para tener descendencia. Seis de cada diez niños que nacen hoy en España tienen una madre de entre 30 y 39 años.
Muchas de ellas recibirán esta mañana su regalo del Día de la Madre de manos de una sola criatura entre emocionada y sorprendida. En la generación de los treintañeros, la familia típica es la que se compone de la pareja y un único hijo.
De hecho, por cada mujer corresponden hoy sólo un promedio de 1,36 niños. Justo la mitad de las cifras que se registraban hace treinta años. Al principio de la Transición, cuando nacieron las madres de hoy, la media era de 2,8 hijos por cada mujer. Puede parecer mucho en estos momentos, pero se había dado ya una fuerte caída con respecto a una década antes.
Una regla de aplicación universal en este comienzo de siglo es la siguiente: cuantos más estudios y una ocupación mejor remunerada tiene la mujer, más retrasará la maternidad y menos hijos tendrá.
Entre las que dan a luz por primera vez bordeando los 40 (en general, será por primera y única vez), abundan las mujeres con estudios universitarios terminados y puestos relevantes en la empresa o una brillante trayectoria en una profesión liberal.
ACTIVAS Y MUY BIEN FORMADAS
La difícil compatibilización
Los niños de esta nueva generación tienen los progenitores mejor formados de la historia. Muy especialmente, las madres más cultas que han existido nunca. Más de una tercera parte de las mujeres de entre veinticinco y cincuenta años tienen estudios superiores, aunque no los hayan concluido. Tres décadas atrás, no llegaban al 10%.
Esa formación tiene un reflejo directo en su presencia en el mercado laboral. Hoy, el 56,3% de las parturientas tiene un empleo. Son pocas, muy pocas, las que lo dejan para atender a sus hijos. Hace treinta años, apenas una de cada cuatro madres trabajaba fuera de casa y la tasa de abandono laboral al llegar a la maternidad era muy alta.
Las cifras actuales, sin embargo, se consiguen a un precio muy elevado: el de una difícil, estresante y a veces un punto caótica compatibilización entre vida profesional y familiar. Las sucesivas medidas adoptadas por la Administración han podido ayudar algo, pero el problema sigue ahí.
También su derivada, ya puesta de relieve por los sociólogos que estudian a los jóvenes: buena parte de la educación de los más pequeños recae hoy en personas contratadas para acompañarlos en casa hasta la hora a la que llegan sus padres. Lo cual no es en absoluto inocuo. Otras veces, son los abuelos los encargados de esa tarea.
Las madres del principio de la Transición vuelven a ejercer hoy de tales, aunque en este caso con sus nietos. Una ayuda de la que no gozarán dentro de unos años las niñas de este 2008 porque sus madres estarán aún en el trabajo cuando ellas den a luz a sus bebés.
EMPAREJADAS, NO CASADAS
El avance de las madres solteras
El 28% de las mujeres están solteras en el momento de dar a luz. Algo excepcional en la generación de sus madres. Tras la muerte de Franco, algo menos del 2% de los hijos eran extramatrimoniales. La liberalización de las costumbres y la ley del divorcio han cambiado radicalmente el panorama. No sólo se trata de que el número de madres solteras crezca de manera ininterrumpida -y la sociedad lo vea con total normalidad-, sino también de que aumenta sin parar el número de madres solas.
Hoy, por cada dos familias formadas por una pareja y un único hijo, hay otra compuesta por una madre y su descendencia. Las que se casan lo hacen mucho más tarde. Exactamente seis años y medio más tarde que hace tres décadas.
También ha aumentado en ese período (aunque desde hace tres años las cifras están en descenso) el número de adopciones. A finales de los 70, su porcentaje respecto del número de nacimientos era matemáticamente despreciable. Hoy apenas hay una adopción por cada cien nacimientos. Casi nueve de cada diez de ellas se realizan fuera de España.
Otro elemento de dificultad en un entorno familiar en el que, debido sobre todo al fuerte aumento del número de divorcios, muchas mujeres han de hacer frente a la gestión de una familia reconstituida en la que sus hijos conviven con un adulto que no es su padre y a veces, o por temporadas, con otros niños que no son sus hermanos.
Una relación compleja y nunca fácil de conducir. Esas madres celebrarán hoy su fiesta, en la mayor parte de los casos trabajando más en la cocina.