nueva york. DV. Una de cal y otra de arena. Es la nueva manera de actuar del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Mientras el pasado jueves el mandatario exigió al Congreso la aprobación de una partida de 770 millones de dólares (495 millones de euros) para paliar los efectos de la crisis alimenticia que se vive en algunos puntos del planeta, también envió a los legisladores un detallado informe para conseguir 70.000 millones de dólares (45.000 millones de euros) que logren financiar los costes de la guerra en Irak y Afganistán hasta la próxima primavera.
Todo un detalle por parte de Bush, que si consigue el visto bueno otorgará unos meses de respiro a su sustituto en la Casa Blanca antes de tener que imponer una nueva política en lo que a ambos conflictos bélicos se refiere. Sin embargo, el presidente urgió a los miembros de la Cámara baja a dar luz verde a una partida de dinero para aliviar la descomunal escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo. Una treta muy bien pensada dado que los 495 millones de euros, que irían principalmente a ayudar a países africanos, se incluyen dentro del presupuesto bélico de los países árabes, una forma de digerir mejor el descomunal coste de la maraña en Irak.
Aparición sorpresa
Durante una aparición sorpresa en el Capitolio, Bush aseguró que «en algunas de las naciones más pobres, la subida en el precio de los alimentos puede suponer la diferencia de tener una comida diaria o sobrevivir sin nada en el estómago». Además, añadió que «los ciudadanos americanos son compasivos y generosos, por eso estamos mandando un claro mensaje al mundo de que América liderará la lucha contra el hambre en los próximos años». Esta nueva petición se suma a los 126 millones de euros que Bush destinó a ayuda alimentaria hace dos semanas y no está vinculada a otra petición pendiente de ser aprobada para conseguir otra remesa de 225 millones para el fondo de emergencia de alimentos.
Aunque los congresistas optaran por avalar la solicitud de Bush, los 495 millones de euros no serían distribuidos hasta el próximo 1 de octubre, ya que las peticiones forman parte de las cuentas para 2009. Pese a este detalle, el máximo director de presupuestos, Stephen McMillin, comentó que la iniciativa del presidente ayudará a «mejorar la habilidad de los países en desarrollo para alimentarse a sí mismos».
El lado humano del presidente, sin embargo, ha quedado eclipsado por la petición de 45.000 millones de euros para financiar sus aventuras bélicas en Irak y Afganistán. Si se llegase a aceptar, los gastos totales de la guerra antiterrorista, desde los ataques en 2001, alcanzarían los 563.000 millones de euros.
El grueso de los nuevos fondos, 29.000 millones de euros, serían para operaciones de combate. También hay 1.900 millones para lidiar con las bombas callejeras y 1.300 para hacer frente a los costes de los combustibles.