
HOSPITALET. dv. Un choque de locos, quizás no muy ortodoxo para el purista pero ideal para seguir con un regusto dulce. Fue casi un ensayo general de la amalgama de emociones que se vivirá en pocos días. El Bruesa cerró la noche con una sonrisa plena en su rostro tras forzar la prórroga con un triple a tabla en posición acrobática de Schraeder. Lo que vino después fue un monólogo del Bruesa ante un Hospitalet sin pívots que no pudo parar a la pareja interior Arteaga-Panko. Lecturas, muchas, pero que el Bruesa sea capaz de agarrarse a la pista, con trabajo y argumentos, dice mucho a su favor a tres semanas vista del play off. Porque si algo hace falta en esos partidos será tirar de colectivo cuando pintan bastos. Otra lectura: que mientras el Bruesa tiró del fondo de armario, el plantel local encomendó su suerte a Ibaka. El partido cambió cuando éste fue eliminado con faltas. Serge Ibaka condicionó el arranque del partido y todo lo que vino después. Envió al banco cómo y cuando quiso -también con una manita de los árbitros- al jugador del Bruesa que mejor se ajusta a su estilo de juego. La pronta tercera personal de Faverani constituyó el primer punto de inflexión. Suficiente para meter el miedo en el cuerpo. Limitados de personal por decisión táctica y de pizarra, el Bruesa se vio en la obligación de modificar su paso. Salió Doblas. Le duró dos minutos. Dos faltas y vuelta al banco. Así que Laso tiró del último cinco que le quedaba. Arteaga se echó encima del congoleño. Le dejó recibir de espaldas, pero nada de girarse. El Bruesa se liberó. Mantuvo la compostura y la fe. Lejos quedaba la renta que había conseguido con Faverani en pista (6-14), pero al menos Ibaka encontraba -ahora sí- los problemas que puede tener alguien que está dos escalones por encima. Hospitalet no se arrugó. Éstos, irreverentes, bendecidos por la musa del talento, disciplinados incluso y siempre ambiciosos mandaron el primer aviso. Un parcial de 10-2 (16-16, m.8) confirmó que iban en serio. Uriz no estaba entonado y Panko no hallaba el camino. Problema a la vista. Con el veredicto en el aire y diez minutos por disputarse hasta el descanso, los de Pablo Laso sí dieron la talla. No se defendió con demasiado rigor, pero fue el Hospitalet el que más lo acusó, en parte porque no supo cómo frenar a Panko cada vez que pisaba la línea de fondo y porque los rebotes empezaban a ser para el Bruesa. Arteaga se imponía también en ataque. Si a eso se le añaden las sucesivas trampas de Laso... Era lógico pensar que la puesta en escena de los jugadores de banquillo debía poner fin a un partido igualado en el segundo cuarto, pero que terminó no se sabe muy bien cómo con ventaja para el Hospitalet tras un parcial final de 5-1. Bueno sí se sabe cómo. Lo de siempre. Ibaka se enchufó y enlazó dos tapones que permitieron correr a los suyos. El choque se había enmarañado. Cada posesión exigía un esfuerzo absoluto. Físico y mental. Ni que decir para el Hospitalet. Tenía que notarse.
Y el Bruesa defiende...
Y se notó, aunque hubo que esperar a que el Hospitalet alcanzara la máxima ventaja nada más volver de vestuarios (41-48). La cita exigía responsabilidad, y el Bruesa la desplegó en el grado adecuado. En el momento adecuado. Tras el descanso. El interés colectivo supuso un impulso extra para no ceder ante el posible despertar de un equipo ahogado por su situación clasificatoria. La transformación fue inmediata. Defensa dura, castigo para los interiores -Ibaka ya no hacía tanto daño- y a correr. El Hospitalet, mientras, con su mira telescópica truncada. Dudando a la hora de apretar el gatillo, pero todavía logró que el partido se decidiera al final. Pasó a dominar (84-81, m.39), pero no fue suficiente. El Bruesa tuvo las ideas claras y el acierto de Schraeder. Vale para seguir segundo.