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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 septiembre 2008

Tolosa Goierri

TOLOSA
Los niños también quieren masajes
Hirukide Gainberri propuso este curso a los padres con hijos de 0 a 3 años unas sesiones para facilitar la comunicación con los niños, como tumbarse en el suelo y acariciarles

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Los niños también quieren masajes
El grupo de padres con hijos de 1 a 2 años, junto al psicoterapeuta José Ramón Mauduit jugaban y masajeaban a los niños sobre las colchonetas dispuestas en el aula. [CALLEJA]
TOLOSA DV. El contacto como una de las primeras experiencias de comunicación entre padres e hijos. Bajo esta premisa se iniciaba una de las sesiones que han recibido este curso los padres con hijos de 0 a 3 años en Hirukide Gainberri. Las sesiones que ofrecía el psicoterapeuta especialista en prevención primaria y comunitaria, José Ramón Mauduit, que hablaba a los padres sobre cómo entender mejor a sus pequeños y en concreto, en una de las clases, les enseñaba a dar masajes a los niños, como punto de comunicación que trabaja los lazos afectivos y ayuda al desarrollo del cuerpo del bebé así como a su motricidad. Éstos se dan de una manera muy diferente a la que estamos acostumbrados: juegos, abrazos y caricias son la base de estos masajes.
La sesión comenzaba con la presentación de los padres sentados en círculo sobre unas colchonetas. Debía ser la costumbre, porque a pesar de que los niños se dedicaban a jugar con el tambor, con el carrito, con la rana que habla y a corretear por todo el aula, los padres eran capaces de entenderse y de atender al psicoterapeuta. Así, se presentaban, explicaban cómo fue el embarazo, el parto, así como los primeros meses de vida del niño.
Quien más quien menos, todos han atravesado alguna complicación, y en todos los casos se ha perdido algo de confianza desde el momento en que la mujer acude al ginecólogo o al hospital, lugares que les hace perder su tranquilidad. Volver a recuperarla no es fácil, según explicaba el psicólogo, pero iniciar una buena comunicación con el hijo y una buena base de convivencia, es el primer paso para lograrlo. Además, es el momento en que los niños están colocando su cuerpo, deben ajustar la columna, equilibrar su peso y aprender a gestionar sus movimientos. «Debemos intervenir a través del contacto, la palabra y los gestos, que suponen el primer acercamiento, y que son beneficiosos para ambas partes», decía José Ramón Mauduit.
Jugar a los masajes
Antonio Sánchez, padre de Mikel, formó parte de este grupo. Comentó que «es la primera sesión que recibimos en cuestión de masajes, pero llevamos 15 días dando charlas sobre la relación entre padres e hijos. Lo que nos explica el psicoterapeuta es que nosotros debemos entrar en el terreno de los niños y no al revés, porque no se trata de que se queden quietos. Tenemos que tumbarnos en el suelo con ellos para jugar, acariciarlos incluso cantarles algo para que se tranquilicen. Así trabajamos por el bienestar del niño».
Fue el psicólogo el primero en tumbarse boca arriba y coger a una de las niñas. La balanceaba con los brazos, con las rodillas, le cantaba... pero qué duda cabe que cuando pasó a los brazos de su madre se encontraba mucho más tranquila y entonces sí que se reía de verdad. El resto de madres fueron haciendo lo mismo. Mientras tanto, el psicoterapeuta iba explicando algunas pautas a seguir: «es importante primero jugar y según va cogiendo confianza, le tocaremos la cabeza, la nuca y las piernas hasta llegar a los pies que es la parte del cuerpo que más tensiones acumula. Esta parte del masaje es muy importante para que el asentamiento del niño sobre el suelo sea óptimo».
«Es importante que los padres se tumben porque deben estar relajados y sobre todo porque los niños lo perciben. Al llegar a casa hay que olvidarse del stress, crear buena atmósfera y reservar en el hogar un espacio para ello», seguía explicando José Ramón, que insistía en que el suelo es el lugar idóneo para ello: «Los adultos vivimos de silla para arriba, pero el suelo es mucho más importante de lo que pensamos. Es lo natural y el lugar donde se asienta el niño, por lo que debe sentirse confiado en él y no debemos obligarles a vivir a nuestro nivel».
Y ésta era precisamente una de las respuestas a la pregunta que formuló Idoia, una de las madres que tomaron parte en la sesión, que se desarrolló durante el primer trimestre del curso escolar y que se repetirá en el futuro dada su aceptación. «A mi hija le cuesta dormir en la cuna y antes de acostarla la tengo que meter en la sillita». El psicoterapeuta aludió a la importancia de relacionarse en el suelo para que no se sienta extraña.
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